Emiliano Nicolás Vera Aballay volvió a pisar los Tribunales Federales de Mendoza, y esta vez el juez Alejandro Waldo Piña lo sentenció a dos años y seis meses de prisión efectiva por tenencia simple de estupefacientes. La condena llegó a principios de este mes, tras un juicio que duró dos días y desnudó una vez más el círculo delictivo en la que este hombre de 31 años parece atrapado desde hace más de una década, vinculado con hechos de inseguridad y tenencia de drogas para la venta. No sólo en la calle, también cuando cumplía sus penas en prisión.
La madrugada del 30 de noviembre del año pasado marcó su última caída. Eran las dos y media cuando personal de la Unidad de Acción Preventiva (UAP) fue alertado por disturbios en una plaza del barrio San Eduardo, en Maipú.
Al llegar, un grupo de hombres huyó corriendo y un taxi abandonó el lugar. Minutos después, los uniformados volvieron a divisar ese mismo vehículo sobre calle principal de la zona, que corre de sur a norte y viceversa, Gabrielli.
Vera Aballay descendió del auto para encontrarse con dos individuos en la esquina, pero al ver el móvil policial intentó regresar corriendo al taxi. No llegó a tiempo. Lo detuvieron en el acto.
En el asiento del acompañante había una mochila. Dentro, noventa envoltorios: ochenta en papel glasé y diez bolsitas de nailon que contenían en total 51,78 gramos de cocaína. El taxista declaró que Vera subió con una mujer y le pidió permiso para dejar la mochila adelante. El conductor dijo que no sabía qué transportaba.
Durante el juicio que se desarrolló en el Tribunal Oral Federal Nº2, la defensa intentó instalar una versión alternativa. El abogado Martín Ríos presentó testigos que aseguraron que la mochila no era de Vera Aballay, que se la había dado un obrero que trabajaba en su casa y que desconocía su contenido. Incluso declaró un hombre que dijo ser el dueño de la droga y que la había comprado con otros adictos. Aseguró que se la dio al acusado para que se la llevara a un empleado que se la había olvidado.
El juez Piña no les creyó. El testigo nunca individualizó al supuesto destinatario ni supo dar su dirección. Además, no llevaba dinero encima, como hubiera sido lógico si iba a cobrar algo a cambio del favor, se desprende de los fundamentos del fallo.
También declaró la ex pareja de Vera, quien iba con él en el taxi esa noche con los brazos enyesados. Su relato fue confuso, incapaz de precisar los recorridos que hicieron antes de la detención. La historia de que recibieron la mochila cerca de medianoche en una obra en construcción del carril Urquiza le pareció al magistrado poco verosímil.
La fiscal Patricia Santoni reconstruyó durante el proceso una trayectoria criminal que comenzó años atrás. Vera Aballay había sido condenado en 2016 por la Sexta Cámara del Crimen a siete años y diez meses de prisión por robos agravados. Trabajaba en un taller de chapería y pintura cuando lo detuvieron. Vivía con su familia en Villa Nueva, Guaymallén, y participó en asaltos cometidos en banda y en poblado.
Pero la cárcel no lo reformó. Terminó alojado en la penitenciaría de Almafuerte y allí se convirtió en vendedor de estupefacientes. El 21 de septiembre de 2017, durante una requisa de rutina en el módulo 2, ala 1, el personal penitenciario encontró marihuana escondida en su colchón. Ciento cuarenta envoltorios de nailon con 81 gramos de cannabis fraccionado. Cuando le preguntaron de quién era, admitió que parte era suya, aunque intentó decir que el resto pertenecía a otros reclusos.
En noviembre de 2018, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 1 lo condenó a seis años por tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravado por haberse cometido en un lugar de detención. Los jueces María Paula Marisi, el mismo Alejandro Waldo Piña, que ahora volvió a juzgarlo, y Alberto Daniel Careli unificaron esa pena con la anterior y le impusieron diez años de encierro. Cumplió esa condena el 19 de julio de 2024.
Cayó por un asalto, se hizo dealer en prisión y terminó condenado a 10 años
Emiliano Nicolás Vera Aballay (24) trabajaba en un taller de chapería y pintura cuando personal policial lo detuvo por una serie de hechos delictivos, entre ellos, un asalto. Vivía con su familia en Villa Nueva, Guaymallén, y, el 2 de junio del…
Apenas cuatro meses después, el 30 de noviembre, volvió a caer con la mochila llena de cocaína. Y el ciclo no se detuvo allí. El 6 de julio de este año fue detenido nuevamente y a principios de este mes lo condenaron a un año y cuatro meses de prisión efectiva por encubrimiento simple en concurso real con resistencia a la autoridad.
De los fundamentos se desprende que durante el último juicio, Vera Aballay mintió. Dijo que estaba en Buenos Aires trabajando cuando en realidad se encontraba detenido. Esa actitud especulativa, como la calificó la fiscal Santoni, terminó pesando en la balanza a la hora de fijar la pena.
El Ministerio Público había pedido tres años de prisión y terminó condenado a dos años y seis meses, valorando su juventud como atenuante pero considerando su extenso prontuario, su reincidencia y las bajas expectativas de que cumpla la ley.
La sentencia declaró formalmente su reincidencia porque al momento de cometer este nuevo delito no había transcurrido el plazo que se exige desde su última condena. De acuerdo con lo aportado por fuentes del caso, una vez que la resolución quede firme, se realizará la unificación de penas correspondiente con la condena recibida en julio pasado.
