El viernes, el gobernador Rodolfo Suarez emprende una misión de cinco días a Canadá. Junto con Enrique Vaquié, el ministro de Economía, y Emilio Guiñazú, el presidente de Potasio Río Colorado (PRC), llegarán a la feria minera más grande del mundo, que organiza la Asociación de Prospectores y Desarrolladores de Canadá (PDAC), con la esperanza de interesar a algún inversor que se asocie con la Provincia en la explotación de la mina de sales de potasio de Malargüe, la misma que los brasileños de Vale abandonaron a mediados del 2012 y de la que se hizo cargo el Estado mendocino, tras una negociación por la cual los brasileños cedieron el yacimiento y los inmuebles que habían construido a cambio de evitar una demanda en su contra.
Cuando la Vale se retiró de Malargüe, dejando varios millones de dólares invertidos en la construcción del yacimiento y miles de sueños hecho añicos en empleados, profesionales de todo tipo y empresas de servicio de diferente escala, el valor internacional del potasio estaba en picada y el hierro, el producto insignia de la minera, por las nubes. Hoy, el precio del fertilizante vuela debido a un par de razones particularmente: la sequía en los países del hemisferio sur ha obligado a hacer uso del potasio y, como consecuencia de la invasión de Rusia a Ucrania, el proveedor de trigo y harina de Europa, ha forzado a buena parte del mundo a producir granos, y a los que ya lo producen, a multiplicar sus niveles de productividad, para lo que han tenido que recurrir al uso de fertilizantes, como el potasio. Por eso, en el Gobierno dicen que Suarez puede traerse de Canadá buenas noticias para el yacimiento que, cuando menos, requeriría de unos 200 millones de dólares para ponerlo en marcha para producir.
Hay que decir que no todas las misiones económicas internacionales que ha realizado y realiza Mendoza han regresado –y regresan– con las alforjas llenas. Varias retornan tal como se fueron, aunque con la tarea de haber dejado un dato, una señal y una invitación. Otras permiten que los privados que suelen subirse a los aviones y ser parte de estos viajes se presenten con el respaldo de un Estado detrás y, en ese sentido Mendoza, no es igual a Argentina. Aunque cueste admitirlo o creerlo, la Provincia cuenta con un nivel de aceptación y de credibilidad mucho más elevado que el de la media nacional. Otras misiones vuelven con resultados que se reparten entre buenos y malos y otras, lisa y llanamente, quedan en el olvido.
Sobre esta apuesta a Canadá hay cierta prudencia y también interpretaciones disímiles sobre lo que pueda deparar. Entre siete y once compañías mineras, que serán parte de la feria y se reunirán con Suarez, Vaquié y Guiñazú, han mostrado interés en el emprendimiento mendocino. En la intimidad, la Gobernación deja trascender que se está ante el posible encuentro con un inversor; pero Guiñazú, en un reciente foro minero que organizó Asinmet, evitó dar precisiones y apaciguó la algarabía ante la posibilidad de echar a andar de una buena vez la mina. “No esperamos anunciar o traer un inversor”, dijo tajante.
Pero, hay motivos que han entusiasmado a la misión. Uno de ellos surgió la semana pasada, cuando Suarez en Buenos Aires fue recibido por el embajador canadiense en el país, Reid Douglas Sirrs. Ese encuentro pasó algo desapercibido, aunque fue mencionado por Suarez en su cuenta de Twitter: “Ayer tuvimos una muy buena reunión con el embajador de Canadá. Repasamos la agenda del viaje que haremos la semana próxima a su país, donde buscaremos inversores para trabajar nuestro potasio”, escribió el gobernador el viernes.
En ese encuentro, el mandatario escuchó una serie de sugerencias y consejos acercados por el embajador canadiense, quien le habría dicho al mendocino que, en su país, en la provincia en donde se explota el potasio, se lo hace bajo una figura parecida a la que busca Mendoza: por medio de socios privados que aportan capital y comparten el riesgo. Y, entre otras cosas, el diplomático aconsejó que el Estado se quede siempre con parte del yacimiento y evite desprenderse de todo el emprendimiento por medio de una venta. A ese comentario le agregó que lo que ellos ven en su país es que el potasio al valorizarse y, pese a los sustitutos que se le encuentran, no deja de ser un elemento esencial para las tierras en producción y, por el precio, además, no sólo es un negocio económico sino un bien estratégico en manos del Estado.
Suarez va a Canadá, uno de los países productores y primeros exportadores del mundo del fertilizante. Junto con Rusia y Bielorrusia, reúnen 80 por ciento de las ventas internacionales. Rusia y Bielorrusia, juntas, dominan 40 por ciento de ese mercado y hoy, por la invasión de Rusia, que apoya incondicionalmente Bielorrusia, ambas han sido sancionadas por la comunidad internacional. Aunque, un detalle no menor es que, entre los países que más importan se encuentra China, una aliada de los rusos geopolíticamente. China, India, Brasil y Estados Unidos compran 60 por ciento de la producción mundial.
En el 2013, el por entonces gobernador Francisco Pérez, en una de las dos misiones que encabezó a China, logró reunirse con Jiang Jianjun, director del Ministerio de Tierras Recursos de la república popular. Pocos meses antes, Vale había abandonado el yacimiento en el Sur. Por eso, Pérez vio oportuno ofrecerles a los chinos las sales de potasio de Malargüe. El funcionario chino lo escuchó tan atento como amablemente, pero, al final de la alocución del gobernador, que incluyó filminas, fotos y videos de la planta, respondió que no estaban interesados en la inversión y que desde hacía un buen tiempo venían manteniendo y sosteniendo una mina de potasio en Canadá, en la que habían invertido para abastecerse del mineral. El chino le dijo a Pérez que, por año, aquel emprendimiento les significaba una erogación de recursos cercana a 300 millones de dólares.
Ese episodio sucedió en el mismo viaje en el que China se interesó en aportar unos 400 millones de dólares para construir casas en Mendoza por medio del IPV. Imaginaban levantar 6.000 viviendas, el IPV les facilitaría la operatoria y la Cámara de la Construcción de la provincia, su logística. Pero, claro, los chinos enviaban los materiales, los módulos y hasta los operarios para la aventura mendocina. Y, como era de esperar, todo quedó en nada y fue, a la postre, un mero cuento chino.
