¿Cuándo comenzó este escenario del todo o nada, tan extremo, que no les permite encontrar un consenso mínimo sobre el presupuesto, que no es otra cosa que el verdadero plan de gestión para el año que tiene el gobierno? La pregunta, más o menos en esos términos, pero con ese sentido claro y preciso, fue dirigida al senador kirchnerista Lucas Ilardo, hacia el final de la entrevista que se le hacía el miércoles, en el programa Opinión, de LVDiez. Fue quizás, cuando (Alfredo) Cornejo, como líder de la oposición ¿le negó en la Legislatura al gobernador (Francisco) Pérez que pudiera avanzar en su propio presupuesto cuando promediaba aquella gestión?, fue una segunda pregunta que vino a completar la primera. El senador no dudó y al responder afirmativamente, recordó que, por culpa del hoy diputado nacional, Pérez debió gobernar los últimos dos años de su gobierno prácticamente sin la pauta de gastos y sin las herramientas que necesitaba para reencarrilar una administración que avanzaba (lo que no dijo) hacia el precipicio.

“Eso asfixió al gobierno y lo liquidó”, dicen a coro en la actualidad todos los referentes del peronismo que no olvidarán jamás cómo, desde la oposición radical y con la conducción de quien era el intendente de Godoy Cruz, para luego convertirse en candidato a la gobernación, se construyera una estrategia exitosa para desalojarlos del poder. La elección del 2011, aquella por la que Pérez sucedió a su compañero peronista Celso Jaque en la provincia, es recordada como la última en la que salió victorioso el PJ. A partir de allí perdería en las de medio término y en las generales consecutivamente. Hoy, con la presencia de la senadora nacional Anabel Fernández Sagasti al frente, la que se convertirá en breve en la primera mujer en conducir al peronismo provincial, el principal partido de la oposición ha comenzado a reconstruir sus chances y renovar sus esperanzas para el próximo turno electoral.

En el oficialismo claro que tampoco se cansan de salir al cruce de todas y cada una de las quejas y críticas que ha venido haciendo el peronismo cuando acusa a Cornejo –su obsesión y causante de ese karma del que no se puede desembarazar– de haberle jugado con las peores cartas de la política para acorralarlos y echarlos de la primera magistratura, de muchas intendencias, pulverizando todos y cada uno de los códigos –afirman– que existían como parte de la convivencia política mendocina. Los radicales sostienen que, de no haber intercedido en aquellos presupuestos, Mendoza habría sucumbido por la pésima administración que llevaba adelante Pérez. Ya nada fue igual desde esa época, momentos contaminados por la profunda brecha ideológica que ya se había consumado en la Nación entre el kirchnerismo en el poder y los sectores de la oposición que luego se reunirían en Cambiemos.

Hay que verlo sólo y desde el punto de vista estratégico y como un mecanismo de supervivencia en la política provincial y sólo intentar entenderlo desde allí, sin pensar siquiera en la responsabilidad institucional que claro que la tiene: si el perokirchnerismo de Anabel Fernández Sagasti hoy le brinda al gobernador Rodolfo Suarez el roll over permanente que está pidiendo y que ha incluido en el presupuesto para el año que viene, sumado a una autorización de nueva deuda de 350 millones de dólares, el PJ como tal, con sus senadores y diputados, sólo serán ficus decorativos en el paisaje de la política mendocina y, claro está, en la Legislatura. Tal como están dadas las cosas, Cambia Mendoza sólo los necesita para la conformación de las mayorías especiales. Los endeudamientos y el roll over requieren de esa mayoría especial que hoy sólo se la puede ofrecer el peronismo.

Entonces, aunque sea complejo de comprender para cualquier persona común y silvestre, no entrenada en las cuitas políticas y que sólo se imagina que la política y el Estado deben hacer todo lo que esté a su alcance para facilitarle su vida profesional, laboral, comercial, económica y social, porque para ello paga impuestos y sostiene la estructura pública, tanto el gobierno como la oposición hasta se sienten algo cómodos con sus posiciones.

El gobierno de Suarez apuntará por siempre, como ya lo hizo en marzo pasado cuando sucedió lo mismo que ahora con la discusión presupuestaria, al perokirchnerismo por no contar con una herramienta para mejorar el endeudamiento y utilizar las posibles ventajas que saque de ella, como recursos frescos para volcarlos a la obra pública y al crecimiento y desarrollo de la provincia en una época en extremo tan compleja. Seguirá adelante y cuando llegue la campaña cargará con toda la furia a lo que considera una oposición que no está a la altura de lo que necesitan los mendocinos.

El peronismo, se sabe, dirá que Suarez ha seguido equivocadamente la misma estrategia de Cornejo, la de evitar la negociación, la de ir al choque y romper todo. Y que en algún momento se imaginaron y se esperanzaron en que Suarez tendría otro estilo distinto del de su antecesor, pero que, en verdad, son lo mismo o bien que Cornejo es, al final, el titiritero. No mucho más.