El ex funcionario mendocino, Facundo Leal, cuando estaba al mando de Arsat.

La detención de Facundo Leal, expresidente de ARSAT y del ORSNA, ha terminado por destapar una caja de Pandora. Lo que inicialmente parecía una investigación por un robo menor de cables de fibra óptica en un depósito estatal, derivó en una de las causas por corrupción más impactantes del último tiempo, dejando al descubierto el modus operandi de la denominada “banda de los mendocinos”.

El núcleo de la investigación judicial se centra en el contrato suscrito con el gigante tecnológico Huawei por el mejoramiento de la  Red Federal de Fibra Óptica que atraviesa el país en unos 36 mil kilómetros.

Debido a la pandemia, el consumo de internet necesitaba una ampliación del ancho de banda, por lo que Arsat resolvió lanzar una licitación, que había sido aprobada a su vez por el Ente Nacional de las Telecomunicaciones (Enacom), con financiamiento del Fondo Fiduciario del Servicio Universal al que aportan las empresas.

La licitación de US$30 millones se lo llevó una empresa cordobesa llamada Tecnored, que era socia del gigante chino y que en el concurso compitió con Nokia, Ciena y ZTE.

Según los documentos recabados por la justicia, la “banda de los mendocinos” —que habría sido liderada por Leal— presuntamente manipuló los procesos de licitación para beneficiar a la firma china a cambio de retornos millonarios.

Los trabajos finalmente se hicieron con la tecnología de Huawei, mientras Tecnored fue el integrador de la tecnología.

Coimas, excesos y viajes

La trama de corrupción trasciende lo administrativo y se sumerge en un mundo de excesos. Los reportes judiciales indican que la dinámica de la banda incluía:

  • Pagos ilícitos: se detectaron transferencias sistemáticas y el hallazgo de más de 2,4 millones de dólares en efectivo durante los allanamientos, vinculados a la gestión de proveedores estratégicos.
  • Viajes y cenas: los informes incluyen detalles sobre lujosos viajes a Córdoba y otros destinos, financiados por empresas contratistas. Las cenas acompañadas de vinos de alta gama en hoteles exclusivos formaban parte de la rutina para sellar los pactos ilícitos.
  • Fiestas privadas: el hallazgo de sustancias prohibidas, como cocaína y ketamina, en las propiedades de los implicados ha sumado un componente sórdido a la investigación, desnudando cómo se mezclaban los negocios del Estado con la vida nocturna.

Con información de La Nación.