Este jueves, apenas toque tierra procedente de Canadá, país en el que presidió una nueva misión mendocina para promocionar las oportunidades mineras de la provincia en la feria más importante del sector, Alfredo Cornejo se dirigirá al Hilton para inaugurar un ya tradicional encuentro de negocios, el Foro de Negocios e Inversiones que organiza el gobierno con los empresarios del CEM. Se trata de uno de los tantos eventos fuertes, de alto impacto, que preceden a la Fiesta Nacional de la Vendimia del sábado y que convierte a Mendoza, como es ya una tradición, en la vidriera mundial del vino por algunas horas y en una suerte de meca de la política nacional, independientemente de los personajes de fuste que asistan o no a los actos.

Para el foro, Cornejo anunció, estando todavía en Canadá, que será de la partida el ministro de Economía de Javier Milei, Luis Toto Caputo; toda una novedad ya que, para las cinco ediciones anteriores del encuentro, nunca había sido parte del mismo un ministro de Economía. Cornejo y su gobierno festejan la presencia de Caputo en la fiesta, “el mejor ministro de Economía de la historia”, “el coloso”, según los diversos motes que ha utilizado Milei al referirse a su ministro, a quien le adjudica haber hecho descender la inflación drásticamente en el primer año de su gobierno. Y festeja por varias razones, a saber: porque Cornejo entiende que lo que hace Caputo desde Economía es lo que hay que hacer para ordenar la macroeconomía en términos generales; también porque eso que se hace tendría que concluir en un mejoramiento de todas las variables que mejoran las condiciones para estimular la creación de riqueza vía nuevas inversiones y festeja, además, porque cree que a Milei y a sus candidatos les irá bien en las elecciones de medio término que se avecinan y que por ese motivo, el gobierno de Milei y el suyo debiesen afrontar juntos el examen, por medio de una acuerdo, un pacto o una alianza que más cerca de las fechas clave explicarían en detalle.

Cornejo trae buenas noticias desde Canadá luego de haber tomado contacto con un puñado de grandes compañías globales del mundo minero que pueden estar viendo a Mendoza como una oportunidad seria de negocios. Se verá más adelante si el interés de las multinacionales es real o no. Pero lo que sí es palpable, en los hechos, es que después de tanto vilipendio y vituperio, es el lugar que la minería se está haciendo –en Mendoza y en el país–, ya fuese por las urgencias del momento, por los tantos años de decadencia e inmovilidad de la economía, por el avance de la pobreza, por la ausencia de empleos de calidad; en fin, quizás porque el mundo ha comenzado a demandar minerales críticos como el cobre y el litio, lo cierto es que a Mendoza no le vendría nada mal –y es lo que se está instalando– incorporarla para hacer más variada de lo que ya es su matriz económica.

Pero la minería no está invitada a la fiesta grande de los mendocinos, la de la Vendimia, la de la industria vitivinícola que hizo tan conocida en el mundo a esta tierra y a todo Cuyo y a la que le ha dado una marca que la distingue en el mundo. Todo indica que no está preparada todavía. Pero la vitivinicultura no la está pasando del todo bien como tampoco está satisfaciendo por sí sola las demandas crecientes de progreso de los mendocinos.

Se toma como un contrasentido, pero las leyes del mercado estarían vaticinando que ese 10 por ciento más que se tendrá de cosecha este año, según los pronósticos oficiales, sumará un inconveniente más a los que ya trae el mundo del vino en el mundo entero: caída del consumo y un cambio de hábito global hacia otros productos.

La conformación de un precio razonable, tanto para los productores como para todos los eslabones de la industria (bodegueros, trabajadores de la viña, contratistas y tantos otros), estaría lejos de conseguirse con los siete u ocho meses de stock vínico, de existencia de vino del año anterior que está depositado en las bodegas. “Argentina estaría cubierta con 17 millones de quintales y vamos a tener 21 millones casi con esta cosecha. La alternativa para sacar volumen es vía el mosto. El otro asunto es que el mercado es casi una constante, porque se exporta lo mismo que en los últimos diez años”, ha dicho, reconocido y admitido Sergio Villanueva, una de las caras más reconocidas de la Unión Vitivinícola Argentina (UVA), consultado para esta columna.

