Buenos días, a pesar de todo. Creo yo que, después de Cristina y de Moyano, Aníbal Fernández es uno de los personajes más notorios de la política argentina. Fue jefe de Gabinete de la señora, y ahora es senador nacional. Lo que siempre lo caracterizó fue su nivel de confrontación. Los gobiernos siempre se valen de decidores, de contestadores, Jaque, en nuestra provincia, intentó imponer los aplaudidores, no tuvo suerte, los silbadores eran muchos más.

    Es decir, todo gobierno necesita a alguien que salga a confrontar con la palabra, con los gestos, cosa que no puede hacer el gobierno. ¿Se acuerdan de Corach? Perdón si les acerco un mal recuerdo, pero, bueno, Corach era para Menem lo que Aníbal Fernández fue y sigue siendo para Cristina. Nunca tuvo límite para sus ataques o para sus defensas, siempre fue al frente. Termina de decirle charlatán de feria a Moyano, en el 2010 le dijo a la conductora de televisión Mirtha Legrand, inculta, maleducada, ignorante, y obsecuente con los dueños de su canal.

    ¡Vamos, Fernández, no creo que la conozca tanto a la señora! Cuando Redrado se enfrentó al gobierno desde el Banco Central, Fernández dijo de él: “Estamos en presencia de un señor que se cree el ombligo del mundo y es una falta de respeto a los argentinos”. En el 2011 expresó que Vargas Llosa dice estupideces. La señora Carrió no tiene los patitos en fila. Macri es vago, vivió toda su vida de Franco. ¿No me digan que no es ingenioso? La marchita peronista que se la metan en el culo.

    ¡Ojo!, lo dijo él. Cuando era Duhaldista, porque lo fue, dijo que las discusiones entre Chiche Duhalde y Cristina Kirchner eran discusiones de alta peluquería. De Felipe Solá, expresó: “Es capaz de traicionar a la madre”. O sea, es un desbocado el muchacho. La emprende con todos y contra todos, pero siempre ha sido un vocero calificado del gobierno.

    Pues bien, se descubrió que este señor, acérrimo cristinista eventual, tiene ahorros en dólares. Cuando le preguntaron por qué tenía ahorros en dólares, contestó: “Porque se me antoja, es mi derecho, hago lo que quiero con mi plata”. Estoy totalmente de acuerdo con usted, Fernández, pero ese derecho que usted se atribuye es también de todos los argentinos, aunque no se llamen Fernández y aunque no tengan el bigote de Groucho Marx. ¿Usted escribió el libro Zonceras argentinas y otras yerbas, ¿no? ¿Por qué no incluye en el libro su propio ejemplo?