Minutos después del homicidio seguido de suicidio ocurrido el miércoles de la semana pasada en el local de venta de repuestos M&M, ubicado sobre el carril Godoy Cruz de Guaymallén, los investigadores policiales y judiciales liderados por la fiscal de Homicidios Claudia Alejandra Ríos comenzaron a recibir declaraciones para intentar determinar cómo se produjeron los hechos en el inmueble. Sabían de la existencia de cámaras de seguridad, pero necesitaban escuchar testigos.
Con los efectivos de la División Homicidios de Investigaciones elaboraron una idea inicial gracias a los primeros llamados al 911 y lo que aportaron en estado de shock los empleados del negocio. Pero una carta de despedida encontrada en el vehículo de uno de los protagonistas de la historia aclaró aún más el panorama.
Los pesquisas sabían desde los primeros momentos que los empresarios y dueños del comercio, los hermanos Manuel José (61) y Marcelo Gabriel Martín (57), habían muerto por disparos de arma de fuego y que los cadáveres se encontraban llenos de sangre en un baño y en la cocina (a pocos metros de distancia) de la planta superior, respectivamente
Ese primer pantallazo sirvió para ir juntando las piezas para el armado del rompecabezas en la instrucción. Sin embargo, no era del todo claro cómo había sido la mecánica del hecho; es decir, restaba determinar de manera cronológica, a través de peritajes criminalísticos y análisis de declaraciones, cómo uno de los empresarios tomó dos armas de fuego para matar a su socio y hermano y luego quitarse la vida, más allá de lo estrictamente familiar vinculado a sus problemas personales o de dinero que venían arrastrando desde hacía meses.

La información a la que accedió El Sol señala que, a las pocas horas de iniciada la instrucción, el expediente sumó el informe preliminar de la necropsia. El estudio forense concluyó que Marcelo Martín fue víctima del ataque porque presentaba tres heridas de arma de fuego. Uno de los plomos ingresó en el cuello (debajo del mentón) y los otros dos en la cabeza.
Los médicos legistas informaron que no había lesiones en la espalda, como hicieron trascender personas ajenas a la causa en los primeros momentos de investigación. Los disparos fueron a corta distancia.
En la escena se hallaron dos revólveres calibre 22 largo, cuya característica principal es la longitud de su munición. Esto se traduce en una vaina con más capacidad de almacenamiento de pólvora, lo que genera al dispararse mayor velocidad de salida y alcance. Esas dos armas estaban a nombre de Manuel Martín y una se distinguía de la otra: tenía el cañón un poco más largo.
El mayor de los hermanos tomó ese revólver y lo accionó para quitarse la vida en el baño, donde se encerró después del asesinato, sostiene la teoría de los pesquisas: los forenses informaron que presentaba un disparo en la sien derecha.
Del análisis del conjunto de pruebas se concluyó que Manuel Martín disparó tres veces contra su hermano Marcelo mientras este último se encontraba comiendo en una barra que daba hacia el sur con un ventanal, en el sector de la cocina.
Un barrido electrónico confirmó la presencia de partículas de pólvora en la mano derecha y otras partes del cuerpo. Minutos antes de recibir los impactos, la víctima les comentó a los empleados que se dirigía a la planta superior para calentarse el almuerzo.
Previamente, hubo una discusión por temas de dinero y por una reunión con abogados pactada ese mismo miércoles por la tarde, debido a que la división de bienes o la fractura de la sociedad era un hecho, contaron fuentes del caso a este diario.
El empresario de 61 años, para los detectives del caso, venía meditando desde hacía semanas matar a su hermano y suicidarse. La teoría se confirmó en la carta que hallaron en su vehículo cuando trabajó Científica: palabras más, palabras menos, se despidió de sus hijos, pidió perdón y trató de “salvaje” a su hermano Marcelo.
Alto impacto
El homicidio seguido de suicidio generó un fuerte impacto en la familia. Marcelo se encontraba organizando la fiesta de su cumpleaños número 58 (para el sábado 8) con su círculo más íntimo (tenía cuatro hijos y estaba en pareja) y el día de su muerte se cumplían seis meses de un tremendo accidente en alta montaña mientras conducía una camioneta. Ese día salvó su vida de milagro, como informó este diario.
Por su parte, Manuel también era padre de tres jóvenes. Las fuentes agregaron que el mayor de los hermanos no estaba de acuerdo en cómo se estaba desarrollando la división de los bienes. Ambos compartían sociedad de dos locales comerciales: uno ubicado en la Costanera (dedicado más a la venta de autopartes) y el otro sobre el Carril Godoy Cruz (hacia el este de calle Arenales), donde ocurrieron los hechos.
Justamente, los hijos de los empresarios iban a encargarse del reparto de los bienes con un local para cada familia. Desde ese entorno contaron que intentarían que todo se solucionara lo más pronto posible para evitar conflictos y pensando en el futuro de la importante cantidad de empleados que tenían ambos locales.
