Víctor Alfonso Soza Ramírez se presentaba en la zona donde vivía como un simple albañil. Nacido en Bolivia el 16 de septiembre de 1985, este hombre de 39 años tenía aparentemente una vida discreta en el barrio 6 de Enero de Rodeo del Medio, Maipú. Sin embargo, lo que comenzó como una investigación por violencia de género terminó revelando la verdadera actividad de Soza: un presunto narco con un pasado criminal que incluía una condena por homicidio.
El tatuaje de un escorpión en el sector derecho de su cuello era quizás la única pista visible de su compleja historia en los últimos diez años. Soza Ramírez no era precisamente un ciudadano modelo. Su prontuario reveló una condena de 9 años de cárcel por asesinato, una pena que debía completar recién el 31 de julio de este año.
Su periplo carcelario lo llevó por algunas de las penitenciarías más conocidas de la provincia: primero San Felipe, luego Almafuerte, hasta arribar finalmente a la Colonia Penal de Gustavo André, en Lavalle. Fue desde allí que logró obtener el beneficio de la libertad condicional a fines de junio del 2022, una medida que le permitió volver a la calle bajo supervisión judicial.
Una vez en libertad, Soza volvió a los lugares que frecuentaba. Se estableció en Rodeo del Medio y decía trabajar como albañil, una profesión que le proporcionaba la coartada perfecta para explicar ingresos irregulares y horarios poco convencionales.
Nadie sospecharía que detrás de esa fachada de trabajador de la construcción se ocultaba una operación de narcotráfico de considerable envergadura, tal como se desprende de la importante cantidad de dinero que le incautaron.

Durante casi tres años, Soza logró mantener esta doble vida. Por las mañanas podía verse como un obrero más, pero las noches contaban otra historia, revelaron fuentes policiales y judiciales federales. Su domicilio en la manzana A, del barrio 6 de Enero, se había convertido en el centro de operaciones de lo que las autoridades consideran una importante célula de distribución de estupefacientes.
La caída de Soza comenzó con una denuncia que, en principio, nada tenía que ver con sustancias prohibidas. Una mujer se acercó a las autoridades para denunciarlo por violencia de género, un hecho que desencadenó una pesquisa que cambiaría el curso de los acontecimientos.
Los efectivos de la Unidad Investigativa de Maipú (UID) mientras trabajaban en el caso de maltratos, comenzaron a notar inconsistencias en el estilo de vida de Soza. Las piezas del rompecabezas empezaron a encajar cuando profundizaron en su situación patrimonial y descubrieron elementos que no concordaban con los ingresos de un trabajador de la construcción.
Hace pocas semanas, se terminaron las actividades ilegales. En medio del expediente que instruye la fiscal de Violencia de Género Valeria Bottini, personal de la UID ejecutó una orden de allanamiento en su domicilio que reveló la verdadera dimensión de las actividades de Soza.
Allanaron una casa por violencia de género y hallaron drogas, armas, vehículos y una fortuna
Un procedimiento por un caso de violencia de género derivó en un importante hallazgo narco en el barrio 6 de Enero de Maipú. Durante el allanamiento, los investigadores secuestraron más de 800 gramos de cocaína, armas, dinero en efectivo, vehículos de…
Lo que encontraron superó todas las expectativas: 830 gramos de cocaína fraccionada en 73 cápsulas listas para la venta “a otros quiosquitos o menudeo”, una clara evidencia de una operación de distribución bien organizada. Pero esto era solo el comienzo del inventario.
El arsenal incautado incluía un arma de fuego calibre 11.25 con 8 municiones, 17 municiones adicionales calibre 9mm y dos cargadores, elementos que sugerían una operación que no se limitaba solo al comercio de estupefacientes.
El aspecto económico quedó al descubierto con el secuestro de 24.200 dólares y 23 millones de pesos argentinos en efectivo, una fortuna que ningún albañil podría justificar con ingresos legítimos.
Debido a esto, y ante la comunicación con la Justicia federal, decidieron incautar sus bienes muebles, es decir, su parque automotor: una camioneta Toyota Hilux, un vehículo Peugeot 308, una motocicleta CB190 y una moto CG150 Titan.
La variedad y valor de estos rodados contrastaba fuertemente con los ingresos que podría generar el trabajo de albañilería, por lo que la Justicia federal inició la incorporación de pruebas por presunto lavado de dinero.
Las fuentes judiciales consultadas por este diario sospechan que Soza no operaba solo, sino que formaba parte de una red más amplia de narcotráfico que sería motivo de investigación. Su detención podría ser la punta de una organización criminal vinculada con el mundo narco con base en Mendoza.
El asesinato que cometió en julio del 2016
Soza Ramírez fue condenado a fines del 2017 en la Segunda Cámara del Crimen a 9 años de prisión por el homicidio de Cristian Alejandro Rodríguez, ocurrido un año y medio antes en Rodeo del Medio, Maipú. La Justicia dio por acreditado que Soza Ramírez atacó a la víctima con un arma blanca, causándole la muerte, mientras otro hombre lo golpeaba.
La reconstrucción del caso que instruyó el fiscal Hernán Ríos, sostuvo que el crimen ocurrió durante la madrugada del 31 de julio de 2016, en una vivienda ubicada en Callejón Molina 670, donde funcionaba un kiosco y se encontraban reunidos los tres hombres. Según la reconstrucción judicial, cerca de la 1, en medio de un encuentro informal, se desató una violenta agresión contra Rodríguez.
