“Yo soy el número 1, pa. No aflojo un día. Disculpá, tengo todo controlado”.
Escuchas telefónicas y trabajos de campo. Identificación de sospechosos, allanamientos y secuestro de objetos electrónicos y documentos para peritar. El resultado de las medidas permitió confirmar en julio de este año que en Capital de la provincia existía una organización delictiva dedicada –mayormente– a la compra y venta de moneda extranjera y oro que contaba con una ayuda fundamental para que su estructura funcionara: un alto jefe policial federal que liberaba la zona y avisaba a los señalados dueños de los locales donde se movían los miles de dólares, euros y pesos, sobre cualquier tipo de inspección municipal o pesquisa uniformada que podría perjudicarlos.
Hace pocos días, el juez federal Marcelo Garnica procesó a 14 sospechosos por distintas calificaciones en la llamada causa de las coimas en la Policía Federal y les trabó a todos embargos que parten desde los 100.000 pesos y llegan hasta los 30 millones de pesos.
Las más duras recayeron sobre Nicolás Bazán (25) y Renzo González (27) y el máximo responsable de la Policía Federal de Mendoza, Dino Enzo Rossignoli (49).
El trío está privado de la libertad en la cárcel federal de Cacheuta desde el 14 de setiembre, cuando se desplegó la segunda tanda de allanamientos en casas de cambio truchas y bares de Ciudad. Bazán se creía intocable y así se lo hacía saber a su padre en algunas comunicaciones, afirmando que “era el número 1”, pero el castillo que construyó en pocos meses se desmoronó cuando le hicieron decenas de allanamientos.
Este diario informó esta semana sobre la resolución del titular del Juzgado Federal Nº3 de la provincia y el alcance que tuvo contra todos los imputados. El magistrado confirmó las acusaciones de asociación ilícita, lavado de dinero, cohecho y también por tenencia de estupefacientes (en alguno de los casos) que recayeron sobre los citados, algunos de sus presuntos testaferros y un par de policías retirados de la provincia, y argumentó sus motivos.
La instrucción tiene la base en el material probatorio incorporado durante meses por la Policía contra el Narcotráfico (PCN), que lideró la investigación desde los inicios de la pandemia por la sospecha de comercio de divisas de forma ilícita a través de joyerías con la razón social Stefano Cannella y Vía Roma que actuaban como pantalla.
Básicamente, trabajaron una denuncia anónima que había ingresado por venta de drogas y terminaron descubrieron que dos jóvenes lideraban una banda a través de casas de cambio ilegales que abundaban en el centro y crecieron en el inicio del 2020 al mismo ritmo que el coronavirus.
Una de las pruebas fundamentales, además de un cuaderno secuestrado el 6 de julio en uno de los locales ubicado sobre calle Catamarca de Ciudad, que registraba presuntos pagos de las coimas al jefe de la Policía Federal, fueron escuchas telefónicas y análisis de mensajes de texto de la aplicación WhastApp hallados en los teléfonos celulares incautados de los sospechosos.
En un primer análisis demostraron la relación entre los jóvenes Bazány González y cuál era la actividad a la que se dedicaban –están procesados como jefes de la banda–, el vínculo que existía con Rossignoli y el modus operandi que tenían con una joven contadora para el lavado de capitales, identificada como María José Degregorio, y también procesada como integrante de la asociación ilícita.
El Sol accedió a las transcripciones de las escuchas y de los mensajes de texto que forman parte de la causa que lidera Garnica. Por citar algunas, se destacan una conversación entre una persona no identificada y Renzo González, socio de Nicolás, el 6 de mayo a las 15.30, debido a que confirma que el joven comercializaba moneda extranjera.
NN llama a Renzo y se saludan.
–NN:¿Renzo?
Renzo asiste.
–NN: Eh, mirá, te llamaba para consultarte el precio del dólar para poder comprar.
–R: ¿Qué querés comprar vos?
NN afirma.
–R: 148 estamos vendiendo.
–NN: Ciento cuarenta y ocho, listo.
–R: Si es una cantidad te puedo hacer un puntito menos, ciento cuarenta y siete, no hay problema.
–NN: ¿Vos estás ahí en la avenida San Martín?
–R: Sí, de la primera oficina a mano izquierda.
–NN: Stefano.
–R: En Stefano, y si no también estoy en Catamarca 49 a la vuelta; Stefano también se llama.
Otra de las conversaciones registradas, que fue importante para llegar al procesamiento con prisión preventiva, fue una registrada el 4 de junio a las 10.47. El protagonista fue el otro dueño de las joyerías, Nicolás Bazán. Este diálogo, como tantos otros que forman parte del expediente, también confirmó que se dedicaba a la venta de dólares y euros y que era uno de los responsables a la hora de tomar decisiones.
NN llama a Nicolás Bazán.
–NN: El Turco me pregunta a cuánto le vendemos ochocientos mil chilenos.
–Nicolás: Noventa y cinco.
Después vuelve a llamar y le pregunta, luego de saludarse.
–¿Le podemos vender diez mil dólares (no se interpreta), allá en Catamarca (no se interpreta).
–N: Vendele, loco.
–NN:Dale.
De la investigación surge una serie de conversaciones entre Bazán y González en la que hablan de sus actividades y de terceros que podrían estar involucrados con su modus operandi. Siempre, conversando con la base de las operaciones de compra y venta de dólares por montos importantes.
“La actividad les estaba generando un rédito económico considerable, con el cual a su vez habrían adquirido diversos inmuebles y vehículos, como así también se expandían hacia nuevos negocios, como el bar La Rosa, el boliche Praga, la Rosa Club y, además, abrían nuevas joyerías, formando sociedades con algunos miembros de la asociación ilícita…”, señala la resolución del juez Garnica. Y agrega: “(…) Que funcionaban como ‘pantallas’ de casas de cambio ilegal”.
