Hay noches ideales en las que el universo (los espacios culturales y los productores) confabula para traerte esa dosis justa de entusiasmo que le estaba haciendo falta a tus oídos. Y cuanto más si el cóctel viene acompañado por la reproducción instantánea de historias que se van trazando a partir de melodías.
Kevin Johansen + The Nada + Liniers se presentaron en el Espacio Julio Le Parc, con entradas agotadas y ante 1.400 personas, ofreciendo lo que el público esperaba. Y algo más. Desde hace tiempo, el cantante y el dibujante son los engranajes de una maquinaria que mucho tiene que ver con la conquista de la alegría. En eso, pasaron una veintena de canciones e ilustraciones que se iban proyectando mientras se realizaban, para el deleite de quienes los esperaron con ansiedad, desde su última presentación en la provincia en el 2010.

Cerca de las 23.30, subieron al escenario dispuesto en el hall del espacio cultural. Johansen siguiendo su estilo formal sport con camisa negra y Ricardo Liniers haciendo uso de la impunidad estética propia de los artistas plásticos, con un jeans y un saco manchado de pintura. Una obra en sí misma que va mutando en cada show y sumando nuevos colores a ese, su lienzo utilitario.
Amor finito fue la introducción para un espectáculo multimedia que duraría dos horas y media; continuaron con Baja a la tierra, En mi cabeza, El Palomo y No voy a ser yo. Entre humoradas, grafías, canciones y bailes la dupla hizo partícipe al público de su complicidad. Lo que hace de cada una de sus presentaciones una propuesta diferente.

La fórmula secreta es la diversión, es innegable que la pasan bien y contagian esa energía. A lo largo del espectáculo no faltaron temas como Ni idea, My name is peligro, Vecino, Mc Guevara o Che Donalds y otras que logran emocionar como Hindue Blues, Círculo y Hamaca.

Luego de las versiones de Charango Sensation 2000, en seguidilla, Desde que te perdí, Daisy y la Cumbiera intelectual interpretada por la bailarina local Romina Iniesta, a ella se sumó una parte del público que vivió la fiesta junto a los músicos.
Tan fashion, Everything is, Modern love de Bowie, Down with my baby, Anoche soñé contigo y No digas quizás marcaron el final de una noche en el que el imaginario de Johansen y Liniers , una vez más, se reveló ante miles de personas.

Pero, no concluiría ahí, para el cierre restaba lo mejor. Retornaron con El incomprendido, con un Liniers completamente revolucionado que sobre su tablero ilustró, manchó y destruyó la obra al ritmo de la melodía. Tanto así que mientras sonaba el último acorde, cumplió el deseo de todo rock star y se animó a lanzarse por primera vez sobre el público, junto a su compañero. Unidos en lo alto terminaron danzando en la gran pista del Le Parc.

Al regresar al escenario, jugaron al intercambio de roles, el historietista tomó la guitarra y tocó algunos temas con más actitud que talento mientras, Johansen ilustraba. Situación que volvió a la normalidad para sellar el show con Guacamole y Fin de fiesta.

