El miércoles 5 octubre del 2022 y el martes 23 abril del año pasado, el módulo 4 ala 1 del complejo carcelario III, Almafuerte, quedó en la mira de los investigadores penitenciarios y federales por tema de drogas más allá del consumo intramuros. Por aquellos días, existían trabajos de inteligencia previa que apuntaban a la comercialización de sustancias de parte de un grupo de internos que actuaba en convivencia con algunos penitenciarios, tal como reveló El Sol.
Esas citadas jornadas, con seis meses de diferencia, hubo requisas y 14 reos quedaron comprometidos con las pesquisas y el secuestro de una importante cantidad de dosis de cocaína y marihuana en el interior de la misma celda, la 407.
Este lunes todos los acusados fueron condenados en un juicio abreviado que se celebró en los Tribunales federales. Hubo penas de entre 2 y 5 años de encierro por una calificación distinta a la que endilgó la fiscal Alejandra Obregón en los requerimientos de elevación a juicio (tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravada por la intervención organizada de tres o más personas y por el lugar de comisión, en calidad de coautores) y pactaron los años de encierro y la declaración de reincidencia por el delito tenencia simple.
Más allá de eso, durante las instrucciones de las causas, varios de los detenidos del caso optaron por declarar y se desligaron afirmando que no tenían nada que ver. Y apuntaron contra un interno en particular del módulo 4.1, identificado con el alias de Peter, al sostener que era el responsable de la droga que había en la celda.
Este sujeto, condenado por un asesinato en Guaymallén, es señalado como el “pluma” o “referente” del pabellón (como llaman los propios presos a los líderes de sector), y quien mantiene contacto con penitenciarios que “participan de las maniobras para que ingresen drogas, tarjetas SIM o teléfonos celulares” al citado penal ubicado en Cacheuta, Luján, sostuvieron fuentes consultadas por este diario.
Justamente, los convictos que recibieron las penas más altas de 4 y 5 años como autores continúan habitando en el mismo pabellón que está liderado por Peter. Las fuentes carcelarias agregaron que “varios de los presos son ‘perejiles’ que se hicieron cargo del delito cuando nada tenían que ver” y nunca fue investigado por las autoridades penitenciarias ni por la Justicia el llamado Peter, sospechado de ser el interno que mantendría relaciones con penitenciarios para liberar la zona para el ingreso de elementos de telefonía, estupefacientes y el comercio en pequeñas cantidades.
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Por orden cronológico, se desprende de un informe elevado por la Sección Sustancias Prohibidas del Servicio Penitenciario de Mendoza, la primera de las requisas que se desarrolló en la celda 407 del módulo 4.1 de Almafuerte, fue a las 9.35 del 5 de octubre del 2022 y permitió el secuestro de 97 envoltorios de marihuana (145 gramos) y 480 dosis de cocaína (211 gramos).
La droga se encontraba oculta en dos bolsas en el interior de un colchón. Por las declaraciones que plasmaron en el expediente los testigos (principalmente guardicárceles), ese día hubo una riña en el pabellón y dos internos terminaron recibiendo atención médica por golpes.
Ante esto, el jefe de Seguridad Interna ordenó una requisa en todas las celdas del sector. Así fue que llegaron hasta la 407, una celda donde habitaban 8 internos y sólo tenía cuatro camastros. “Algunos dormían en el piso”, describieron las fuentes de la causa.
Cuando revisaron uno de los colchones, dieron con los estupefacientes en dos bolsas. Los internos fueron identificados como Joshua Natanael Romero, Alan Sebastián Romera, Mariano Sebastián Albornoz, Yoel Matías Recalde, Agustín Michael Vedia, Cristian Daniel Ludueña, Walter Daniel González y Cristian Enzo Mercau.
Mercau, de acuerdo con la información a la que accedió este diario, recibió la pena más alta: 5 años de cárcel. El resto pactó la pena a través de sus defensas por dos años de prisión efectiva. Y les declararon la reincidencia. Durante instrucción, se desligaron asegurando que no tenían relación con el resto de los presos que habitaban en la celda y hasta señalaron al Peter como el responsable y su relación con los penitenciarios.
“En el momento de la requisa yo no estaba dentro del pabellón. Yo no tengo nada que ver con esa droga. En ese momento, en la requisa tienen que entrar filmado para ver quiénes son. Yo les pido que pidan los registros fílmicos de la requisa para que vean que yo no estaba. Esa droga no es mía, es del Peter (aportó su nombre), es otro interno del pabellón 4 módulo 1. Estoy seguro de que era de él porque yo vivía en la celda 407 y en la 408, yo lo he visto que le pasan droga los penitenciarios”, señaló uno de ellos.

Por su parte, el 24 de abril del año pasado, otros siete presos fueron sorprendidos por ocultar sustancias ilegales en el interior de un parlante de música en la citada misma celda, la 407.
En total, secuestraron 1.054 ravioles de cocaína (297 gramos) y 77 envoltorios de nylon anudados con marihuana (81). Por las pruebas que se desprenden del requerimiento de elevación a juicio de la fiscal Obregón, por la cantidad y la forma en que detectada la droga (fraccionada) se sospechaba que existía una red de comercialización interna.
Hubo una requisa y el parlante se encontraba arriba a una mesa o estantería “al alcance de todos”, por lo que se infirió que los internos que se alojaban en la celda (siete) conocían lo que ocultaban allí.
La mayoría declaró para desligarse y aseguró que desconocía que en el interior había sustancias. Dijeron que se los había regalado otro sujeto que recuperó la libertad días antes y que cumplía la función de adorno, debido a que no funcionaba.
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Al igual que en el otro expediente, uno de los internos declaró dos veces. En la segunda oportunidad, dijo que la droga de un hombre conocido como “Peter”, el señalado referente del módulo 4.1, quien en un primer momento “le había impuesto lo que tenía que declarar”.
Sin embargo, a pesar de que varios detenidos contaron que este hombre era el líder del pabellón y que tenía relación con penitenciarios, los investigadores concluyeron que no “existe en la causa un solo elemento, más la declaración de imputado, que indique que efectivamente esa persona apodada ‘Peter’ sea el dueño de los estupefacientes”.
Así las cosas, por este expediente, en el abreviado de este lunes, Leonardo Fabricio Paz recibió la pena más alta (cuatro años de cárcel) y por tenencia simple de estupefacientes.
Los otros internos, quienes pernoctaban en la misma celda, Cristian Sebastián Alejandro Olivares, Gonzalo Nicolás Roco, Cristian Enzo Mercau (también condenado en la otra causa), Brian Ariel Contrera, Humberto Jair Tamuch y Matías Ariel Benítez, pactaron 2 años de cárcel. Al igual que el resto, también se les declaró la reincidencia.
