Pero poco igualará la intensidad del hecho de que el primer presidente negro en la historia de Estados Unidos estará parado sobre una estructura que fue mayormente construida por esclavos, que asumirá utilizando una Biblia que fue usada por Abraham Lincoln, el legendario presidente que luchó la Guerra Civil para poner fin a la esclavitud, o que mirará hacia un paseo donde Martin Luther King Jr. inspiró al movimiento por los derechos civiles en 1965 con su discurso Tengo un Sueño.
“Cierra el círculo de la historia para afroamericanos”, dijo Jesse J. Holland, autor de un reciente libro, Black men built the Capitol (Hombres negros construyeron el Capitolio), que documenta el papel de los esclavos que construyeron los símbolos del poder gubernamental estadounidense.
“El hecho de tener a un afroamericano en el mayor cargo del país no indica que todo es perfecto, pero es una medida definitiva de éxito y mejora”, señaló en una entrevista con DPA.
Holland descubrió que la esclavitud estuvo involucrada prácticamente en cada fase de la construcción de la Casa Blanca y el Capitolio, desde la extracción de la piedra caliza de Virginia usada en el imponente edificio de la sede legislativa hasta el trabajo en acabados interiores.
Destaca que el National Mall, ahora lleno de parques, monumentos, edificios gubernamentales y museos, fue por muchos años el lugar de mercados de esclavos.
“La esclavitud fue legal en el distrito de Columbia hasta que el presidente Abraham Lincoln la abolió en 1865”, dice. “La mayor parte de los primeros ocupantes de la Casa Blanca era dueña de esclavos, así que es tremendamente simbólico que Obama tenga su oficina dentro de un edificio que fue construido por esclavos”, amplía.
Aunque el propio Obama no desciende de una familia de esclavos, su mujer,Michelle, sí. El padre negro de Obama era de Kenia, y genealogistas han descubierto que sus ancestros por línea materna, de hecho, fueron dueños de esclavos.
Sin embargo, el 20 de enero, el color de su piel hablará más fuerte que sus ancestros específicos, simbolizando el progreso que han logrado los afroamericanos en un país donde aún existía la segregación legal en algunos estados hasta hace menos de 50 años.
Los africanos fueron esclavizados en Norteamérica por unos 250 años tras su primera llegada, en 1607. La victoria de la Unión en la Guerra Civil norteamericana liberó a unos cuatro millones de esclavos en 1865, momento en el cual constituían 10 por ciento de la población del país.
Sin embargo, la discriminación continuó por más de 100 años y distintas normativas les impedían votar en el sur. El antiguo baluarte de la esclavitud, además, tenía un rígido sistema de apartheid que expuso a los afroamericanos a constantes humillaciones. Los linchamientos y las golpizas eran comunes y, en su mayoría, no eran castigados.
A pesar del éxito del movimiento de los derechos civiles, la comunidad negra continúa sufriendo de falta de educación y de oportunidades.
Los negros, que son 13 por ciento de la población estadounidense, sufren peores condiciones de salud y menor expectativa de vida y representan 45 por ciento de la población carcelaria.
La tasa de pobreza entre afroamericanos es de 24,5 por ciento, casi el doble de la nacional y más del triple de la existente entre blancos no hispanos, según cifras oficiales.
Obama ha reconocido estas dificultades y al mismo tiempo ha desafiado a la comunidad negra a hacer más para superar sus problemas culturales y evitar regodearse en el estigma de la victimización. Su ascenso al poder otorgará un fuerte impulso a estos esfuerzos.
“La potencia del momento viajará mucho más allá de los límites de la negritud”, escribió el periodista Terence Samuel en TheRoot.com, un website de pensamiento negro. “Su éxito ha sido el repudio a un pasado horrible y un poco de absolución por nuestra larga y pecaminosa historia racial. Es una historia estadounidense, y este es un Estados Unidos diferente”, concluyó.