Cada 11 de septiembre, el Día del Maestro invita a recordar a esas personas que dejaron una huella que va mucho más allá del aula. En Mendoza, un grupo de exalumnos mantiene desde hace décadas un vínculo con Elisa Fraguglia, la docente que los acompañó durante buena parte de su primaria y a quien todavía llaman, con el mismo cariño de entonces, “la seño”.
Elisa cumplió 90 años este año y sus alumnos volvieron a reunirse para celebrarla. Aunque sus vidas tomaron distintos caminos, hay algo que permanece intacto: cuando están con ella, siguen siendo aquellos chicos que compartieron el aula en la década del 70.


“Ese romance es la respuesta de la vida a mi actuación como ser humano. Es la fuerza que me impulsa a vivir, a soñar. Es el sol que alumbra mi ocaso”, expresó Elisa al hablar de ese vínculo.
Una historia que nació en el aula
La historia comenzó en la Escuela Carlos Norberto Vergara, de Ciudad. Elisa conoció a sus alumnos cuando estaban en segundo grado y permaneció con ellos hasta séptimo, una experiencia poco habitual para la época, ya que el grupo avanzó junto durante toda la primaria en el marco de un proyecto educativo.
Pero la relación no se limitó a las horas de clase. La docente organizaba actividades y salidas que reunían a los chicos y sus familias, y convirtió el aprendizaje en una experiencia que trascendía los contenidos escolares.
“Creo que lo que nos marcó para siempre fue la forma en que nos trató y nos enseñó. No solo nos dio conocimientos, sino también cariño, paciencia y confianza”, contó Adriana.

Para ella, esos recuerdos siguen tan presentes como cuando era niña. “Esos afectos que se siembran cuando somos chicos son los más fuertes, los que no se borran con el tiempo”, sostuvo.
Enseñanzas que quedaron para toda la vida
En el aula, Elisa combinaba la exigencia con una manera de enseñar que sus alumnos recuerdan como cercana y creativa. Las matemáticas, los dictados y los juegos didácticos quedaron entre las escenas que, más de medio siglo después, todavía pueden reconstruir.
Roberto recordó especialmente los ejercicios de ortografía, en los que debían estudiar el diccionario y escribir correctamente las palabras que pronunciaba la maestra. Para él, aquella práctica no quedó en la escuela, sino que se convirtió en una herramienta que todavía valora en su trabajo.


También recordó el modo en que Elisa acompañaba a quienes necesitaban reforzar algún tema, con tardes de estudio en su casa que combinaban el repaso con un momento compartido.
Jeffrey, otro de sus exalumnos, conserva escenas similares. Al escuchar el nombre de Elisa, vuelve a los paseos en bicicleta, los recreos y los juegos que compartían en la escuela: “Al juntarnos volvemos a los años 70”, resumió.
Y es que, para él, el vínculo no puede reducirse a una anécdota o a un recuerdo puntual. Elisa fue, y sigue siendo, una parte importante de sus vidas.
La maestra mendocina que sigue reuniéndose con sus alumnos después de casi 60 años
Cada 11 de septiembre, el Día del Maestro invita a recordar a esas personas que dejaron una huella que va mucho más allá del aula. En Mendoza, un grupo de exalumnos mantiene desde hace décadas un vínculo con Elisa Fraguglia, la…
El cariño que el tiempo no borró
Con los años, el grupo retomó el contacto y las reuniones se transformaron en una tradición. Elisa continúa presente en sus vidas y, según contó Roberto, todavía les envía todos los días sus mensajes de buenos días por WhatsApp.
La docente, por su parte, asegura que sus exalumnos siguen siendo una de las grandes alegrías de su vida. Los recuerda como un grupo disciplinado y estudioso, pero también como niños con los que pudo compartir experiencias que fueron más allá de los contenidos escolares.

A sus 90 años, Elisa mira ese recorrido con gratitud. Si pudiera volver a encontrarse con sus alumnos como cuando eran chicos, les diría que los ama profundamente, que caminen en la verdad, que no pierdan de vista la ley de Dios y que amen a toda la creación.
“Me siento feliz rodeada de sus presencias, que iluminan mi otoño y lo embellecen con la luz de sus corazones. No me canso de darle gracias a Dios, que me permitió caminar junto a ellos en este, a veces, complicado camino de la vida”, expresó.
Esta es una historia entre miles, pero vuelve a poner en evidencia algo que muchas veces se descubre con el paso del tiempo: un maestro no solo transmite conocimientos durante una etapa de la vida. Muchas veces, también ayuda a formar a las personas que sus alumnos serán después.
Y quizás por eso, cuando Jeffrey intentó resumir todo lo que Elisa significa para ellos, no encontró una explicación más precisa.
“Tanto para decir… que mejor decir ‘es nuestra seño’”.
