Inesperadamente, el flamante gobernador electo, Alfredo Cornejo, puede erigirse en una de las posibles llaves que le abran al peronismo mendocino un camino de resurrección, casi en el mismo momento en el cual viene de sufrir el peor de todos los golpes electorales que se recuerden.

¡Quién lo diría! Pero, con ese llamado al diálogo, que ha insinuado Cornejo a los pocos minutos de confirmarse su triunfo en las elecciones generales del domingo, y en los que ha incluido con nombre y apellido a dos dirigentes peronistas de su generación –o casi–, como Celso Jaque, el ex gobernador que viene de ser electo nuevo intendente en su departamento, Malargüe, y el de Omar Félix, quien retoma el control institucional de San Rafael, como parte de ese juego político electoral estratégico más que exitoso que ha protagonizado con su hermano Emir, el saliente, el nuevo gobernador no ha hecho otra cosa que activar una de las jugadas viejas de la política: levantar a uno o unos por un lado, para bajarles el precio a uno u otros por otro lado.

Como parte de esa maniobra, en la que Cornejo parece tener claro que a quien tiene que neutralizar de aquí en más y hacia el futuro más cercano, es todo aquello que está insinuando La Unión Mendocina de Omar De Marchi como primera oposición, destaca a los dirigentes del peronismo tradicional no K y, de alguna manera, al rescatarlos como posibles receptores de un llamado a la búsqueda de acuerdos mínimos, le está mostrando al peronismo no K una salida del laberinto al que ingresó de la mano del kirchnerismo, casi diez años atrás, y del que nunca logró zafar ni siquiera para conseguir algo de aliento que podría haberle significado un volver a recuperar aunque fuese un poco de esa alternativa de alternancia institucional que siempre compartió con los radicales.

La nueva Legislatura que se ha conformado casi mantiene para el oficialismo el mismo poder de movimientos en Diputados, cámara en la que preserva la misma cantidad de legisladores que la actual composición, y pierde algo de relevancia en el Senado. Lo que cambiará es el perfil de la oposición, ahora bajo el dominio de La Unión Mendocina.

Es incierto el modo y estilo que imprimirá De Marchi a sus legisladores frente al nuevo gobierno. En principio, las heridas abiertas que dejó el cisma en el oficialismo, con ese dejo de marcado resentimiento adosado y acumulado en la relación política entre ambos sectores como el sarro a las paredes de una pava, deja entrever, de antemano, que habrá más desencuentros que acuerdos.

Con el kirchnerismo en estado de agonía y con un destino de intrascendencia que se ganó solo, desde ya, pero con mucha ayuda de Cornejo cuando lo eligió como su contrincante y enemigo predilecto y nocivo, a la vez, para los mendocinos, el nuevo gobernador intuye que para quebrar las nuevas voluntades que tiene enfrente lideradas por De Marchi, el receptor del anticornejismo, tendrá que mirar hacia otras direcciones. Los dos peronistas que ha señalado (Félix y Jaque) llevan en su ADN una porción importante de aquel peronismo que pensaba en mendocino, primero, para luego proyectarse en la nación. Por el contrario, desde que el kirchnerismo comenzó a adueñarse de la centralidad política nacional, también lo hizo de los movimientos y de la voluntad de un peronismo que en Mendoza jugaba fuerte representando a buena parte de su población. Ni Félix ni Jaque hoy conforman un peligro inminente para Cornejo, ni siquiera potenciando sus perfiles. Son parte, más Félix que Jaque, hay que decir, de ese peronismo que en su momento no supo, no quiso o no pudo defender la línea discursiva y la dirección que su histórica dirigencia le había impregnado. Quizás cayó presa de ese encantamiento inicial del kirchnerismo que todo parecía poder y controlar, además de garantizarles, sin demasiado o nulo esfuerzo, un devenir de tranquilidad parsimoniosa; eso sí, renunciando a las singularidades de la provincia que incluso era parte del propio movimiento.

De confirmarse los movimientos que insinúa Cornejo –sin descartar que para algunos pueda constituirse, también, en “el abrazo del oso”–, estos peronistas podrían liderar un proceso de reconstrucción que incluya garantías de recuperación, probablemente. Aunque ese salvataje indirecto no incluiría a todos los dirigentes, según parece, aunque no comulguen con el kirchnerismo. Es el caso de Matías Stevanato, por caso. Desde Maipú, el intendente que se ha ganado holgadamente el derecho de conducir por un segundo período la Comuna, emerge como la idea más clara de  una resurrección no forzada para el peronismo con vistas al 2027. Pero el intendente, no identificado todavía con la vieja política o con los vicios de la misma, se ha ganado un duro enfrentamiento con quien volverá a conducir la Provincia. Es mutuo, pese a lo que puedan declarar ambos públicamente cuidando las formas: Cornejo, por la vía de uno de los dirigentes a los que más protección ha dado, Néstor Majul, buscó sin éxito arrebatarle el poder en Maipú a un peronismo que marcha sólido en ese territorio, como lo ha sido en San Rafael y como lo es con los radicales en Capital, por caso. El incorporar a Stevanato a la mesa de los futuros y necesarios acuerdos, en la que participarían Félix y Jaque, pareciera estar lejos de ser una realidad, al menos, por ahora.

Todo está por verse de aquí en más, en un tiempo de transición absolutamente dominado por las especulaciones previas, no por lo que pueda esperarse del nuevo gobierno en relación con quien se está yendo, sino en cuanto al diálogo político entre oficialismo y oposición; entre la nueva oposición que, de hecho, ha emergido y la que pueda fabricar para sí, y veremos si es con éxito, el nuevo gobierno.