Usted vio que cuando se juntan los dirigentes nacionales a hablar de la pobreza y a formular planes que reduzcan este flagelo infame e inmoral, todos ponen cara de circunstancia. Se juntan los del Gobierno los de la oposición, los de la CGT, los empresarios, a hablar de este tema, y todos ponen caras de pobres. Bueno, tratan de poner, porque no les sale y no les sale porque no son pobres, al contrario, la mayoría es millonaria. Ellos son los que se juntan a solucionar un problema que no les atañe o, por lo menos, no los afecta. ¿Cuántos pobres son invitados a esas reuniones para que cuenten cómo viven, cómo se las arreglan para comer, cómo están sus niños, en qué condiciones duermen todas las noches? Yo no he visto alguno. Me dirán ustedes: “Pero hay organizaciones que los representan, está la Iglesia y otras instituciones que están luchando contra la pobreza”. Sí, está bien, tal vez deban estar, pero no hay pobres que tengan la posibilidad de luchar por sus derechos con voz propia y, llegado el caso, con voto propio. ¿Cuántos funcionarios pobres hay en el país? No deben ser muchos. Es más, ¿cuántos gremialistas pobres hay en el país? No deben ser muchos. Es más, ¿cuántos legisladores pobres hay en nuestro país? Bueno, con un sueldo de más de veinte mil pesos mensuales, no creo que nadie pueda considerarse pobre. ¿Entonces? ¿Son ellos, los que no sufren la pobreza, los que van a implementar los planes para que beneficien a los pobres? La presidenta dijo hace unos días que debería haber una institución que se ocupara de hacer un censo de los ricos en Argentina. Censo que seguramente no estaría completo, porque no todos pagan impuestos, pero podría tratarse. Pues, seguramente, en ese censo estarían De Narváez y Scioli y Menem y Duhalde y Reuteman y, seguramente, pero seguramente la misma presidenta de la Nación, que en su última declaración jurada aceptó ser la dueña, junto con su marido, de varios millones. Si vamos a hablar de pobreza, primero escuchemos a los pobres, muchachos, porque no puede distinguir cual es el cartón bueno y el cartón malo quien no ha sido nunca cartonero.