Alberto Fernández, el candidato a presidente del peronismo y favorito para alzarse con la victoria en las elecciones presidenciales del 27 de octubre, volverá hoy a pisar tierra mendocina cuando, alrededor de las 14.30, su avión aterrice en el aeropuerto de El Plumerillo, en Las Heras. De inmediato se trasladará hacia una bodega en Luján y allí presidirá un acto de campaña junto con gobernadores y candidatos del peronismo, todos secundando a Anabel Fernández Sagasti, la esperanza peronista que buscará hacer una buena elección el domingo y, en lo posible, ganarle el control institucional de la provincia a Cambia Mendoza, que con Rodolfo Suarez marcha arriba en las preferencias electorales, de acuerdo con las últimas encuestas difundidas.
La movida de Fernández en Mendoza será la más importante de todas las que ha llevado adelante en medio de la campaña nacional. La última, que se compara con la que se prepara para hoy en Luján, se protagonizó en Rosario el 7 de agosto, cuando el candidato peronista firmó un acta-compromiso con todos los candidatos a gobernadores del espacio, logrando, además, aquella foto de la unidad peronista a días de que se celebraran las PASO del 11 de agosto que resultaron ser determinantes para la vida política y económica del país. Desde ese día en adelante, como se sabe, todas las variables de la economía, en especial las financieras, se desmadraron, como el dólar y el riesgo país, y obligaron al presidente Mauricio Macri a implementar esa serie de medidas de emergencia que trastocaron, incluso, los ingresos coparticipables de las provincias. El mercado y la mayoría de los argentinos han dado por sentado, desde esas Primarias, que el futuro de Macri está sentenciado y que el 10 de diciembre, un opositor, en este caso, Fernández, ocupará su lugar en la Presidencia.
Fernández, para apuntalar las chances de Anabel, ha prometido poner todo lo que tiene disponible para convencer a los mendocinos de que tienen que votar por quien ha sido y es la hija política dilecta de Cristina Fernández de Kirchner, la compañera de fórmula de Alberto. Para eso llega hoy con Gerardo Zamora, el gobernador de Santiago del Estero; Juan Manzur, de Tucumán; Axel Kicillof, el candidato del kirchnerismo a la Gobernación en Buenos Aires; Matías Lammens, el postulante K en la Ciudad de Buenos Aires; Sergio Oso Leavy, el candidato a gobernador en Salta; Domingo Peppo, del Chaco; Gustavo Bordet, de Entre Ríos; Alberto Rodríguez Saá, de San Luis; Sergio Uñac, de San Juan; Sergio Casas, de La Rioja; Gildo Insfrán, de Formosa; Alejandra Rodenas, por Santa Fe, la diputada nacional que llegará en representación del gobernador Omar Perotti, y Gustavo Melella, el gobernador de Tierra del Fuego, mientras que por Misiones podría visitar la provincia Oscar Herrera Ahuad, el actual vicegobernador, o el candidato a diputado nacional por esa provincia Ricardo Welbach.
De acuerdo con lo que tienen previsto los organizadores de este acto de campaña, la reunión pública en apoyo de Fernández Sagasti tendrá una duración de unos cuarenta minutos, aproximadamente, y será televisada para todo el país para los canales y medios electrónicas que quieran tomarla. Luego, Fernández se recluirá con los gobernadores y los candidatos para llevar adelante una reunión de carácter privado. Por la noche, afirman, regresará a Buenos Aires.
La movida peronista viene acompañada de la trascendencia pública que tomó un posible anuncio de campaña de Fernández que ha generado una expectativa inusitada, porque se entiende que lo que anuncie el candidato se transformará en una de las ideas fuerza de su campaña nacional. El kirchnerismo mendocino, sus dirigentes, los que están más cercanos a Anabel, juran no saber qué dirá Fernández durante el acto. De acuerdo con las versiones que circularon durante el fin de semana en Buenos Aires, se habla de que Fernández anunciará que si llega a la Presidencia, llevará adelante un estilo de conducción nacional netamente federal, que se traducirá en reuniones mensuales con todo su gabinete en alguna de las provincias argentinas. Las publicaciones, no confirmadas por nadie, sostienen que el eventual presidente pasará dos o tres días en la provincia elegida, en su capital o en alguna de las ciudades más importantes, para ocuparse de los temas locales. Hoy se verá, en definitiva, si es así.
Mendoza es uno de los tres distritos nacionales a los que el peronismo les ha dedicado especial atención. Los otros son la Ciudad de Buenos Aires y la provincia de Córdoba. En Mendoza, las encuestas sostienen que marcha arriba el candidato de oficialismo, Rodolfo Suarez. En los sondeos propios del peronismo, la diferencia a favor de Suarez sería de cuatro o cinco puntos, no más. En los que tiene el oficialismo, esa diferencia a favor de su candidato se eleva a once puntos.
Para Anabel Fernández Sagasti, el acto de hoy será la carta más fuerte que tiene para jugar hacia el domingo. Se esperanza en que el clima de cambio que corre a nivel nacional también se instale en Mendoza. Por el momento, sus propuestas y promesas de campaña no han tenido el resultado que esperaban, aunque le han permitido mejorar algunos puntos, achicando, en parte la diferencia con Suarez. La derrota en San Martín golpeó su campaña, luego del envión que había conseguido con el triunfo de Fernández por sobre Mauricio Macri en las PASO del 11 de agosto. Por eso, la visita de Fernández es más que trascendente. El peronismo, en verdad, no sólo pone en juego la posibilidad de ganarle al oficialismo nacional una nueva provincia en su avance arrollador en todo el país. El peronismo mendocino, particularmente, se juega en la elección del domingo buena parte de su trascendencia en el escenario nacional y su nivel de influencia que pueda llegar a tener en un eventual gobierno de Fernández. Si gana Anabel, está todo dicho. Su figura brillará entre las más notables de la administración de los Fernández; si pierde por poco, cinco o seis puntos, el peronismo mendocino será reconocido por hacer una buena elección en un distrito fuerte de Cambiemos; si pierde por más de diez puntos, es probable que su derrotero en el escenario nacional sea, en buen romance, algo intrascendente.
