Luis Petri, candidato a diputado nacional por Mendoza, junto al gobernador Alfredo Cornejo.

El armado de una oferta electoral a la carta, en su expresión más nítida, ha sido una de las estrategias más utilizadas por la política nacional para encarar el inminente período de exámenes electorales de medio término. En Mendoza, por caso, Alfredo Cornejo selló el acuerdo con La Libertad Avanza de Javier Milei porque su apuesta ha sido siempre a ganador.

Cuando surgieron dudas sobre su propia postulación a la gobernación —en los tiempos en que era intendente— o cuando el candidato de su preferencia para sucederlo en su primera gestión no le garantizaba un triunfo contundente sobre la oposición, no dudó en tomar la opción menos deseada en ambos casos. Como estratega a mediano y largo plazo, y sommelier de humores políticos y sociales, Cornejo ha dado sobradas muestras de saber esperar el momento justo para dar el zarpazo sobre el objetivo buscado, aun a expensas de resignar viejos dogmas.

Si la situación en Mendoza le hubiese permitido elegir a su gusto, es muy probable que el mendocino hubiese sido uno de los pilares de ese “grito federal” que armaron los cinco gobernadores con los que coincide en el rumbo del país y de las provincias, para cuando el huracán Milei comience a desvanecerse. No era el momento. Su instinto, las encuestas y lo que ocurre en el escenario nacional le “ordenaron” firmar el acuerdo con Milei, vía la polémica Karina Milei y los no menos controvertidos primos Martín y Eduardo Lule Menem.

El oficialismo mendocino monitorea de cerca el escenario nacional y el impacto que los escándalos que rodean a Milei puedan tener sobre el comportamiento electoral de sus candidatos en la provincia. Es muy probable, más aún tras la difusión de los audios del ex titular de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), Diego Spagnuolo, que el mensaje electoral de los candidatos del gobierno se circunscriba exclusivamente a Mendoza y que el abanderado de la causa sea el propio Cornejo.

En rigor, estamos frente a una elección de medio término, cuyo objetivo es poner a examen lo hecho por la gestión hasta el momento. Pero la actual tiene un dramatismo superior para los contendientes, especialmente para los oficialistas, por el tono catastrófico y apocalíptico que le ha dado el propio presidente Javier Milei: “Si perdemos, el populismo habrá ganado la batalla para siempre y todo el esfuerzo hecho será en vano”, insiste.

Esa lógica de decisiones pragmáticas, acomodadas a cada coyuntura, no le impedirá a Cornejo y al oficialismo provincial seguir de cerca, y con alguna expectativa, la elección a gobernador en Corrientes que se disputa este domingo. Las encuestas anticipan un claro triunfo de Juan Pablo Valdés, hermano del actual gobernador, Gustavo. El mandatario correntino se negó a firmar un pacto con la administración libertaria porque, como en todos los distritos, Karina Milei exigía un sometimiento absoluto al sello, color y estrategia de La Libertad Avanza.

Claro que la situación de Valdés no ha sido la misma que la de Mendoza u otros distritos. Los libertarios fueron, en definitiva, solos, con el diputado nacional Lisandro Almirón como aspirante a la gobernación. Si los sondeos aciertan, Juan Pablo Valdés se convertirá en el sucesor de su hermano y Almirón apenas podría alcanzar un cuarto puesto detrás del histórico exgobernador Ricardo Colombi y del peronista Martín “Tincho” Ascúa.

Y aunque no sea oficial, se descuenta que los gobernadores de la alianza federal —Martín Llaryora (Córdoba), Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Carlos Sadir (Jujuy), Ignacio Torres (Chubut) y Claudio Vidal (Santa Cruz)— festejarán junto a Valdés el triunfo sobre el libertario. Cornejo, claramente, como radical, también celebrará al final del día.

El mendocino no deja de dar señales de lo que será la campaña que pronto entrará en marcha. A esa consabida adhesión al gobierno nacional, sustentada en la idea de que la llegada de Milei implicó la promesa de dar vuelta la economía como una media a través de reformas estructurales y un ajuste sin precedentes, sumará los hitos que su administración considera haber conseguido desde 2015: equilibrio fiscal, reducción de la deuda, disminución progresiva de impuestos y, por supuesto, alguna explicación ya conocida sobre la ausencia de crecimiento real en la economía de Mendoza durante más de una década. “La macroeconomía no ha jugado a favor de la provincia”, repite Cornejo.

Dentro del oficialismo mendocino existe la convicción de que la alianza con Milei era lo más conveniente, como ya se dijo. Pero la incógnita es hasta dónde llegará la militancia a favor de los candidatos libertarios en la categoría de diputados nacionales. Allí, Cornejo no pudo imponer del todo su visión: la mayoría de los candidatos fueron designados por LLA, con excepción de Pamela Verasay, que secunda a Luis Petri, flamante integrante del partido del presidente una vez confirmada su presencia al frente de la lista.

A Petri lo siento parte de mi equipo: fue dos veces diputado nacional con nosotros, dos veces diputado provincial del radicalismo en Mendoza. Hoy encabeza la alianza que nosotros componemos”, dijo Cornejo sobre el ministro de Milei, a quien defendió cuando quedó salpicado por el escándalo de los audios de la ANDIS. “Este gobierno —agregó, en referencia al nacional— se formó con gente que llegó de distintos ámbitos, y cualquiera pudo grabar conversaciones a cualquiera desde afuera”.

Un esfuerzo notable de Cornejo para convencer a los mendocinos de que no todo es lo mismo, mientras la oposición intentará arrastrarlo a ese terreno incómodo: explicar su alianza con un Milei envuelto en dudas sobre el concepto moral de su gestión, la misma que prometía no solo cambiar la economía y la administración financiera del país, sino también exponer y expulsar a la casta que ha vivido del Estado.