Lo que ocurre en el barrio ATSA, cuyas casas están en la última etapa de construcción, es un reflejo de cómo las personas son capaces de postergar el sueño del techo propio por culpa de la inseguridad con que se vive.
A eso se agrega la solución inmediata de solicitar un cierre perimetral y encerrarse para generar la sensación de que así no serán víctimas de la inseguridad. Y, de esa manera, aumenta el aislamiento y se abandona el espacio público. Se trata de un pedido desesperado y justificado, porque allí, hace apenas unos días, asesinaron a un sereno, y porque la zona en que se edificó el complejo habitacional está rodeada de barrios considerados conflictivos por las autoridades policiales, precisamente, los mismos funcionarios que no pueden garantizar la seguridad. Cuando eso ocurre, entonces, el sueño de llegar a una casa se puede convertir en pesadilla.
