Dime qué interior de cartera tienes, y no sé si te diré quién eres, pero sí al menos cómo andás sobrellevando la vida últimamente. ¿A vos también te pasa que de frente a buscar la billetera para pagar algo, o intentar dar con las llaves dispersas por ahí adentro, aparecen entre tus dedos cosas rarísimas? Me refiero a esa sensación al tacto de elementos desconocidos; puntiagudos, pegajosos y hasta un poco húmedos. Yo, por ejemplo, la última vez que traté de encontrar una hoja perdida de mi agenda (una de dos: o las agendas vienen muy frágiles y ya ni llegan a terminar un año decentemente, o mi vida tiene una intensidad a prueba de agendas), me di cuenta de que llevaba en las entrañas mismas de mi bolso un stock digno de kermesse lúdico-farmacológica: autitos, caramelos sin papel, papeles de chicles, chicles sueltos llenos de ¿arena?, un blister de ibuprofeno a la mitad, un chupetín comido a la mitad por Félix, un blister de paracetamol vacío, y lo que supo ser una barrita de cereal. O una especie de esqueleto de lo que supo ser una barrita de “algo”. ¡Ah! Y toallitas antibacteriales, mi nueva adicción.

No obstante, conozco mujeres realmente prácticas, que siempre llevan una carterita mini, en la que además encuentran todo lo que buscan. Solteras, bah. Mejor dicho: sin hijos.
Ellas y sus pequeños sobres ocupados con cosas nuevas, ordenadas y maravillosas no merecen mi cariño, no señor.
Tal vez, el tema sea conseguir un buen marido que guste de llevar tus cosas y, sobre todo, que tenga muchos bolsillos para que le entregues tus elementos fundamentales, a saber: el manojo gigante con llaves que ya ni se sabe qué cerraduras abren, un poco de plata, el celular -más, menos inteligente; pero siempre enorme-, los anteojos de sol, unas pastillas, un protector labial, una máscara de pestañas (de paso, te invito a visitar el blog de belleza de Lola. En fin, todo lo que quepa en los cinco o seis bolsillos, entre internos y externos, del saco del adorable señor. Y cuidadito después con cargarte igual un bolso enorme, lleno de otro tipo de porquerías, como ser un Tupper con ensalada para seguir la dieta semanal en el asado del domingo. Te lo voy a decir una única vez y vale para siempre: ¡no se hace dieta en las reuniones, te deprime eso!
Sin duda, la maternidad es una de las cosas que más tempranamente modifica: después de traer hijos al mundo el uso de la cartera habitual cede paso al del bolso deportivo y llega un momento en que ni aun así… Esa etapa podría definirse como la de “ingreso en la era de los bártulos” y consta de un sinfín de situaciones exóticas, que incluyen objetos que a cualquier desprevenido circunstancial podrían parecerle ridículos. Cuando no extravagantes. O espantosos.
– ¿Qué es esto?– preguntó él, divertido, observando el adminículo desde distintas perspectivas posibles, para lograr encontrarle un significado por las suyas.
–Un sacaleche– respondió ella.
Y la contundencia de esas dos palabritas hizo que él devolviera el aparato cuidadosamente al bolso y no preguntara nada más (y ni siquiera se quejó cuando tuvo que hacer entrar en el baúl el cochecito de paseo, el bolso tamaño valija de viaje al exterior y un par de trastos más, en los que ni siquiera reparó con tal de no saber nuevos detalles, que bien podrían ser la existencia de protectores mamarios, por ejemplo).

En fin. Nadie podría determinar a ciencia cierta cuál es el tamaño ideal para la cartera de la dama. Yo creo que eso depende de lo dejada o de lo responsable que una sea. Sin ir más lejos, conozco a alguien que guarda en ella cualquier despojo, y asimismo todas las cosas “para tirar a la basura” que le caen entre manos. Por ser ecológica, pongamos. Y porque no le gusta dejar tirado en cualquier lado aquello que puede descartar y hasta reciclar prolijamente en su casa.
Qué decirte que al final nunca las desecha y finalmente las sobras subsisten ahí, en su bolso, a la espera de que alguien las descubra y las rescate de tanta oscuridad, para inmortalizarlas definitivamente en algún relleno sanitario.
Esa persona soy yo, ni hace falta que lo diga, ¿no?
