El dato histórico buscado por algún curioso, si es que llegase a aparecer para dentro de un tiempo en adelante, dirá que en Mendoza, el paro docente nacional del jueves 22 de junio del 2023, organizado por las entidades gremiales del sector, casi pasó desapercibido y desconocido para otros tantos y que sólo tuvo un acatamiento efectivo del orden de 2 por ciento para todos los niveles de enseñanza.
Para el gobierno escolar, fue un día prácticamente normal, sin mayores incidencias de la medida de fuerza, igual que en las escuelas de la Universidad Nacional de Cuyo, ámbito en el que las adhesiones a las medidas de fuerza que incluyen básicamente la no asistencia a clases por parte de los profesores y docentes en general suelen contar con una eficiencia cercana a 100 por ciento. Con posiciones más o menos parecidas, tanto los gremios como el SUTE, de alcance absoluto en el universo de los docentes de la provincia, como la Conadu Histórica, en el ámbito universitario, dejaron trascender que, para ellos o, según sus propias informaciones relevadas, el acatamiento había resultado ser “dispar”, aunque con un alto ausentismo de los estudiantes.
Puede que haya existido falta de información entre los mismos docentes sobre el lanzamiento de un paro que se orquestó desde las entidades nacionales, lejos de Mendoza, como la CTERA, que conduce el sindicalista K Roberto Baradel, y como protesta por la revuelta en Jujuy; puede que si, por el contrario, la información existió y llegó a todos y los docentes sabían de lo que se trataba y de lo que se estaba queriendo expresar con la medida, aun así decidieron no adherir porque no estaban de acuerdo o porque la incidencia del ítem aula es muy fuerte –o por las razones que hayan sido– lo cierto es que, para bien del sistema, no hubo una afectación importante y trascendente, con la excepción, claro está, de aquellos chicos que no fueron porque sus padres decidieron no enviarlos o que no llegaron a contar con la clase del día porque su docente no asistió. Aunque haya sido mínimo el impacto, un niño sin clases es un niño sin clases, más que un número dentro de un cálculo de porcentaje.
Resulta incomprensible, a no ser por los intereses y alineamientos de estricto orden político e ideológico, que un gremio que dice representar al docente y al profesor de millones de chicos estudiantes en el país y en Mendoza, vaya a un paro de actividades en apoyo de un acto de sedición –como el que se vivió en Jujuy– con ese grupo de manifestantes prepotentes y antidemocráticos que intentó asaltar la Legislatura y prenderla fuego.
“Lo más parecido a Jujuy es Mendoza”, dijeron desde el gremio docente provincial, frase que se convirtió en el título del comunicado por el cual anunció la adhesión al paro en repudio a la represión del gobierno de Gerardo Morales. Un comunicado que fue condimentado en la mayoría de sus párrafos con la palabra violencia. Con ese término califica, el gremio, el trato del gobierno de Rodolfo Suarez hacia el sector a quien acusa de pretender eliminar la carrera docente.
Hay sectores, como estos gremios y varios políticos e ideológicos, a los que, evidentemente, la calidad educativa, la capacitación de los docentes y el grado de conocimiento y formación que puedan adquirir los chicos a lo largo del ciclo educativo, parece interesarles poco. Y si acaso llegara a ser un tema de preocupación, son aspectos muy por debajo de las prioridades que siempre levantan como bandera y muestran en cada una de las manifestaciones, jornadas de paro o de lucha, como las llaman. El presupuesto del área y los salarios son los que marchan a la cabeza de las motivaciones, lo que de ninguna manera debe ser condenado ni censurado. Lo que no se comprende es que dejen a los chicos, o al menos lo intenten, sin clases para presionar por las mejoras salariales. Cuando saben, y vaya si no, que sin clases no hay aprendizaje ni ningún tipo de enseñanza válida. Un día sin clases es un impulso más hacia el ostracismo, se sabe.
Algunas horas atrás, el grupo denominado Coalición por la Educación, compuesto por decenas de especialistas de todo el país, advirtió sobre el no dictado de clases: “Cada día que una escuela está cerrada genera un daño de largo alcance para el futuro de las generaciones escolarizadas, en especial en las escuelas públicas”. Casi en la misma línea en la que ha ido días atrás el Banco Mundial, cuando puso en observación un aspecto de la educación en Mendoza, el plan de alfabetización y el programa de Fluidez Lectora, que se viene aplicando desde el 2017 en adelante.
