A 31 años de la detención de la familia Puccio, dedicada a secuestrar y matar, parte de sus integrantes están en libertad y caminan entre nosotros como si nada.

Maguila vive con su madre y está desempleado.

Es media mañana de un viernes como tantos, y un hombre común sale con su hermana de un edificio de San Telmo. Más tarde hace lo mismo la madre de ambos. La señora es Epifanía Angeles Calvo (84), viuda del tristemente célebre Arquímedes –con quien se casó el 5 de octubre de 1957–, el recordado jefe de la banda que en los 80’ aterrorizara a fuerza de secuestros y muertes. Arquímedes había sido condenado a prisión perpetua, pero en 2007 obtuvo la libertad condicional y se recibió de abogado. Falleció el 4 de mayo de 2013 en General Pico, La Pampa, a los 83 años, víctima de un ACV. Como ningún integrante de la familia se hizo cargo del cadáver, fue a parar a una fosa común del cementerio local.

 

El caso de Daniel “Maguila” Puccio (54) siempre fue un verdadero enigma. En 1985 regresó de Nueva Zelanda, luego de que su padre lo convenciera a través de una carta muy sentida. Llegó para participar del que fuera el último secuestro del clan,el de la empresaria Nélida Bollini de Prado. Antes habían raptado y asesinado –pese a cobrar el rescate– a Ricardo Manoukian (1982), al ingeniero industrial Eduardo Aulet (1983) y al empresario Emilio Naum (1984). Desde el 23 de agosto de 1985, cuando los integrantes de la banda fueron detenidos, Maguila la pasó en prisión, hasta que en febrero del ’88 salió en libertad por el tiempo transcurrido sin recibir sentencia. Recién en 1998 lo condenaron a 13 años de prisión, pero como estaba en la calle, desapareció definitivamente. Arquímedes, su padre, y Alejandro –Alex o El Zorri para los suyos–, su hermano rugbier, recibieron reclusión perpetua. Luego recuperaron la libertad. Alex murió a causa de una neumonía que padeció en 2008, después de varios intentos de suicidio.

 

Se cree que Daniel estuvo, además de por Nueva Zelanda, por Brasil, la provincia de San Luis y Mar del Plata. Ahora se recluyó junto a su madre en la ciudad de Buenos Aires. Está desocupado, no tiene pareja, tampoco hijos. Mientras él no residía allí, el hijo de Adriana (45), su hermana, visitaba seguido a su abuela, pero desde que está el tío, no fue más a verla. Adriana adoptó definitivamente el apellido Calvo en lugar de Puccio. Vive y trabaja en un negocio dedicado a la venta de lanchas y motos de agua de la zona de San Fernando. Va seguido a visitar a su mamá, pero todos evitan mostrarse juntos. 

Fuente: Revista Gente