No somos un país consumidor de picantes. Ni de picantes ni de aguardientes. Somos menos latinos de lo que cree la Jelinek. Pero lo que sí somos es curiosos y snobs. Sale el sushi: todos comen sushi. Sale el peruano, todos más peruanos que Fujimori. Y de golpe los picantes se empezaron a poner de moda, porque la industria alimenticia tiene consumidores que viajan, y aunque acá no le pongan ají molido ni a las empanadas, cuando salen del país comen tanto ají que quedan enchilados por siglos. Y cuando vuelven a suelo local queda en su memoria la idea de que comer chile es estar en otro lado. Entonces vamos al súper, a la góndola de cosas extrañas y ahí está. Naranja, cool y moderno. Y por si eso fuera poco, firmado por la chef más cosmopolita de todas: Narda Lepes.

Ella tuvo la genial idea de desarrollar una línea de productos que nos hacen sentir que podremos cocinar tan bien como ella. Lo cierto es que de toda la línea lo que más me llama la atención es la salsa Chilli Sauce (¡Que lo parió!): debo confesar que tiene sus años pero sigue siendo una novedad por la poca gente que la ha probado. Yo llegué a ella por mi hermano, fanático de los chiles y cada vez que voy a su casa y abro la heladera (nobleza obliga) veo que siempre tiene una botella a la mitad.  

Sabor: La salsa es rara porque es agri-dulce-picante. Si te gusta la salsa de restaurante chino la vas amar. A mí me gusta mucho. La he probado con un salteado de pollo y arroz blanco y queda buenísima. Tal vez es un poco dulce para mi gusto pero funciona muy bien acompañando carnes más bien neutras.

Textura: Es una especia de mermelada con los trocitos de chile adentro.

Precio: $70 aproximadamente la botella de 500 gr, enorme y dura mucho.

¿La llevamos a casa? Sí nos gusta el ají, los sabores mezclados y nos divierte que nos pique la lengua de vez en cuando sí. Es para innovadores.