El 27 de noviembre del año pasado, el joven albañil Carlos Alberto Álvarez recibió dos certeros disparos: uno en la sien y otro en el tórax. Murió en el acto. En ese momento, el móvil del crimen era incierto. Siete días después del episodio, efectivos de Investigaciones apresaron al único sospechoso de apretar el gatillo del revólver calibre 32 en Acceso Este y Tirasso, en Guaymallén.
A partir de hoy a las 9, el imputado por el delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego, Alejandro Sambrana, se sentará en el banquillo de los acusados de la Primera Cámara del Crimen, presidida en esta ocasión por Julio Carrizo e integrada por magistrados Lila Vila y Víctor Comeglio. Arriesga 33 años de máxima si es encontrado culpable. A las pocas horas del asesinato, los pesquisas comenzaron a trabajar en la recolección de pruebas y se llegó a la conclusión de que el ataque había sido pasional.
La víctima habría mantenido una relación sentimental con la esposa de Sambrana y esto le habría costado la vida. Esta hipótesis se logró develar gracias a que el fiscal especial Daniel Carniello ordenó el análisis del celular de la Álvarez. En el teléfono aparecieron llamadas y mensajes de texto enviados al aparato del presunto victimario. En uno de los mensajes de texto se pacta ba el día (27 de noviembre), la hora (22) y el lugar de encuentro (Acceso Este casi Tirasso).Allí fue hallado,por un efectivo que pasaba por la zona, el cadáver de Álvarez en el interior de su auto, un Fiat Uno blanco. El caso se resolvió prácticamente en una semana.
El fiscal mantuvo en secreto las testimoniales que había ordenado y, tras un allanamiento en la vivienda de Sambrana, se encontró enterrada en el patio la que sería el arma homicida, un calibre 32. De inmediato se ordenó la detención de Sambrana y esa misma jornada, el supuesto matador cayó apresado antes de ingresar a su trabajo del depósito que la cadena de supermercados Vea tiene sobre el Acceso Este.
