Valeria Ramírez y el policía detenido y padre de sus hijos, Nicolás Cuello.

La Justicia le dictó la prisión preventiva la tarde de este jueves al policía Franco Nicolás Cuello, acusado por el femicidio de su pareja Valeria Noemí Ramírez Carrizo (26), ocurrido a fines del año pasado en el barrio La Gloria de Godoy Cruz.

Fue durante una audiencia que el auxiliar siguió mediante videoconferencia desde el penal de San Felipe -está alojado en el pabellón de ex funcionarios públicos-, que la jueza Mariana Gardey le impuso la medida de coerción solicitada por la fiscal de Homicidios Claudia Ríos.

La representante del Ministerio Público, quien lidera el expediente, expuso la semana pasada ante la magistrada una serie de pruebas que comprometen fuertemente al exmiembro del Grupo Especial de Seguridad (GES).

Entre esos elementos se encuentra la declaración del hijo de ambos en Cámara Gesell. El pequeño, de 4 años, había sido señalado por su propio padre como quien accionó el arma reglamentaria, durante un descuido, y le propinó un disparo letal a la madre.

Pese a que, para los investigadores, esa hipótesis quedó descartada a las pocas horas de ocurrido el hecho de sangre, el aporte de la criatura fue clave para la instrucción, ya que en la entrevista con los especialistas dijo “mi papá le disparó a mi mamá”.

Esa afirmación, sumado a los informes policiales y forenses resultaron contundentes para que la jueza Gardey ratifique la teoría del caso de la Fiscalía y ordene mantener tras las rejas al policía, mientras avanza la pesquisa en su contra.

Cuello se encuentra imputado por el delito de homicidio agravado por mediar violencia de género (femicidio), por el vínculo, por la función y la alevosía, es decir, aprovecharse del estado de indefensión de la víctima.

Con esa dura calificación, arriesga como única pena la prisión perpetua y, en caso de llegar a juicio, enfrentará a un jurado popular.

El caso

Corría la noche del viernes 25 de noviembre y personal del 911 tomó conocimiento sobre una mujer baleada en su domicilio de la manzana C del citado barrio. La primera información, sostenía que se había tratado de un hecho accidental.

Cuello trasladó a su pareja en su vehículo particular hasta el Hospital Central. En el nosocomio, aseguró a los primeros colegas que lo entrevistaron, que había sido su hijito quien accionó la pistola calibre 9 milímetros provista por el estado.

El efectivo agregó que un proyectil le impactó a su pareja y le causó graves lesiones en el rostro. También explicó que, instantes antes, estuvo limpiando el arma, que la dejó sobre una mesa y que el niño accionó la cola del disparador.

Desde un principio, a los detectives del caso no les cerraba la versión de Cuello, por lo que fue detenido. Luego de eso, terminó “confesando” a algunos colegas que fue el autor del disparo, pero mantuvo la versión de un hecho accidental.

En tanto, la fiscal del caso ordenó realizar un barrido electrónico en las manos de la criatura y de su progenitor. El resultado confirmó que el menor no había disparado un arma, pero su padre si tenía pólvora en manos, brazos y cuello.

Ante eso, la fiscal de caso no dudó en imputarlo y ordenar su traslado y alojamiento en prisión.