Los robos que sufrió el comerciante quedaron registrados en una cámara de seguridad.

Martín Cristian Arangue lleva casi un mes privado de su libertad. Su caso ha generado controversia en los últimos días y potenció el debate sobre la legítima defensa y el derecho a la seguridad personal. Este hombre de 37 años fue detenido tras realizar disparos intimidatorios contra malvivientes que, según describió ante su entorno y también la Justicia, eran responsables de los robos que había sufrido en su hogar.

Personal policial lo capturó junto a otra persona mientras se movilizaba armado y el Ministerio Público lo imputó por portación ilegal de arma de guerra. Luego de ese acto procesal, terminó en la cárcel. Sin antecedentes penales, pidió que lo dejen regresar a su casa y la defensa solicitó la excarcelación. Este viernes una jueza tendrá la última palabra.

Una historia marcada por la violencia

“Lo único que hice fue tener un arma para defenderme de los tantos robos que he sufrido”, declaró Arangue en diálogo con El Sol, mientras busca dejar la cárcel. Su historia está marcada por episodios de violencia y delincuencia que afectaron su vida y su trabajo dia tras día.

Contó que en uno de los asaltos que sufrió, resultó gravemente herido y debió ser operado de los intestinos luego de permanecer en Terapia Intensiva y dos meses en sala común. En otra ocasión, mientras trabajaba como chofer de la aplicación Uber, recibió un culatazo en el rostro. “Mostré la herida en la panza y también la cicatriz en la cara”, sostuvo.

Este vecino del barrio San Martín detalló que las denuncias realizadas nunca tuvieron una respuesta efectiva y que la inseguridad lo llevó a tomar la decisión de armarse luego de uno de los hechos que sufrió en su domicilio del oeste de Capital.

“En uno de los tantos robos que sufrí tuve que cerrar mi negocio de comida y mudarme a San Luis porque me desvalijaron todo”, relató. Insistió en que la falta de respuestas por parte de la Justicia lo llevó a buscar su propia protección. “Ahora resulta que el delincuente soy yo”, se lamentó en la comunicación con este diario.

El operativo que lo llevó a la cárcel

La madrugada en que fue arrestado, el 9 de marzo, un llamado al 911 alertó sobre disparos en el popular complejo del oeste de Capital. Al llegar al lugar, personal policial que fue desplazado identificó un Fiat Cronos blanco en la rotonda de ingreso al citado complejo, y, tras una breve persecución, logró detener a Arangue y a otro hombre que, con el paso de los días, terminó recuperando la libertad.

Durante el operativo, que culminó en zona de Avenida Cooperativa, los efectivos hallaron una pistola 9mm sobre una churrasquera, frente a un quiosco, y un segundo cargador en la guantera del vehículo. La misma tenía el cargador colocado y no presentaba numeración. No tenía municiones en el almacén ni en la recámara.

El comerciante admitió haber efectuado los disparos intimidatorios mientras se encontraba en búsqueda de los ladrones, pero aseguró que su intención nunca fue herir a nadie, sino únicamente ahuyentar a quienes, según él, lo habían robado en reiteradas ocasiones. “No maté a nadie, no lesioné a nadie, ni causé ningún daño”, subrayó.

Padre de tres hijos de 5, 10 y 15 años, afirmó que su situación procesal afecta a su familia. “Soy el sostén de ellos y ahora están sufriendo”, expresó con preocupación. Admitió que portar un arma sin papeles fue un error, pero insistió en que su intención nunca fue cometer un delito, sino protegerse de la inseguridad que, según su testimonio, viene marcando su vida desde hace años.

“Soy un hombre de trabajo, toda la vida he trabajado, trabajo desde los doce años en el negocio de mi papá repartiendo carne, tengo tres hijos por los cuales soy el sostén de la casa, el hombre que lleva la casa a cargo y la verdad es que estoy cansado de que me roben por eso hice lo que hice“, declaró en sede judicial.

El fiscal Gabriel Blanco lo imputó y ordenó su detención. En tanto, su abogado, Juan Franco Ferraris, primero solicitó la excarcelación y luego un control jurisdiccional para que la jueza Alejandra Mauricio revise su situación en el expediente. Previamente, había ofrecido pagar una fianza para enfrentar la instrucción en libertad.

Arangue concluyó su declaración con un pedido a la Justicia, un día antes de que se desarrolle la audiencia en el Polo Judicial: “Tengo una escuelita de fútbol donde le doy gratuitamente a los chicos clases de fútbol, y la verdad que bueno, yo creo que no merezco ser parte de donde estoy ahora y necesito que quien tenga la potestad por mí, que me de la libertad, la verdad que yo no me voy a escapar a ningún lado y voy a tratar de hacer lo que me diga la Justicia si es que me la dan, como he hecho toda mi vida”.