Los investigadores del crimen de Néstor Fabián el Gringo Becerra en Las Heras apuntan a un ajuste de cuentas vinculado a la comercialización de drogas. A las pocas horas de sucedido el hecho identificaron a uno de los cuatro sospechosos que llegaron en moto hasta la escena.
Hasta este miércoles por la mañana, los detectives de Homicidios de Investigaciones, liderados por la fiscal Claudia Ríos, no habían realizado detenciones. Sin embargo, la instrucción estaba encaminada.
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Son pocos los testigos que se animaron a contar quiénes serían los autores del salvaje ataque ocurrido el martes por la madrugada en una casa del barrio 8 de Abril. A pesar de esto, gracias a una serie de pruebas que se incorporaron en las últimas horas, supieron de un sujeto conocido en la zona.
Lo apodan Ñoqui –alias que ganó por formar parte de una banda con ese nombre– y tiene antecedentes carcelarios. Es más, salió de prisión hace un par de meses. Su identidad se reserva por pedido de los pesquisas pero en las próximas horas podría haber novedades acerca de su detención.
Hubo dos testigos directos, la madre y un hermano de la víctima. Y este no es un detalle menor. Gracias a una serie de aportes, los policías comenzaron a reconstruir cómo fueron las últimas horas del Gringo, quien tenía 36 años.
De acuerdo con información a la que accedió El Sol en la popular barriada lasherina, se cree que el Ñoqui y la víctima mantenían una rivalidad de vieja data. Y aportaron que protagonizaron diversos tiroteos en los que salvaron su vida de milagro.
Con respecto a la hipótesis, coincidente con la que manejan en Investigaciones, aportaron que el asesinato podría ser una venganza al estilo narco.
Lo cierto es que el Gringo Becerra fue ejecutado de seis balazos mientras dormía en una cama en la casa de su madre, en la manzana D del barrio 8 de Abril. La mujer, de 58, se encontraban también con otro hijo, de 38.
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Minutos después de las 0.30, cuatro sujetos llegaron en un par de motos de baja cilindrada –100cc y 150cc– hasta la puerta de la propiedad. Dos descendieron con armas calibre 22 y 9 milímetros y dos se quedaron esperando con los motores en marcha. El ataque estaba planeado y el objetivo era matar a Becerra.
Se metieron a los gritos y redujeron a la progenitora y al hermano del Gringo. Para frenarle el paso, dispararon contra este hombre y el proyectil le rozó el muslo izquierdo. También golpearon a la mujer.
Acto seguido, se dirigieron hasta una de las habitaciones y sorprendieron a la víctima mientras se encontraba recostada. No le dieron tiempo a reacción y dispararon, al menos, seis veces.
Los plomos impactaron en el cuello, la espalda y los brazos del Gringo. Quedó gravemente herido y los matadores huyeron de la escena.
Otros testigos apuntaron que subieron a las motos y escaparon a toda velocidad. Les perdieron el rastro pero alcanzaron a divisar algunas características de los rodados.
Después de los disparos, la víctima fue cargada en un vehículo particular y trasladada hasta el Hospital Lagomaggiore. También fueron su madre y el hermano, herido de un balazo.
Sin embargo, los médicos poco pudieron hacer para salvarle la vida al hombre de 36 años. Diagnosticaron el deceso y le realizaron curaciones a su hermano, quien prefirió abandonar el nosocomio a los pocos minutos.
Con el paso de las horas trascendió que el Gringo Becerra tenía una importante cantidad de antecedentes (robo agravado, abuso de arma, amenazas, intento de homicidio, encubrimiento, coacciones agravadas y daño) y había salido de la cárcel en agosto del año pasado.
A fines de agosto del 2018, había sido baleado a metros de su casa. Producto de los proyectiles que recibió, le amputaron un dedo y extirparon el bazo.
Por su parte, el Ñoqui también tiene condenas y dejó la prisión este año. Asimismo, integrantes de su familia están tras las rejas por diversos hechos cometidos con armas de fuego.
