Hoy se termina el mundial. Hoy se acaba lo que se daba. Los últimos treinta días parecieron contener a la mayoría de nosotros, futboleros y no tanto, residentes de este país y mendocinos particularmente, en una burbuja gigante en la que la adrenalina de la competencia, la que se fue provocando y generando gracias al extraordinario funcionamiento del gran equipo nacional y que ha terminado en el camino que lo ha llevado a lo más alto del fútbol mundial, produjo sus consecuencias: un mareo constante de la noche a la mañana; una borrachera que nos elevó a un estadio de emociones y de ausencias; de olvidos temporales de las heridas y sufrimientos habituales; y claro que sí, de necesarios gozos, recreos y felicidades explosivas de esas que sólo el fútbol, y nada más que él, ha podido dar y ofrecer.
Por supuesto que, como todo efecto narcótico imperfecto, nunca perdimos conciencia del todo eso que nos rodea, eso es cierto. Ni mucho menos de todo eso que se nos presente este lunes vaya a sorprender a tanto ciudadano sufriente de este país. Por el contrario –y aunque se lamente en alguna medida–, la realidad ubicará a cada uno en su puesto de lucha, en la trinchera en ese que se da batalla a las malformaciones convertidas en quistes y que se han extendidos en todas direcciones por la mala praxis del ejercicio político, durante años. Años en los que, desde ya y como corresponde porque nada es producto de la magia y ni siquiera del azar, buena parte del pueblo ha resultado ser su cómplice permitiendo tantas tropelías y el avance de ese sistema tan pernicioso en todo sentido y que tan bien conocemos y tanto mal hace. Porque no sólo ese sistema de llevar adelante el manejo de la cosa pública entendido como el del Estado generoso y proveedor infinito, de mano dadivosa, irresponsable y para nada previsión, se ha basado en políticas probadas en el mundo entero como erróneas; además, las políticas de tal sistema, dieron vía libre a las prácticas corruptas, como ha quedado demostrado.
Afirmar que todo el mundo estuvo ausente totalmente y abstraído de los dramas es incorrecto también. Sería subestimar la inteligencia emocional de muchos, de millones de personas. Y por otro lado, hay que decir que nada, ni tan siquiera un Mundial de fútbol con lo que significa por estas tierras, tiene efectos anestésicos totales. Pero de igual manera, si por estos días 45 millones de personas no estuvimos un tanto distraídas por lo que sucedía en Qatar, hay que decir que en el gobierno lo dieron por cierto y por hecho.
Diciembre es, de por sí, un mes caliente cargado de sensibilidad. Es un problema para el gobierno nacional y también para el provincial. Se sabe que la nación y en particular Sergio Massa –al que el presidente Alberto Fernández también le prende velas para que acierte–, es quien tiene todo el peso de la situación económica coyuntural. El resto del gobierno, con Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, todo lo demás junto con lo coyuntural. Qué decir de la falta de crecimiento, de la inflación, del efecto que tiene la política monetaria en el clima social y de la ausencia de un rumbo claro. Los meses que se avecinan serán cruciales en la marcha de un plan que más que estructural y de fondo, se asemeja a uno que apunta al “vamos viendo” o “aguantar” hasta las elecciones.
Mendoza tiene lo suyo y el gobierno de Cambia Mendoza sus propias urgencias. La línea que determina el horizonte nada le indica de qué preocuparse. Muy probablemente el candidato que lo represente se impondrá con cierta holgura, aunque no por la que algunos de sus dirigentes quisieran. Su principal preocupación debiese estar en las expectativas que generó y que por diversas y claras razones no logró responder positivamente.
Como lo viene diciendo Suarez desde los últimos días, su gobierno está convencido de que fuerzas extrañas y ajenas a su administración han sido las que no le permitieron cumplir con lo que dijo que haría.
Si vamos al caso, el mismo gobernador lo ha dejado claro, cuando se dispuso avanzar en la modificación de la norma vigente para que la minería a gran escala desarrollar sin escollos, las manifestaciones antimineras y ambientalistas se lo impidieron. “Yo soy un mero empleado” de la gente ha repetido en varias oportunidades el gobernador, cerrando el tema para toda su gestión. Y aquí el primero de los desafíos del actual equipo que gobierna: la administración que viene no se podrá dar el lujo de dejar pasar la explotación de esos recursos. Y para ello tendrá que llevar adelante una fuerte campaña de concientización, de información y esclarecimiento por sobre todo para que se avance en una línea que dé alguna herramienta, o un arma efectiva, para mitigar la miseria, la pobreza y la falta de empleo.
No sólo por ahí, no sólo por ese camino desde ya. Una de las políticas que quedó en nada, más por las expectativas que provocó en su momento, fue la del advenimiento y conformación del Consejo Económico, Ambiental y Social (CEAS). Lo ideó Suarez y su equipo y su misma gestión pareció paralizarlo. De las siete comisiones de trabajo surgidas desde sus encuentros, poco se sabe y poco se ha informado oficialmente.
De allí surgieron algunas ideas o planes para mitigar la mala alimentación o la ausencia directa de comida para los sectores más vulnerable; otro para darle una mayor transparencia a las compras del Estado; otro para oficializar circuitos turísticos de montaña, tipo senderos, con servicios para atraer a caminantes, aventureros y demás; un programa de sostenibilidad ambiental para los municipios; otro para darle a la mujer rural oportunidades de desarrollo y no mucho más. La excepción pudo haber estado en ese programa de obras e infraestructura para mejorar la situación hídrica del Gran Mendoza y del resto de la provincia que han elaborado Irrigación junto con Aysam. Al menos en este último aspecto el gobierno avanzó al incluirlo en el presupuesto y lograr una autorización para buscar financiamiento que lo haga posible.
Se acabó el mundial, se acerca fin de año y comienza a aparecer en el horizonte el último año de gestión de Fernández en la nación y de Suarez en Mendoza. Una nueva agenda y sus urgencias, aunque no las tengan prevista, los espera.
