Salas Romero mientras estaba con detención domiciliaria.

Finalmente, luego de varias idas y venidas en la Justicia provincial y también después de que el caso llegó a la Corte Suprema de la Nación, el ex celador del colegio Leonardo Murialdo Oscar Alejandro Salas Romero, quien fue condenado a 6 años de cárcel por abusar sexualmente de una pequeña alumna de cuatro años en agosto del 2018, terminará de cumplir la pena en la cárcel.

Así lo determinó este lunes el juez Sebastián Sarmiento durante una audiencia de ejecución de sentencia que se celebró en el Polo Judicial, luego de un pedido de la progenitora de la pequeña a través de la querella, representada por el abogado Gastón Andino. Con este fallo, Salas Romero permanecerá en la penitenciaría hasta agosto de este año, mes en el que está tipificado que cumpla la pena.

El celador permaneció sólo seis meses en la cárcel desde su detención, en los inicios de la investigación. Durante la instrucción liderada por la fiscal Cecilia Bignert, en febrero del 2019, logró la detención domiciliaria -el Ministerio Público se opuso- y bajo este beneficio llegó a juicio oral.

Luego de varias jornadas de proceso, el Tribunal compuesto por Eduardo Martearena, Mateo Bermejo y Belén Salido (votó en disidencia), lo halló culpable por abuso sexual agravado con acceso carnal y por encargado de la guarda. Durante los alegatos, la fiscalía había solicitado 8 años de encierro. En mayo del 2020, le impusieron la pena de seis años pero continuó con detención en el hogar porque el fallo no estaba firme.

En marzo del 2021, la Sala Penal de la Suprema Corte de Mendoza confirmó la sentencia condenatoria. Sin embargo, el abogado que tenía Salas por aquellos días, Federico Ábalos, presentó un recurso para que la Corte Nacional analice el caso.

En diciembre del 2022, con la firma de los ministros Horacio Rosatti, Juan Carlos Maqueda, Ricardo Lorenzetti y Carlos Rosenkrantz, la condena quedó firme sin otra posibilidad de presentación de apelación o recurso.

El caso volvió a estar en agenda en la provincia durante el 2023 pero la jueza Eleonora Arenas determinó que continúe con domiciliaria, sosteniendo que las demoras que presentaron las diversas resoluciones podrían afectar el proceso de resociabilización si retornaba a la cárcel. La querella y la fiscalía apelaron y un nuevo fallo que se ventiló este lunes terminó de cerrar las diferentes posturas que había sobre la causa.

El abuso en el colegio Leonardo Murialdo

El caso estalló en agosto de 2018, cuando la madre la alumna del colegio religioso guaymalllino radicó una denuncia después de que su hijita regresara a su casa sin ropa interior. La niña fue consultada por la progenitora y le dio a entender que había sido abusada.

La criatura también le aportó a su madre una descripción de la vestimenta del autor, asegurando que vestía pantalones marrones. Justamente, coincidía con el uniforme utilizado por los celadores de la institución a la que asistía.

Con ese dato, la investigación apuntó contra los ordenanzas de Murialdo y días después sindicaron a Salas como el autor. Los pesquisas tenían dos razones para colocarlo como principal sospechoso: fue captado por una cámara de seguridad cerca del baño de niñas a la hora que habría ocurrido el hecho y la descripción que realizó la víctima de sus rasgos físicos coincidía.

Salas fue capturado cuatro días después de efectuada la presentación en la Justicia.

Con el paso de los meses, tanto desde la defensa como desde la Fiscalía se fueron presentando diferentes pruebas, lo que transformó la instrucción en una verdadera batalla judicial.

Entre los elementos destacados incorporados por el Ministerio Público se destacaron los videos que tomaron las cámaras de seguridad y que muestran a Salas cerca de la escena del abuso, un sector del colegio en el que no le correspondía realizar tareas de limpieza.

A través de los mismos los investigadores establecieron la hora al que habría ocurrido la vejación, así como también la duración del mismo. Si bien no había cámaras en la zona de los baños, se comprobó que el celador tardó dos minutos y treinta segundos en atravesar un tramo en el que normalmente tardaría 15 segundos.

Los representantes legales de Salas contestaron asegurando que su cliente había tardado más de lo normal porque se detuvo a mirar un video que un compañero envió a un grupo de Whatsapp. Para dar prueba de eso, presentaron una captura de la aplicación de mensajería que mostraba que Salas había leído el mensaje a la misma hora que, según la Fiscalía, sucedió el hecho.

Esas contiendas también se trasladaron al debate, donde el acusado declaró en la primera jornada. Frente a las partes, el celador se desligó del hecho que se le acusaba y aseguró que no podrían haber sucedido en el interior del colegio, tal como lo había afirmado meses atrás en una entrevista con El Sol.