La Operación Papa Blanca de la Policía Federal permitió la captura de seis personas sospechadas de comercialización de cocaína que venía directamente desde el norte del país para ser vendida en pequeñas cantidades en diversos quiosquitos de los departamentos de Las Heras y Guaymallén, principalmente.
Producto de las diversas medidas que se desarrollaron en la vía pública y en casas particulares a fines de junio, secuestraron más de 18 kilos de cocaína, 600.000 pesos, dólares, vehículos, armas de fuego y cientos de municiones de distintos calibres.
Tal como reveló El Sol en un primer informe, los trabajos investigativos se prolongaron durante cuatro meses y sirvieron para identificar los distintos eslabones o roles que tenían los miembros de la organización.
Entre ellos se destacó el presunto jefe del grupo delictivo, Luis Aníbal Rodríguez, con base en el barrio Colombia I y también en un domicilio al que denominaba “rancho”, en Pasaje sin número en el cruce con calle Puebla, en Guaymallén. Para los investigadores federales, se trataba de una persona “desconocida” en el mundo narco.
Una vez que supieron su identidad, comenzaron a realizarse seguimientos para intentar cercar a todos los sospechosos. Algunos trabajos se desarrollaron en la calle, con tareas de campo y marcación de domicilios. Otros, los más importantes, fueron tecnológicos, con escuchas telefónicas e impactos de llamadas en antenas de otras provincias. Se transformaron en una de las claves para conocer que existían diálogos entre algunos sospechosos y determinar la ubicación donde se movía, por ejemplo, el hombre que más complicado está en la causa.
De esta forma, se determinó que la presunta banda estaba liderada por Luis Aníbal Rodríguez (56); quien a su vez mantenía contacto con su hijo, Eric Gastón (31), y un hombre identificado como Simón Daniel Medina (28). También entraron en escena otros personajes, como el taxista Nahuel Nicolás Pereira (28), su pareja, Irene Vázquez (29), y la madre de ella, Elena Aguilera (72), acusados de la distribución y comercialización.
Todos quedaron detenidos y fueron procesados con prisión preventiva por el titular del Juzgado Federal Nº3, Marcelo Garnica.
La mayoría de ellos accedió a la indagatoria para dar su versión del caso. Algunos reconocieron tener algunas actividades ilegales pero intentaron desestimar las pruebas que se incorporaron y analizaron en instrucción. Por eso, las escuchas y los trabajos de campo se transformaron en pruebas determinantes para el futuro de los acusados.
La reconstrucción del hecho sostiene que Luis Aníbal Rodríguez viajó días antes de su detención a la provincia de Jujuy. Allí habría adquirido un importante cargamento de ladrillos de cocaína que venía desde Bolivia. Una celda de antena ubicada en calle Esteban Echeverría de la citada provincia lo captó el 23 de junio de este año. Se detectó una comunicación entre Rodríguez y su hijo Eric.
Eric: Hola.
Luis: Hola, Tomi.
E: ¿Qué pasó, papi? ¿Todo bien?
L: Sí, todo bien, gracias a Dios, ¿vos?
E: Bien, ¿adónde andás?
L: Trabajando…
E: Ah, no estás… bueno, dale ¿Qué pasó?
L: ¿Fuiste para el ranchito?
Esta comunicación, según los investigadores policiales, sirvió para confirmar que padre e hijo sabían que el “ranchito”, es decir, el domicilio de calle Pasaje sin número de Guaymallén, que estaba vinculado al señalado jefe de la banda, era el lugar de acopio de las sustancias ilegales que se adquirían en Jujuy y luego iban a ser transportadas para ser comercializadas en Mendoza.
Otros diálogos de las intervenciones telefónicas que sirvieron de prueba, como uno registrado entre Simón Medina y Luis Rodríguez el 25 de abril de este año, ayudaron a construir una hipótesis sobre lo que trabajaban por la venta de drogas, debido a que hablaban en código y utilizaban la palabra “remeras” para hacer referencia a cocaína.
Luis Rodríguez: O… ¿a qué hora más o menos bajás para abajo?
Simón Medina: No sé, más o menos en.… una hora, hora y media calculale.
LR: ¿Una hora, hora y media más o menos?
SM: Sí.
LR: Ah, porque este pibe quiere 5 remeras, boludo.
SM: ¿Y lo otro, qué te dijo?
LR: Y trae lo otro, pues, los dos mil quinientos, boludo.
SM: ¿Cuánto?
LR: Dos mil quinientos pesos quedaban…
SM: Y.… y… se llevaba, así lo dejo pago a lo otro que se había llevado.
LR: ¿Ah?
SM: ¿Y lo que se había llevado?, digo.
LR: Y sí, culeado, el otro día te di los 10.000 pesos, Simón. Qué, ¿sos tonto, culeado?
SM: Bueno, pero no está más a ese precio, tengo que enseguida pasarte el precio nuevo, a ver qué se puede hacer.
LR: ¿Se fue todo al carajo de nuevo?
SM: Sí.
LR: ¿Ah?
SM: Sí, sí, estaba en 4… 462, viste, ayer, anoche.
LR: Sí.
SM: Está en 495, boludo, subió 30 pesos.
LR: Y ahora, recién, pasaron de nuevo, a 500 pesos llegó.
Más charlas
El taxista Nahuel Pereira también fue procesado en la causa por tenencia de drogas con fines de comercialización y el secuestro de las armas. Los policías federales habían intervenido su línea para conocer cuáles eran las maniobras que lo vinculan con la organización y con la comercialización de cocaína. Pereira, por las pruebas que se estudiaron e incorporaron en la causa, mantenía una relación más directa con el imputado Medina.
