Emiliano Nicolás Vera Aballay (24) trabajaba en un taller de chapería y pintura cuando personal policial lo detuvo por una serie de hechos delictivos, entre ellos, un asalto.

Vivía con su familia en Villa Nueva, Guaymallén, y, el 2 de junio del 2016, la Sexta Cámara en lo Criminal lo halló culpable y lo condenó a siete años y diez meses de cárcel por los delitos de robo agravado por ser en poblado y en banda (participación de tres o más personas) y robo simple en grado de tentativa.

Cuando quedó alojado a la penitenciaría de Almafuerte se hizo vendedor de estupefacientes “para sobrevivir intramuros”, describieron fuentes consultadas por El Sol.

Hace poco más de un año, personal penitenciario descubrió sus actividades ilegales en el módulo donde se encontraba alojado y le secuestró una importante cantidad de marihuana fraccionada. Él se defendió afirmando que la droga era para consumo personal, pero, el modo en el que se encontraba y el fraccionamiento lo terminaron complicando en la causa.

Vera Aballay llegó a juicio hace días en la Justicia federal y terminó condenado a la pena única y unificada de diez años de encierro, después de que los jueces María Paula Marisi, Alejandro Waldo Piña y Alberto Daniel Careli le impusieran seis años por tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravado por haber sido cometido en lugar de detención.

La historia relacionada a la venta de drogas dentro de la prisión de Vera Aballay tiene su inicio cuando un grupo de penitenciarios realizó una requisa de rutina a las 11 del 21 de setiembre del año pasado. Cuando los uniformados llegaron hasta el Ala 1 del módulo 2, se encontraron con Vera Aballay.

Le pidieron que se quedara durante la requisa y detectaron que escondía marihuana en el colchón donde dormía. Se trataba de una importante cantidad de esa droga que se hallaba fraccionada en 140 envoltorios de nailon (81 gramos).

En el juicio que se celebró declaró uno de los penitenciarios que trabajaron ese día con el Sección Especial de Requisa (SER) y aclaró antes las partes que le preguntó de quién era la sustancia vegetal detectada y que Vera respondió que parte de la droga era de él.

También declaró en el proceso oral una auxiliar de la Dirección de Lucha contra el Narcotráfico e indicó que se dirigió hasta la penitenciaría ubicada en Cacheuta para confirmar si se trataba de marihuana, mediante el test orientativo, y que por su aroma, textura y color lo era.

Incorporadas todas las pruebas, para la fiscalía no quedaron dudas de la autoría del delito. El Ministerio Público explicó en los alegatos que, por la forma en que se encontraba la droga (fraccionada) y la cantidad, estaba claro que no era para consumo personal.

Los jueces coincidieron con la acusación y valoraron la declaración de Vera Aballay –quien reconoció que en el interior de la celda había marihuana y que parte era para uso personal (agregó que el resto era de otros reclusos)– a la hora de dictar la sentencia.

Es más, aclararon que esta última parte de la declaración era un intento para desligarse de la responsabilidad penal.

El tribunal lo condenó a 6 años de cárcel y también le fijó una multa de 168.750 mil pesos. Además, tuvo que realizar la unificación de pena debido que contaba con una anterior por robos.

La fiscalía entendió que debían ser doce años de encierro, pero la defensa pidió que sean siete años y diez meses. Sin embargo, los jueces resolvieron declarar la reincidencia y que cumpla 10 años.