Los desafíos de esta vendimia son mayúsculos. Hay una imagen de la vitivinicultura mendocina que se mueve en una dimensión diferente al de la mayoría de los actores que le dan vida. El enoturismo; el glamour de las bodegas boutique; la explosión de la cultura gastronómica de altísimo nivel; el éxito imponente, pero contenido y limitado que tienen a fuerza de mucha inversión, trabajo, compromiso y mucho profesionalismo algunos de los emprendedores más notables del mundo del vino mendocino, no alcanzan para responder a las expectativas que ha generado la misma industria en parte de una comunidad todavía asida, colgada, de los girones de éxitos del pasado.

Los tiempos de Milei, para colmo, están confirmando que el Estado no estará para darle una mano a la industria cuando lo necesite. La mano que daba el Estado interviniendo en el precio del producto, comprometiendo plata de todos los mendocinos para elevar el precio de la uva o del vino, ya no está. Con lo que el mercado interno, hacia dónde va, según Villanueva, el 75 por ciento del producto, está limitado por el precio. No hay posibilidad de tocarlo hacia arriba porque inmediatamente se desplomaría. Esa es la previsión y el temor. A lo sumo, dice el directivo, podría moverse un 2 por ciento. “El peligro hoy es la rentabilidad de los productores primarios”, reitera Villanueva, para agregar que “las bodegas están con stock y no están interesadas en la compra”.

Para el bodeguero la preocupación de hoy es lo que está dispuesto a pagar el consumidor”, sostiene Villanueva, para sumar un dato contundente y poco prometedor: “El 86 por ciento de las bodegas venden por debajo de los 5 mil pesos” cada botella “y el productor sabe que sobrando vino difícilmente podrá mejorar el precio”. Una tormenta perfecta.

El tema del precio y de la rentabilidad del sector están llamado a ser los protagonistas de esta Vendimia 2025. La variable, como siempre, de equilibrio, viene por el lado de lo que se destinará a mosto y del acuerdo entre Mendoza y San Juan. El 23 por ciento de la cosecha destinado a ese producto probablemente quede muy corto. Pero quién se animará a pedir por casi el doble de ese porcentaje para mejorar el precio de la uva y del vino como producto. “Hay que buscar incentivos”, dice Villanueva, que deberán salir de la propia industria. Las 70 u 80 mil toneladas mosto calculadas se tendrían que subir a unas 150 mil, se está intuyendo.

El otro factor a tener en cuenta es lo que ocurre en otras partes vitivinícolas del mundo: la erradicación de viñedos, lisa y llana. Ocurre en California y Francia. Esa variable todavía no da para que se analice en Argentina. No está preparada aún para ese debate. La salida es, por ahora, el mosto y los productores primarios tienen el mayor problema para afrontar.

Sí se está viendo, en Mendoza al menos, es un cambio dentro del sector agrícola que ha comenzado a llamar la atención: los emprendimientos tradicionales y familiares, las fincas de viñedos en concreto, se están dejando para convertirse en chacras destinadas a la horticultura. La consecuencia es más informalidad, menos precio, más precariedad para el agro y la ruralidad. Una ruralidad que cree ver, frente al avance de otros sectores económicos, que el Estado en la era Milei la deja de lado para priorizar a otros. No se habla directamente de la minería, pero, así como ésta última (minería) está consiguiendo un impulso que debió tener mucho antes, se ve a la par un retroceso de la ruralidad.

¿Y en qué se basa el sector vitivinícola para compartir tal visión? En el retiro de la lucha antigranizo, por ejemplo; en la falta de apoyo monetario para luchar contra la lobesia botrana (polilla de la vida) y en el achicamiento del INTA. En concreto, el sector de la industria madre de la provincia encara esta vendimia con la sensación de que existe una política nacional que apunta al achique del sector rural; un sector rural que, a excepción del eje horizontal económico del país, el de la Pampa Húmeda, no está dando respuestas que entusiasmen. Mientras que el otro eje en el que se está ordenando el país, el vertical, el de la cordillera, el del oeste, el minero, suma y suma esperanzas.