Primero se sentó en la mesa y tanteó el terreno. Miró para todos lados porque tenía el objetivo de robarse algo. Buscaba que los clientes y empleados no lo vieran. Luego marcó a su víctima y le hizo una seña a la cómplice, una mujer sentada frente a él.
El objetivo era sustraer la mochila de una joven que le daba la espalda y se ubicada en una silla alta a un metro de distancia. En menos de un minuto, logró consumar el plan. Con la ayuda de la fémina, salió por la puerta principal sin ser detectado.

Pero no logró la impunidad total del ilícito: las cámaras del local captaron la secuencia y el rostro de los cacos, como se denomina a los que roban con habilidad y sin violencia, a pesar de que llevaban puesto un barbijo.
El hecho ocurrió la tarde de este martes en una confitería de la calle Arístides Villanueva, en el corazón de la Quinta Sección. Y la perjudicada fue una joven comensal que perdió sus pertenencias, entre ellas, una computadora.
Entre las 13.50 y las 13.52, la pareja cometió el hurto de la mochila, que se encontraba en el piso. Y mientras el hombre sacaba su pie izquierdo por fuera de la mesa para darle alcance, la mujer levantaba la carta para tapar su rostro y observar los movimientos de los trabajadores del lugar.
Rápidamente, la cubrió con una campera y se levantó de la mesa. La cómplice se acercó hasta la caja para generar el clásico movimiento de distracción y salieron por el mismo lugar por donde ingresaron.
El material registrado fue la prueba para luego mostrarle a la víctima lo que había ocurrido, una vez que detectó el faltante.
