Cuando Juan Manuel Olmo fue asesinado por el accionar de tres menores de edad que le arrojaron una piedra a su camioneta en la calle Paso y Terrada de Maipú, los pesquisas creyeron que el caso iba a quedar impune. En más de un diálogo con El Sol, manifestaron que habían pocas pruebas para esclarecer el hecho. Pero con el correr de las horas, la causa dio un giro de 180 grados.

Aparecieron siete testigos que, en relatos sin fisuras ni contradicciones, mandaron al muere a los asesinos: se trata de Eze (12), Manzanita (14) y Pichu (14). Con todas las pruebas a favor de la Justicia y en contra de los menores, el fiscal de la causa, Fernando Giunta, solicitó la orden de allanamiento a un juez de Garantías para proceder a la captura.

Si bien el Código Procesal Penal tipifica que los allanamientos no pueden realizarse en horario nocturno, prevé algunas excepciones, como la medida de suma urgencia, que fue argumentada por Giunta para poder hacerla efectiva durante la madrugada. Y así fue que a las 4, los efectivos irrumpieron en las propiedades que los menores residían junto a sus familiares y lograron detenerlos. Cuando los sindicados observaron a la policía, debieron entregarse y reconocieron que fueron ellos los autores del hecho: “Lo hicimos por diversión, nunca pensamos que podía pasar algo así”, dijeron a los pesquisas.

Así, fueron trasladado a la Oficina Fiscal Nº 15 y luego puestos a disposición de la Justicia Penal de Menores, quien no podrá someter nunca a los menores a un proceso penal en su contra porque cuando cometieron el hecho tenían menos de 16 años. Por este motivo, deberán ser puestos a disposición de la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia (Dinaf), en las próximas horas, quien deberá alojarlos en un hogar para procurar por su resocialización.

Los sabuesos llegaron hasta estos tres jóvenes luego de que varios testigos –siete en total–, los marcara como los culpables. “Ellos nos contaron que habían sido los que le tiraron la piedra a la camioneta del empresario”, repetían todos los testigos. Y luego, los mismos sospechosos, se encargaron de decírselo al fiscal, quien dio por finalizada la investigación que le correspondía por su competencia. Ahora, Eze, Manzanita y Pichu, deberán ser reeducados en un hogar de la Dinaf y reinsertados en la sociedad cuando logren comprender la magnitud de lo que hicieron y estén en condiciones de salir a la calle nuevamente y comportarse debidamente.