Esto, sostiene la investigación, les permitió a ambos jóvenes un crecimiento patrimonial exponencial de la organización que lideraban. Bazán y González contaban con una red de empleados que se conoce comúnmente como “arbolitos” con el objetivo de captar clientes. Se encontraban en las fachadas de los negocios y no comercializaban joyas en los locales, tal como habían sido habilitados.
Otras de las charlas entre Bazán y González sirvieron para conocer que movían grandes sumas de dinero en dólares y que podrían estar involucrados en el contrabando de divisas a otras provincias y Chile a través de camioneros que contrataban. También, sobre problemas que surgían con las maniobras ilegales.
–Bazán: Escuchame, brother, tenemos un problemita acá.
–González: Te escucho, decime.
–B: Debemos ciento cincuenta mil dólares y no los tenemos.
–G: Qué culiado, y ¿no se sabe nada del paso?
–B: No, todavía no.
–G: La concha de su madre. ¿Qué decís vos?
–B: Y, que estamos hasta la mitad más uno, yo voy a avisarle a mi viejo, me voy a desaparecer y voy a apagar el celular.
–G: Es que no se sabe cuánto va a estar el paso cerrado. Bueno, ahí voy, ahí voy. Me pego un baño y voy para allá.
La pata policial
La investigación de la PCN apuntó rápidamente hacia el jefe de la Policía Federal de Mendoza luego de que secuestran un libro en la joyería de calle Catamarca con anotaciones de lo que sería el pago de coimas.
Esa prueba, que ya fue revelada por este diario, se analizó en su conjunto con el resultado de los peritajes al teléfono de Nicolás Bazán, cuando fue secuestrado el 6 de julio durante los primeros allanamientos a la organización.
Para los investigadores policiales y judiciales no hubo dudas: el comisario Dino Rossignoli le cobraba a la organización que lideraban Bazán y González alrededor de mil dólares por mes a cambio de brindar información sobre posibles procedimientos policiales y avances en expedientes en la Justicia.
Esto, para los detectives, era una suerte de cobertura tendiente a minimizar los riesgos y consecuencias que podría sufrir la organización, tal como explicó el juez federal Garnica.
Un chat registrado el 28 de marzo entre Rossignoli y Bazán fue otra de las pruebas más destacadas de la instrucción para confirmar que existía una relación cercana.
“Te aviso que mañana a la mañana hay movimiento. Entrá las mesas hasta el mediodía. Va la muni”, escribió el comisario a Bazán. Le advertía sobre allanamientos y Bazán respondía textualmente: “Buenas, disculpá, he perdido un par de números, me dirías tu nombre. La respuesta que salió del teléfono del comisario fue inmediata: “El del café. Mañana pasan unos amigos tipo 10. Después te llamo y hablamos. Saludos”.
Un día después, Bazán continuó con la chala: “Estamos clausurados. Por un movimiento político. Ya mañana vamos a capital, abrazo”. Rossignoli respondió: “Ok saludos”.
Por su parte, el 11 de abril se detectó otra conversación a través del servicio de mensajería. Primero, Rossignoli saludó y preguntó: “Hola, Nico, cómo estás. ¿Che, esta tarde nos tomamos un café? La respuesta de Bazán fue que se encontraba en Buenos Aires.
El 19 de ese mismo mes, el comisario federal volvió a iniciar una conversación con el joven Bazán. “¿Cómo estás para un café?
–Bazán:¿A qué hora te parece?
–Rossignoli: ¿11.30?
–B: Dale, 11 y media nos vemos, dale, dale.
–R:¿En Zitto?
–B: Dale, ok, te veo ahí.
–R: Che, mejor vamos a La Liga, Garibaldi casi San Juan. Puede ser…
–R: Ya estoy.
–B: Estoy yendo.
Así las cosas, tanto los señalados jefes de la banda como el comisario han preferido el silencio en la causa. De acuerdo con fuentes judiciales, todavía no han optado por declarar y dar su versión de los hechos.
En detalle
La investigación de la PCN nació el año pasado y se profundizó cuando detectaron que algunas joyerías eran una pantalla para la compra venta de dólares y euros.
El 6 de julio se desarrollaron 22 allanamientos en el Gran Mendoza. Los comercios ubicados en calles Catamarca, 9 de Julio y Godoy Cruz, por citar algunos, recibieron la “visita” de personal de la PCN.
El resultado de las medidas arrojó el secuestro de 4.100.000 pesos argentinos, 49.900 dólares estadounidenses, 7.480 euros, 19 máquinas de contar dinero, 2 armas de fuego, 21 cartuchos calibre 9mm, 41 equipos electrónicos, 11 equipos informáticos, 4 balanzas, 100 gramos de cannabis, 6 plantas de cannabis sativa, dos dosis de MDMA (éxtasis) y 4 cartuchos vaporizadores de tetrahidrocannabinol (THC).
También incautaron teléfonos celulares y documentación sobre los movimientos de entrada y salida de dinero en las cuevas.
Con esas pruebas, solicitaron su captura y la misma se hizo efectiva en la mañana del 14 de ese mes en su domicilio de calle Pablo Iglesias de Godoy Cruz. Cuando allanaron su despacho de calle Perú 1049 de Ciudad, descubrieron que tenía 21.560 dólares y joyas que iban a ser peritadas.
No solo eso, una auditoría interna reveló que faltaba dinero de un allanamiento por mercadería trucha que había realizado la Policía Federal en el 2020, lo que motivó una nueva denuncia en su contra, tal como reveló El Sol.
