El gobierno de Mauricio Macri se dispuso a recobrar la competitividad de cara a las elecciones de octubre, dejando de lado su pensamiento y su filosofía económica ortodoxa por la heterodoxia de forma literal. Esa marea de votos que nadie vio venir en su contra y que han sido cosechados por una oposición que hizo y seguirá haciendo campaña hacia octubre en favor de un sistema basado en el Estado de bienestar, fue lo suficientemente impactante como hacer el giro.

En el pasado reciente ni la UCR ni la inefable Lilita Carrió ni los más políticos del gabinete o cercanos al núcleo duro en el que se mueve Macri lo habían persuadido de alentar un programa de emergencia de contención y de salvataje para los que quedarían tendidos en el campo, víctimas, como producto del ajuste feroz y salvaje que le imprimió a las cuentas públicas.

La historia argentina, por otro lado, ha demostrado que nadie que pretenda transformar y modificar el Estado, sus cuentas, buscando el equilibrio fiscal y el famoso objetivo del déficit cero, logrará alegremente un triunfo en las urnas. Por el contrario, los sectores medios, los más perjudicados, castigan esas políticas sistemáticamente porque siempre han sido los que han llevado todo el peso de las reformas. Y las castigan aún más cuando, además de evidenciarse que son los únicos que pagan el pato de la boda, no hay para ellos ni siquiera postas de atención que les alivien las heridas.

El giro copernicano de Macri que fue mostrado el miércoles, continuó ayer y es probable que siga por unos días más. Las primeras medidas de emergencia, anunciadas para evitar un estallido social de magnitud y también, claro está, para intentar reconciliarse con el electorado que le votó en contra, habían dejado fuera a sectores sensibles.

No hubo anuncios para los jubilados y tampoco se han hecho visibles, al menos hasta ahora. Pero, nadie los descarta. Pero, el jueves, Macri, en esa dirección de ir por todo, de dejar de lado sus convicciones, su filosofía y hasta la compostura, ordenó congelar las cuotas de los créditos hipotecarios UVA y la eliminación temporal del IVA para los productos de consumo de primera necesidad, como anunciara en persona a través de un mensaje de un minuto que grabó y difundió vía redes sociales cuando se cumplían las 18.30. Y, al no llegar a un acuerdo con las petroleras para congelar el precio de los combustibles por noventa días, lo asumió de facto y con el poder que todavía le otorga la birome con la que se firman los decretos: el congelamiento se impondrá aplicando la Ley de Abastecimiento, lo que significa dejar de lado la famosa liberalización de los precios del sector que había implementado Juan José Aranguren, el primero de sus ministros del área.

Como era de esperar, el diálogo telefónico de Macri con Alberto Fernández, convocando ambos a la paz social en medio del incendio y los dichos posteriores del ganador de las PASO sobre que un valor de 60 pesos por dólar configura un precio razonable de la moneda norteamericana cambiaron el clima. Los mercados se tranquilizaron: bajó el dólar y el riesgo país retrocedió 11 por ciento.

Por supuesto que a Fernández le preocupa el estado del país que recibirá en diciembre si la elección de octubre confirma lo sucedido el fin de semana pasado. En principio, con Macri habría pactado la custodia de las reservas del Banco Central.

En algún momento, entre el lunes y el miércoles, bien pudo haber dudado del futuro de las mismas, cuando se aceleró el avance de una crisis espiralada e indomable. Por eso es que uno de los aspectos que debió haber acordado con Macri debe haber sido evitar la tentación de un gobierno de echarles mano a las reservas para sostener el valor del dólar y también, claro está, un plan de medidas de neto corte social mucho más amplio y abarcativo de todo lo que ya ha sido dicho y anunciado.

El tema central de la política y, sobre todo, del Gobierno, es mantener la estabilidad social y evitar una crisis mayor en lo que ya se ha transformado en una suerte de transición institucional, aunque al propio Gobierno le cueste convencerse de ello. Nadie le va a sacar a la administración comandada por Macri su esperanza de revertir el resultado electoral aplastante que recibió el domingo.

Pero, la relativa calma conseguida fue porque quien ejerce el poder político hoy, Alberto Fernández, actuó con la moderación necesaria para que eso sucediese. Y, desde ya, que acompaña ese proceso y hace un aporte incalculable todo lo que el mismo Ejecutivo viene anunciando, aun en contra de su voluntad y de forma tardía.

También ha estado claro que, por el espanto que le produjo la elección del domingo, la administración dejó de mirar los mercados para concentrarse en lo que subestimó fronteras dentro del país. Y, frente a lo que viene, como otras de las consecuencias políticas que deberá enfrentar, es más que posible que reciba palos por izquierda y por derecha al salirse del clóset y pasar a actuar en el campo de la heterodoxia económica, un terreno dominado por sus principales opositores.