La Justicia elevó a juicio la causa por el homicidio de Matías Oscar Miralles, el prestamista mendocino de 33 años que fue ejecutado a balazos en la puerta de su domicilio en Ciudad en el 2022. La investigación fiscal determinó que el crimen fue meticulosamente planificado por un grupo de personas que tenían una deuda millonaria con la víctima y querían deshacerse de sus constantes reclamos.
Las defensas se opusieron al requerimiento de elevación a juicio pero finalmente los seis acusados enfrentarán el juicio oral, entre ellos un menor de edad, sindicados como los autores materiales e intelectuales del asesinato. Así lo definió la jueza Natacha Florencia Cabeza luego de una audiencia que se celebró este martes en el Polo Judicial. De acuerdo con fuentes judiciales, la resolución es inapelable luego de las últimas modificaciones que presentó el Código Procesal Penal de la provincia.
Según la teoría del caso presentada por el fiscal de Homicidios Gustavo Pirrello, Guillermo Sosa González (43) y Cristian Ideme Parra (43) mantenían una deuda con Miralles por un préstamo de 40.000 dólares, una suma que con los intereses había crecido exponencialmente.
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De la investigación surgió que la víctima presionaba a los deudores de manera insistente, exigiéndoles pagos semanales y amenazándolos con tomar represalias si no cumplían. Días antes del ataque letal, la tensión había escalado hasta el punto de que Miralles amenazó con quedarse con una propiedad de Sosa como parte de pago.
Ante esta situación, quienes están imputados idearon un plan para asesinarlo, agrega la reconstrucción del fiscal Pirrello. Para ello, recurrieron a Jorge José Herrera Páez (49), alias “Gordo Nipo” o “Ballena”, quien trabajaba para Ideme como albañil en unas cabañas y Sosa en Tupungato.

A cambio de organizar el crimen, le ofrecieron un kilo de cocaína y dinero en efectivo. Herrera, a su vez, delegó la ejecución del homicidio en su hijastro, Lucas Segovia Contreras (24), quien buscó a dos jóvenes de su confianza: un joven de 18 años conocido con alias “Chongo” (tenía 16 al momento del hecho) y Pablo Gabriel Herrera Brizuela, de 22.
El día del crimen, Segovia les contó al Chongo y Herrera que había “un kilo de merca y plata” por matar a Miralles. Le entregó al menor una pistola calibre 9 mm y una mochila de Pedidos Ya, que serviría para disfrazarlo de repartidor y evitar sospechas. Herrera Brizuela, por su parte, condujo la moto en la que se trasladaron hasta la vivienda de la víctima.
Eran cerca de las 15 del 9 de junio de 2022 cuando la moto con los dos atacantes llegó hasta el domicilio de Miralles, ubicado en calle Montecaseros al 2800 de la Cuarta Sección. El Chongo, vestido de negro y con el casco puesto, descendió del rodado con la mochila en la espalda. Caminó hasta la puerta del departamento 2 del complejo de viviendas y golpeó. Cuando Miralles abrió, el sicario comenzó a dispararle a quemarropa sin parar.

El prestamista recibió varios disparos en el pecho, el brazo y la espalda. Gravemente herido, intentó refugiarse en el interior de su casa, pero cayó en el patio interno, donde falleció desangrado. El Chongo corrió de regreso a la moto, que lo esperaba con el motor encendido, y ambos sicarios escaparon a toda velocidad.
Vecinos que escucharon los disparos y vieron la fuga de la moto alertaron a la Policía, que llegó rápidamente al lugar. En la escena del crimen se encontraron cuatro vainas servidas calibre 9 mm y rastros de sangre que indicaban que Miralles había intentado huir antes de colapsar.
Las cámaras de seguridad registraron la llegada y huida de la moto con los atacantes. Además, las pericias balísticas demostraron que el arma utilizada en el crimen había sido usada en otros hechos violentos vinculados a la banda “Los Hijos de Nadie”, un grupo delictivo ligado a la barrabrava de Huracán Las Heras, al que pertenecerían varios de los implicados.
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Otro elemento clave fueron los mensajes recuperados del teléfono de Miralles. En los días previos al crimen, la víctima intercambió decenas de mensajes con Sosa, exigiéndole el pago de la deuda y amenazándolo con tomar su casa como compensación.
En los últimos audios enviados el mismo día del homicidio, Miralles le advertía a Sosa que iría a buscarlo si no le pagaba, pero su presunto acreedor ya había planeado el ataque, se desprende de la investigación.
Finalmente, las detenciones y allanamientos en los domicilios de los sospechosos permitieron secuestrar la mochila de Pedidos Ya utilizada en el crimen y corroborar los vínculos entre los involucrados.
El fiscal Pirrello imputó a Sosa González y a Ideme Parra como coautores del homicidio triplemente agravado por promesa remuneratoria, uso de arma de fuego y participación de un menor. La misma calificación pesa sobre Lucas Segovia Contreras, Pablo Herrera Brizuela y el Chongo. Jorge Herrera Páez, en tanto, será juzgado como instigador del crimen.

