Los frentes que abrió este verano –el segundo de Francisco Pérez como gobernador– son demasiados y variados y lo suficientemente complejos como para tener ocupado a medio gobierno en su resolución. Los hay políticos, quizás los menos enredados y hasta lo suficientemente voluminosos como para entretener al oficialismo peronista, que se muestra hasta divertido sabiendo que, más tarde o más temprano, la tropa se encolumnará detrás de la unidad y en sintonía con lo que ocurra a nivel nacional. Pero hay otros frentes de gestión y de resolución más urgentes, porque del resultado que tengan y de la suerte de su desarrollo, dependerá, en gran medida, el ánimo que envolverá a la provincia en el segundo semestre del año, el de las pruebas electorales.
En lo estrictamente político, Pérez postergará todo lo que pueda las definiciones que, sin embargo, algunas ya parecen estar claras, aunque no se admitan. O al menos lo intentará desde el lugar de privilegio que ocupa en el armado de la estrategia electoral. ¿Cuáles son estas definiciones? En primer lugar, el meneado desdoblamiento electoral, al que –todo pareciera indicar– no podrá apelar por decisión especialísima del Gobierno nacional, aunque el Ejecutivo mendocino se permitiría jugar una última carta en el momento que pueda, le planteará a Cristina un permiso especial para desdoblar, buscando salvar la ropa del Gobierno de lo que se espera –según entienden y, vaya paradoja de la política– podría ser un triunfo seguro del ex vicepresidente y ex gobernador Julio Cobos. Algo de esto se desprendió del encuentro que Pérez y el vice, Carlos Ciurca, mantuvieron ayer con los doce intendentes peronistas, quienes todavía se muestran, en general, proclives a dividir el cronograma electoral, pese a la orden de Cristina de jugar todos juntos en octubre en favor del proyecto nacional. Se verá más adelante qué espacio tiene Pérez para plantear este escenario. Por ahora, lo que hace es eso, precisamente: dejar pasar el tiempo, convencido de que aún es prematuro para desgastarse con las fechas electorales.
La puja interna lleva también a debatir el asunto de las candidaturas, y aparecen las primeras objeciones, tímidas, a Alejandro Abraham –el cacique de Guaymallén– que fue el primero en picar en punta y manifestar su vocación de ser el primer candidato a diputado nacional. Las dudas vienen de aquellos que buscan su posicionamiento en la interna, aduciendo que Abraham es candidato por la envergadura del departamento que conduce, más que por otras aptitudes propias. Así se reinstala, otra vez, una suerte de operativo clamor en favor del vice, Carlos Ciurca, como el mejor candidato que hoy puede presentar el oficialismo para las legislativas. Pero es eso, nada más. Ciurca se niega, por ahora. Hay también quienes sostienen, en especial los intendentes azules en medio de estos escarceos, que Abraham sea el candidato por la voluntad que ha demostrado y por su vocación. Pero, de suceder esto, piden, desde ahora, invertir el orden para el 2015: que quien se elija para suceder a Pérez provenga del sector que representan y para eso vuelve a ponerse el traje Bermejo, el actual senador nacional que hoy vacaciona en las arenas del Pacífico chileno. Pero, para ese escenario, sí que falta mucho todavía.
Lo que sí emerge con claridad es la incidencia que vuelve a tener el sempiterno operador nacional del peronismo nacional Juan Carlos ChuecoMazzón, quien llegó anoche a Mendoza para pasar por los ranchos y mentideros políticos del Festival de la Tonada, en Tunuyán, que arrancó precisamente ayer. Con el Chueco, llegado de la mano de Patricia Fadel, también lo hacía su hijo Mauricio y el titular del Banco Nación, Juan Carlos Fábregas. Mazzón no sólo vino a probar los exquisitos chivos y costillas que se sirven en Tunuyán, está claro. Buscaría comenzar el ordenamiento del partido en Mendoza y asegurar el no desdoblamiento para apoyar, por ahora, a Cristina. Alguna expectativa en ese sentido se abre por el resultado del encuentro que Mazzón tendría hoy al mediodía con el gobernador Pérez, posiblemente, en la Casa de Gobierno.
Lo más urgente, sin embargo, viene por el lado de los avatares de la gestión de gobierno, por el lado del complejo entuerto al que condujo el conflicto con la compañía Vale por el parate de la construcción de la mina en Malargüe. Sorprendidos, algunos hombres del Gobierno, llaman la atención por el interés que, de pronto, se instaló con fuerza en los medios y en algunos sectores de la oposición por la repercusión del caso. “De esto tenemos que sacar una fortaleza”, dicen, y agregan: “El año pasado, todo el mundo cuestionaba el impulso minero en el Sur y a Vale en particular, y ahora se cuestiona al Gobierno”. La línea sigue siendo someterse a una estrategia nacional para salvar el proyecto y detener las consecuencias que ya aparecen por la mitad de la gente que está sin trabajo desde diciembre y los despidos que a cuentagotas se están sucediendo. En este caso, el famoso compre mendocino, con la mayoría de los trabajadores oriundos de la provincia que tomaron los consorcios que levantan la mina, y las pequeñas y medianas empresas proveedoras que se prepararon con fuertes inversiones para el megaemprendimiento que se ha paralizado, son las primeras víctimas del conflicto.
Pero no es lo único que se le presenta a Pérez en este verano para resolver rápidamente. La ratificación del sospechado contrato que firmó la administración de Celso Jaque con una de las empresas del grupo Vila-Manzano –la operadora de las máquinas tragamonedas del Casino provincial– está en el ojo de la tormenta. Pérez ha nombrado al ex legislador provincial Carlos Bianchinelli al frente de la institución y será quien avale o no una suba del porcentaje de rentabilidad que recibe la empresa mientras el Estado, de manera sostenida, comienza a perder dinero; dinero que tiene que ir, en parte, a financiar programas de salud, básicamente. Bianchinelli deberá sentarse frente a José Luis Manzano y tendrá que contar, sí o sí, con todo el apoyo político detrás para rever lo que se había pactado en épocas de Jaque. Bianchinelli es un político, más que un operador de un sector, y tiene expectativas sobre su carrera, por lo que sabe que todo lo que haga repercutirá en su futuro. Con Pérez ya habría analizado la posibilidad de buscar una renegociación del acuerdo. Aquí, en verdad, saldrá a la luz la fibra de un gobierno que, en sus comienzos, prometió no sucumbir a los intereses particulares.
