La Cámara de Apelaciones, por 2 votos a 1, decidió confirmar el juicio oral contra 8 penitenciarios de la cárcel de Almafuerte que fueron acusados de darle una golpiza al reconocido preso Marcelo Gato Araya, condenado a dos prisiones perpetuas por instigar homicidios en la llamada guerra de bandas del barrio La Gloria.

El juez de Garantías Aníbal Crivelli había elevado la causa a juicio tras una queja de la defensa técnica de los acusados, pero nuevamente se apeló ese fallo. Debido a esto, el tribunal de alzada debió intervenir.

En una resolución que se ventiló el pasado 31 de julio, se resolvió que los guardiacárceles Alberto Eusebio Rivero Larcher, Martín Ariel Rivero Pringles, Rodolfo Leandro Domenica Ureta, David Gabriel Martínez Olguín, Mauricio Damián Cortez Oliva, Rodrigo Fernando Palacio Pedemonte, Osvaldo Enrique Ramírez Araya y Rodrigo Miguel Godoy Adaro, se sienten en el banquillo de los acusados por la denuncia que radicó Araya el domingo de Pascua del 2013 (el 28 de abril).

Básicamente, si bien el juez preopinante, Luis Correa Llano, entendió que en la causa “sólo puede arribarse a un estado de duda insuperable” y correspondía el sobreseimiento de todos los imputados, sus pares, Ramiro Salinas y José Miguel, votaron en contra y confirmaron el debate para los sospechosos.

De acuerdo a la instrucción, el día citado, Araya –señalado jefe narco–  sufrió un ataque de parte de penitenciarios en el sector de máxima seguridad de Almafuerte. Ese día, pidió hablar con la fiscal especial Claudia Ríos, quien se dirigió hasta la cárcel lujanina. La magistrada escuchó al Gato durante cuatro horas.

Una de las claves para confirmar el proceso, fue que el médico del Cuerpo Médico Forense que revisó a Araya por pedido de la fiscal Ríos, constató que presentaba lesiones compatibles con un ataque y no se había autolesionado. Esto tuvieron en cuenta, además de la declaración del interno, tanto el juez Aníbal Crivelli como los dos magistrados de la Cámara de Apelaciones.

Las lesiones que corrobró el profesional de la salud las presentaba desde hacía unas 20 horas, sostiene la causa.

Desde un principio, los penitenciarios negaron los ataques al reo condenado –resta ser juzgado por tráfico de drogas–, y su defensa sostuvo en las apelaciones que “se trata de un denunciante crónico”. Sin embargo, para los jueces que intervinieron en el proceso, existe la certeza necesaria en esa etapa del proceso para que los 8 penitenciarios se sienten en el banquillo y respondan por las acusaciones.