Hace poco más de dos meses, Diego Armado Caballero Plaza (35) se unió a un grupo de Facebook llamado “Búsqueda de trabajos en zona San Martín, Junín y Rivadavia”. Los detectives del caso creen que, en principio, lo hizo con el mismo objetivo que los casi 10.000 usuarios que lo conforman, es decir, para encontrar alguna oportunidad laboral.

Pero, con el paso de las semanas, su actividad en el grupo se volvió cada más sospechosa y comenzó a utilizar varios perfiles alternativos en poco tiempo. Estiman que fue a partir de entonces que pudo comenzar a planificar el engaño que desembocó en el femicidio de Carla Agostina Trigo, la joven madre de 22 años que fue asesinada a comienzos de este mes en el Este provincial y cuyo caso conmocionó al país.

El análisis de redes sociales fue clave para la causa. Tanto es así que el ministro de Seguridad, Raúl Levrino, y el jefe de fiscales de San Martín-La Colonia, Oscar Sívori, calificaron el crimen como un ciberdelito.

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Por eso, se puso a disposición de los pesquisas del Este todo el aparato de la División Delitos Tecnológicos de la Policía de Mendoza. Los especialistas pasaron largas horas analizando dispositivos electrónicos, chats, perfiles y todo tipo de actividad en Facebook que pudiera ayudar a resolver el asesinato.

Justamente, la llave para destrabar la investigación llegó desde la cuenta de la propia víctima, la cual se reactivó el martes de la semana pasada, seis días después del hallazgo del cadáver en un galpón abandonado en la localidad de El Ramblón.

La hipótesis es que Caballero, quien este martes quedó alojado en el penal de San Felipe, ingresó desde el celular de Agostina y comenzó a escribirles, a través de Messenger, a diferentes contactos, preferencialmente del círculo íntimo. Mediante esos mensajes, aportó información falsa con la intención de confundir a los detectives del caso.

Básicamente, aseguraba ser una persona que tuvo una participación indirecta en el hecho de sangre y sindicaba como autor a un hombre de apellido Morales, de quien brindó el número telefónico.

Pero, lejos de desviar la instrucción, los datos permitieron que las autoridades llegaran a su nombre, y condujo directamente a los sabuesos a su casa, donde hallaron tres tarjetas SIM –que probablemente usaba para contactar a sus potenciales víctimas– y un trozo de papel con el nombre de Agostina, su número de celular y la frase “busca trabajo”, en el interior de su billetera.

Luego de la captura y el posterior ADN positivo que lo comprometió fuertemente en el expediente, se continuó profundizando sobre la actividad de Caballero en la red social creada por Mark Zuckerberg.

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Ese análisis permitió establecer que el sujeto contaba con cuatro perfiles diferentes a su nombre, aunque se cree que, para establecer contacto, lo hizo con una cuenta en la que utilizaba un alias.

En esos cuatro usuarios jamás colocó una foto propia. Optaba por no subir fotografías o, directamente, poner la de un niño, que sería su hijo. Sólo en una de esas imágenes se puede apreciar parte de su rostro, pero no la totalidad como para lograr identificarlo.

Fue con esos perfiles con los que se introdujo en el grupo donde Agostina publicó el 22 de junio su búsqueda laboral: “Hola busco trabajo en lo que sea. Tengo experiencia en niñera atención al público y geriátricos y atención al cliente, cuidado de abuelos. Full time. Tengo 22 años” (sic).

Por aquellos días, Caballero también hizo posteos en ese lugar. “Busco trabajo en viña o contrato”, escribió el 10 de mayo. Luego, el 21 y el 28 volvió a subir mensajes similares desde dos perfiles diferentes.

Los investigadores no están seguros de si realmente necesitaba trabajo o si lo hizo para despistar, pero lo cierto es que por esos días tomó contacto con la publicación de Trigo y empezó a escribirle. Se hizo pasar por un camionero, le aseguró que necesitaba una niñera para sus dos hijas, a quienes no podía cuidar por los viajes que hacía permanentemente.

Luego de varios días intercambiando mensajes, se ganó la confianza de la chica y la citó el domingo 3 por la noche a la plaza de Buen Orden con la excusa de que sólo tenía algunas horas antes de partir nuevamente en su camión y que debía enseñarle cómo llegar a su domicilio, ya que se trataba de una zona rural.

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Agostina fue hasta ese lugar y nada más se supo de ella hasta que su cadáver fue hallado el miércoles 6, no muy lejos del lugar al que se dirigió en colectivo con la esperanza de conseguir un trabajo y ganar dinero para mantener a su hijito.

Por su parte, otra particularidad que llamó la atención de los investigadores fue que entre los amigos de Caballero en Facebook había una gran cantidad de mujeres jóvenes, muchas menores de edad, tanto de Mendoza como de otras provincias y países.

Se trata de un dato significativo para los funcionarios a cargo de la causa ya que no descartan que puedan sumarse otras víctimas. Lo más probable es que se trate de jóvenes contra las que no se alcanzó a cometer un delito, pero que pudieron haber sido contactadas por el acusado. En caso de que así sea, podrían presentarse a declarar y brindar aún más prueba en contra del sindicado femicida.

“Podemos estar frente a un chacal”, confió a El Sol una alta fuente de la instrucción, haciendo referencia a que el imputado podría haber estado “cazando” mujeres en las redes sociales para engañarlas, tomar contacto con ellas y así menoscabar su integridad sexual.

El caso

El domingo 3 de este mes, Agostina intercambió una serie de mensajes con el hombre que le había ofrecido trabajo a través de su posteo en Facebook.

El sujeto le dijo que tenía un tiempo para reunirse ese día, después de las 20, por lo que la joven tomó un colectivo a pocas cuadras de su casa y se dirigió hasta la plaza de Buen Orden.

Cuando bajó del ómnibus, la muchacha tuvo un último contacto con su abuela, a quien le explicó que estaba esperando que la pasaran a buscar. Minutos más tarde, dejó de contestar y su familia no tuvo más noticias sobre ella.

Durante la madrugada y la mañana del día siguiente, sus parientes insistieron llamándola y enviándole mensajes, pero su teléfono se encontraba apagado. Por eso, cerca de la noche del lunes radicaron la denuncia de paradero.

A partir de entonces se inició una intensa búsqueda, que terminó el miércoles con el hallazgo del cadáver en una construcción en desuso de calle Robert y carril Norte, a unos 4 kilómetros de la plaza donde fue vista con vida por última vez.

El cuerpo presentaba un golpe en la nuca y cuatro heridas de arma blanca, que fueron letales. Durante la necropsia también se hallaron restos de semen, pero los peritos no lograron establecer si hubo un abuso sexual previo al asesinato.