O yo tengo un imán para la gente carenciada, o los que se salvan no quieren hablar conmigo. Ustedes saben que la televisión es poderosa y, por lo tanto, mi cara es una cara conocida, podría ser un poco más atractiva y menos conocida, pero, bueno, es lo que hay. Por lo tanto, la gente se me acerca a comentarme sus opiniones, sus quejas, a veces tira alguna felicitación, otras veces me critica cara a cara, cosa que me parece muy justa, y por ahí me comenta problemas de su entorno que yo escucho pero no puedo resolver. 

Bueno, en realidad, yo no puedo resolver nada, a lo sumo puedo pedir que los que están en condiciones de resolver, resuelvan. 

Decía lo que decía al comienzo, porque la mayoría de la gente que se me acerca no está bien, la  mayoría de la gente me dice: “No me alcanza”. El “no me alcanza” tiene que ver con el dinero. No me hacen falta estadísticas para eso ni que el Indec me mienta con sus cifras, yo lo puedo palpar todos los días con la gente que se me acerca. 

Y eso que yo ando por el centro, mezclado con miles de personas que acceden a este lugar de privilegio de la ciudad. ¿Qué me dirían en los departamentos alejados? ¿Qué me dirían en el campo, los peones, los viñateros humildes, hasta los pequeños productores? ¿Qué me dirían los habitantes de los barrios de las afueras, la mayoría de ellos de los llamados barrios carenciados, para no decirles pobres, que es un término que no le gusta a la oligarquía? ¿Qué me dirían? A ellos no solamente no les alcanza para llegar a fin de mes, no les alcanza ni para empezar el mes. En realidad, ¿está mejor nuestro país? A ver, hay índices económicos que parecerían indicar que sí. Nosotros mismos, a piel de pueblo, podemos sentir que esto que vivimos es mejor que lo que vivimos con la hiperinflación de Alfonsín, con la Menemciatura o con los grises días del gobierno del Mermando De la Rúa, pero el pueblo, el pueblo llano, ese que mezcla impotencias de barrios con paredes de nailon y una clase media que parece ser clase cuarta, ¿está viviendo mejor? El “no me alcanza” es elocuente.

El bolsillo sabe más que las estadísticas, en el supermercado se nota que los changuitos cargan más nada que todo, en la heladera hay cada vez más espacio. Que un país esté mejor significa que todos vivan mejor. En un país de trabajo es imperioso que todos tengan trabajo. En un país poderoso como este, poderoso por su potencialidad, por sus posibilidades, por su territorio, ¿estamos mejor si hay hambre? La gente me para por la calle y me dice: “No me alcanza”. Y yo pienso, no es que nos falte sueldo, nos sobra mes.