Por ejemplo, el 8 de mayo de este año, se registró una llamada entre Pereira y un sujeto que se identifica como Crilin, que no es parte de la causa. Para los detectives, hablaban de dosis de estupefacientes, tal como informaron fuentes del caso a El Sol.
Crilin: ¿Todo bien, hermanito? ¿Qué te iba a decir?, andaba necesitando algo.
Nahuel Pereira: Sí, ¿Cuánto?
C: ¿Me podés traer cincuenta?
NP: Dale, dale, ya te lo llevo.
C: O sesenta.
NP: ¿Sesenta? Dale, dale. Escuchame, está en veinticinco ahora, ¿sabés?
C: ¿Veinticinco?
NP: Se fue a la bosta, boludo.
C: No, traeme cincuenta, entonces.
NP: Bueno, dale, dale, dale. Ahí paso para allá, dale, chau.
El 22 de mayo captaron otra comunicación de Pereira con otro hombre identificado como “colombiano”. En la charla, hablan de “lomos” para no ser detectados con la venta de estupefacientes, entienden los investigadores de la causa.
Colombiano: Avisame cuando estés en tu casa, que Gringolandia me necesita, nos necesita.
Nahuel Pereira: Bueno, dale, dale, ya te aviso.
C: Dale, que necesita cinco lomos.
NP: ¿Cinco lomos?, me dijo el muchacho que te había pasado.
C: ¿Cómo?
NP: Me dijo ahí, me dijeron ahí que te habían pasado cinco lomos ayer.
Su versión
Eric Rodríguez, hijo de quien sería el cabecilla de la banda, optó por declarar cuando le notificaron las acusaciones en su contra. De acuerdo con fuentes judiciales, se desligó de los negocios de su padre.
“Yo siempre estuve en contra de todo este tema de drogas y armas que se me están mencionando y atribuyendo. La relación que tengo con mi padre es una relación normal de padre e hijo, yo vivo con mi madre y mi hermano, que está enfermo. No tengo ninguna relación comercial con mi padre. Repito, tengo una relación normal de padre e hijo… No comercio con estupefacientes, nunca he vendido droga, no me dedico a eso, soy trabajador, antes tenía una heladería y ahora estoy con la verdulería con mi socio… consumo marihuana, solamente por las noches. La marihuana que me secuestraron la cultivé yo mismo, tenía una planta”, se desprende de su indagatoria.
Pereira también habló y aseguró que su mujer y la suegra no tenían nada que ver con la droga. Sin embargo, para el juez que procesó a todos los detenidos, las mujeres no podían desconocer de esta situación.
“Respecto de mi mujer y a mi suegra, Elena Aguilera, ellas no tienen nada que ver con lo que encontraron de la sustancia en el barrio 26 de Enero, que es la casa de mi suegra, yo escondí las cosas ahí, yo tenía llave y mi suegra no sabía nada. En mi casa las cosas eran mías, mi señora no sabía. Como yo trabajo en un taxi de noche, mi señora no tenía idea lo que hago en la noche y yo había dejado eso, la cocaína en el mueble. Las armas son legales, yo soy el dueño, yo tengo las tenencias y las credenciales las tengo en renovación. Del cannabis tengo el Reprocann al día. Ellas dos no tienen nada que ver con lo mío. El arma que encontraron en el barrio 26 de Enero, la Bersa 22 es mía, yo tengo la credencial al día. La lata que tenía la cocaína en el barrio 26 de enero es mía y las dos balanzas también. No sabían que las había escondido ahí, yo tengo llave de la casa”, confesó.
Medina, tras las rejas por tener relación directa con Luis Rodríguez, aseguró a su turno que no integraba ninguna organización, debido a que conocía a pocas personas de las que están acusadas en la instrucción.
“Me están implicando en una banda, a lo cual conozco a una sola persona de esa banda, sólo conozco a Nahuel Pereira, lo conozco hace más o menos dos años. Somos amigos, jugábamos a la pelota en la cancha del barrio juntos”, señaló.
Por último, Luis Rodríguez admitió que tenía drogas pero no se hizo cargo de todas las acusaciones. Así lo dejó en claro cuando fue su turno de hablar en el expediente. “Me hago cargo de una parte de lo que me corresponde a mí. Hay gente se ha nombrado que no conozco, las he conocido por esta causa. Al único que conozco es a mi hijo, Eric Gastón Rodríguez. Los frascos que le secuestraron a Eric se los llevé yo”, dijo con el objetivo de desvincular a su hijo de las acusaciones.
Además, aseguró que el “rancho”, que sería de él en realidad, estaba siendo alquilado a una pareja de peruanos que había conocido entre tres y cuatro meses atrás por unos viajes que realizó.
Sin embargo, no se pudieron acreditar las versiones que dio con respecto sobre la relación con las otras personas, debido a que las escuchas telefónicas confirmaron que mantenía conversaciones con otras de las personas detenidas en la causa, que fueron argumentos para solicitar su captura.
Además, el juez, basándose en las tareas de vigilancia de la policía, concluyó que no se pudo confirmar la existencia de estas personas, ya que nunca las vieron en el citado domicilio conocido como rancho ni tampoco cuando se produjo su detención, el 30 de junio, cerca de la plaza de Las Heras, donde llegó con su Fiat Toro con más de dos kilos de cocaína que iban a ser entregados a un comprador de la zona.
