El ítem Aula, todo un ícono que marcó la primera gestión de Alfredo Cornejo en la provincia y su relación con el sindicalismo docente desde ya, no sólo fue determinante en su momento para bajar los altos índices de ausentismo que se advertían en el sistema educativo, porque una vez que comenzó a aplicarse, ése indicador pasó del 22 por ciento a casi el 5 en poco tiempo, ubicándose en los mismos niveles del sector privado. Hubo mucho más que eso.

La discusión que generó en la sociedad se hizo fuerte, claro está, en la política en general, al punto que el futuro del ítem –llegó a ser considerado constitucional por la Suprema Corte de Justicia–, se convirtió en uno de los temas que avivaron la reciente campaña electoral y conduciendo a todas las fuerzas que compitieron a prometer su eliminación en todo el arco opositor y a una revisión para el caso de quien al final terminó imponiéndose, el oficialista Cambia Mendoza, con Alfredo Cornejo como su principal bandera.

Pero el famoso ítem, el que logró incluso trasponer los límites mendocinos para ser motivo de análisis en el escenario nacional, fue objeto también de un seguimiento por parte de la propia Dirección General de Escuelas (DGE) no sólo para precisar su impacto en la baja del ausentismo de los docentes, sino en su peso relativo en la composición de todo el salario de los docentes. Con el paso del tiempo, aquel ítem que cuando fue alumbrado equivalía a alrededor de un diez por ciento del ingreso de los docentes, fue cayendo al punto que hoy ni siquiera estaría alcanzado la mitad de lo que tenía como referencia.

La licuación del ítem por el efecto de otras variables, como los aumentos salariales que los docentes fueron consiguiendo por la vía de las negociaciones paritarias, dejó, para la interpretación general un dato que festeja el gobierno: el porcentaje de ausencias no sufrió variaciones llamativas, con lo que los defensores de la herramienta que fue marcando el pulso del presentismo de los docentes destacan el cambio de comportamiento que consiguió. Y que pasara de ser un elemento coercitivo como lo fue pese a que se le diera una significancia positiva como si de un premio se tratase, se haya convertido en una puerta que dio paso a un cambio cultural en el universo de los docentes provinciales. En verdad, el ítem existe casi sin relevancia, pero esa baja en su influencia no dio paso a un rebote en sentido contrario generando inasistencias.

El propio Cornejo ha reconocido que el ítem tiene que ser sometido otra vez a un proceso de revisión y cambio. Lo hizo durante la campaña forzado por su competidor interno Luis Petri quien basó buena parte de su discurso exitoso en la problemática de los docentes de la provincia y lo ha vuelto a hacer tras ser confirmado gobernador el domingo pasado. Ahora bien, ¿qué tipo de modificación, de revisión o de cambio es el que Cornejo avalaría? “Se va a profundizar”, dicen quienes están más cerca del gobernador electo.

Por lo que se sabe, Cornejo daría aire a una repotenciación y revalorización del ítem, porque entiende que para una porción mayoritaria de los docentes su aplicación no le hizo mella y que, en verdad, por el contrario, fue asumido como un premio para los cumplidores.

No faltan quienes, ahora con el resultado concreto de su aplicación y en base a la experiencia que ha tenido, que lo sucedido con el caso del ítem Aula en los docentes o en el mundo de la educación, se traslade como fenómeno de cambio a lo que el nuevo gobierno pretende desplegar. Si los docentes pudieron cambiar una actitud que por mucho tiempo perjudicó al sistema, por qué no ir con el ejemplo al resto de la comunidad para conseguir el cambio cultural o de paradigma que reclama la provincia en un amplio sentido, en todos sus aspectos, comenzando por la concepción del Estado configurado para facilitar, no para ser un estorbo o una trampa.

Claro que para que opere ese cambio brusco de las cosas, que es un poco lo que exige la sociedad por ese modo de actuar que parece estar asumiendo en el proceso electoral nacional –lo que bien se puede identificar como el fin de ciclo de un período demasiado extenso y pernicioso para la misma sociedad–, tiene que encontrar en la administración del Estado, en su gobierno, una señal de identificación y quizás también de liderazgo de todo un proceso que puede que demande mucho tiempo también para que dé frutos. Y en ese sentido, pondrá bajo la lupa lo que viene con una mirada muy atenta: si los resultados que esperamos todos demorarán en llegar, al menos queremos ver que quienes conducen hacen lo que tienen que hacer y toman las medidas que se necesitan tomar en realidad, sin maquillajes ni pases de magia, ni movimientos de embusteros.

En resumen, los resultados que se pretenden de las nuevas políticas aplicadas vendrán con el tiempo probablemente y para ello tendrá que tomar relevancia la paciencia social y algo de comprensión, tanto en lo provincial como también en la nacional. Pero para que esto ocurra, tendrá que verse una acción previa que es la de la toma de decisiones con medidas que vayan al fondo de las cosas. Ese es el otro cambio cultural de la dirigencia, el avanzar con firmeza sobre un objetivo claro que conduzca a esa nueva configuración económica de la que se habla, a ese nuevo orden que se predica. Tan firme debe ser ese camino y seguro ante las presiones, como lo ha sido ese que se ha venido tomando hasta el presente, cargado de perversiones y cinismo, de relato burlesco e irrespetuoso, de mentiras, provocando que 9 de 10 personas confiesen que ven mal al país y se vean a sí mismos irritados, infelices, impotentes y embroncados por demás.