Lucas y Diego Bazán y Matías Herrera, sentenciados.

En enero de este año, Ariel Oropeza Acuña emigró desde su Bolivia natal hacia la provincia Mendoza en busca de oportunidades laborales. El joven, de 22 años, se quedó a vivir en la casa de un familiar en Lavalle y comenzó a trabajar como jornalero.

Con gran esfuerzo, ahorró gran parte del dinero que ganaba como obrero rural, pero a mediados de abril se encontró con la muerte cuando un grupo de delincuentes irrumpieron en el domicilio donde estaba parando y lo acribillaron de tres balazos.

Los malvivientes fueron por los 100 mil pesos que Oropeza Acuña tenía guardados y huyeron con ese botín a bordo de un vehículo utilitario. Un tío de la víctima los reconoció, aportó sus identidades y cayeron a los pocos días.

Oropeza, la víctima, tenía 22 años.

En los últimos días, poco más de medio año después del hecho de sangre, la causa que lideró la fiscal de Homicidios Andrea Lazo se resolvió mediante un juicio abreviado en el que los tres detenidos reconocieron la autoría por el delito de homicidio en ocasión de robo.

Matías Gustavo Herrera y Lucas Hernán Bazán acordaron penas de 17 años; mientras que el hermano de este último, Diego Iván Bazán, pactó un castigo de 9 años, que se unificó en un total de 16 años y 6 meses con una condena anterior y le declararon la reincidencia.

La audiencia fue presidida por la jueza Mariana Gardey, del Juzgado Penal Colegiado Nº 1, quien homologó el acuerdo entre la Fiscalía y los defensores y dictó la sentencia contra los tres acusados.

Preparados para delinquir

El asesinato de Oropeza Acuña ocurrió el miércoles 20 de abril. Ese día, cerca de las 21, los malvivientes llegaron a bordo de un Renault Kangoo roja al domicilio de su tío, en el lote 17 del barrio Los Olivos.

En el interior se encontraban la víctima y su familiar, quienes habían estado consumiendo bebidas alcohólicas. Justo cuando el tío entró al baño, los tres asaltantes irrumpieron en la propiedad.

Valiéndose de armas de fuego abordaron a Oropeza Acuña y le exigieron su dinero. El joven boliviano ofreció resistencia y uno de los maleantes le propinó tres disparos: uno en el pecho y dos en un hombro.

Acto seguido, tomaron los ahorros de la víctima y se dieron a la fuga. Fue allí cuando el familiar del joven salió del sanitario, observó a los autores escapando en el utilitario y encontró a su sobrino gravemente herido.

Parte del dinero sustraído fue recuperado.

El jornalero fue trasladado en un vehículo particular hasta el Hospital Sícoli. Allí le practicaron las primeras curaciones y lo derivaron al Hospital Central, donde falleció a raíz de las lesiones sufridas.

A través del testimonio del tío de Oropeza Acuña, quien aseguró conocer a los delincuentes que le quitaron la vida a sus sobrinos, se los identificó rápidamente.

Fue así que el 25 de abril personal de la División Homicidios desarrolló allanamientos en el barrio Jorge Newbery de El Algarrobal, Las Heras, donde cayeron Diego Bazán y Herrera.

En las medidas secuestraron una serie de elementos que los complicaron: dos pistolas Bersa calibre 22, un revólver calibre 32, una pistola calibre 45 y otra de 9 milímetros, con inscripción de la Policía Federal Argentina (PFA).

Armas, municiones, dinero, marihuana y otros elementos incautados en los procedimientos.

También dieron con municiones, un handy, varios celulares, frascos de marihuana y 139.400 pesos en billetes. Todo apuntaba que era el armamento que usaban para perpetrar golpes delictivos y el dinero había sido obtenido en diferentes hechos.

Por su parte, exactamente un mes después del crimen, fue capturado Lucas Bazán en el barrio Santa Teresita.

En principio, los tres sospechosos fueron imputados por homicidio criminis causa, delito que prevé como única pena la prisión perpetua.

No obstante, a medida que avanzó la instrucción, el avoque cambió a homicidio en ocasión de robo, calificación por la que terminaron condenados.