Quién habría dicho, a esta altura del cuento, que tanto el presidente Javier Milei como la diputada nacional, Lourdes Arrieta –ambos elevados a una característica propia de casi inclasificables, bien se puede coincidir independientemente del lugar ideológico que se ocupe–, que no sólo serían un producto de la casta a la que ambos no han dejado de castigar y demonizar, sino de la que valiéndose de ella sin duda alguna, se terminaron beneficiando de tal manera como para alcanzar el sitial que ostentan, cada uno en su rol, desde fines del año pasado.
De por qué Milei está donde está, mucho se ha dicho y escrito. Sólo basta con repasar los últimos veinte años de la debacle y descomposición de la Argentina para hallar las primeras respuestas que explican ese fenómeno extraño, excéntrico y disruptivo que el país ungió para ser conducido. Como producto de la anti política y como desprecio colectivo de la misma, Milei, mientras pueda, seguirá sacándole jugo a esa alquimia hasta que la realidad le diga basta; hasta que luego de tanto divertirse con la rareza, la marcha de los acontecimientos y la práctica de la buena política que ha estado ausente de la Argentina por todo este tiempo lo traiga redil (es la esperanza), o bien le enseñe el camino a seguir, si en verdad pretende llegar a buen puerto con aquella prédica primigenia de conducir al país sobre la base de una economía recuperada, sana y confiable, aún en medio de un ajuste necesario y doloroso para todos, no solo para unos pocos. De lo contrario, es más que probable, para mal de todos, que el destino sea el de estrolarse sin más.
El caso de Arrieta, la diputada de la que pocos –muy pocos–, sabían de su existencia hasta diciembre pasado cuando asumió en la cámara baja nacional, resulta un tanto más extraño que el del presidente. Ese ascenso que bien describió El Sol el domingo pasado en una nota del periodista Jorge Yori, no pudo haberse dado nunca gracias a lo que la casta fue diseñando a lo largo de los tiempos para organizar institucionalmente el país sobre la base de los partidos políticos, el sistema de selección de sus representantes y hasta el modelo electoral con sus leyes, sus respectivas modificaciones que repitieron o profundizaron sus malformaciones y todo ese bagaje de trampas y tramoyas que van de la mano de la lista sábana que ha enamorado a generaciones de políticos en el país, con sanas y promisorias excepciones claro.
Para cuando comenzó el armado de la lista de los candidatos a legisladores nacionales de los libertarios, en asocio con los demócratas en Mendoza, con vistas a las elecciones del 2023, las mismas que llevaron a Milei a la presidencia, Arrieta no aparecía en el radar de nadie, salvo el de su padre, su madre y su hermano y algunos pocos especuladores de Las Heras. Los gansos le habían torcido el brazo a los libertarios, por vivos, por años, por mañosos y vasta experiencia. La fórmula sería representada por ellos, compartida con los libertarios que después pasarían a ser parte de las fuerzas del cielo y de la cuestionada LLA (La Libertad Avanza, por el partido que tiene al presidente como su mascarón de proa).
Párrafo aparte merece el lugar bien ganado de Mercedes Llano al frente de la lista. Bien ganado por historia y pergaminos, si se quiere. Pero al comienzo no fue tan así de lógico. Porque Facundo Correa Llano, quien al final ocuparía el segundo lugar, en un momento figuró a tope, hasta que alguien reparó y observó una situación obvia no advertida: ¿Cómo Correa Llano, siendo asesor de Mechi Llano, tenía que ir arriba de todos cuando lo normal y habitual era al revés?
Subsanado el “error”, Mechi pasó al primer lugar y Facundo al segundo de la lista. Por la Ley de Cupos, el Código Electoral nacional obliga a intercalar los géneros varón/mujer, varón/mujer o viceversa. A Mechi le seguía Correa Llano y en el tercer lugar debía designarse a otra mujer. En el reparto, ese lugar fue para los libertarios, los que habían previsto que los representase Pablo Rubio, el sanrafaelino referente del partido en el sur. Pero al bajar Correa Llano le tenía que suceder una mujer. Entonces los libertarios tuvieron que sacar a la cancha a Cecilia Soler y fue ahí, o quizás un paso o instantes antes, donde comenzó a tallar en toda esta historia el nombre Arrieta.
La asamblea de los libertarios había elegido a Rubio en primer lugar, al que le siguió, por votos, Soler. Lejos, con dos votos (dicen que el propio y el de su hermano Martín), había quedado Arrieta. La suerte estaba del lado de Arrieta, la legisladora eyectada anoche del bloque nacional de LLA: Soler no tenía cumplidos los 25 años para asumir, si tenía que hacerlo, como diputada nacional, con lo que fue marginada y fue ahí que todas las luces dieron con Lourdes.
Al pasar por Mendoza el huracán Milei en las generales del 2023, convertiría a Mechi Llano, Facundo Correa Llano y Lourdes Arrieta en los sorprendentes tres primeros diputados nacionales de los diez que conforman la representación mendocina. Arrieta llegaba a la diputación sin experiencia, formación ni conocimiento mínimo alguno para ocupar la banca. Eso se corroboraría más tarde con su proceder, actuar y accionar, como ya se sabe. Y al ritmo en que fue creciendo el poder de Milei en la nación y en los distritos, también lo hizo en Mendoza Arrieta.
En sus manos quedaron las designaciones de los responsables de los organismos nacionales, como el PAMI, por caso debiendo en algunos departamentos apelar a llamados vía Facebook para cubrir algunas de las vacantes abiertas. Fue la familia de la legisladora, entiéndase su padre, su madre y su hermano, quienes, todo así lo indica, se encargaron de hacer la selección y de definir la estrategia de movimientos de la flamante diputada nacional armándose a su alrededor una suerte de Pyme, sin ser esto una característica propia sino de cada uno de los legisladores nacionales independientemente de su partido, procedencia e ideología. Claro, todo supervisado en familia y a resguardo de un círculo cerradísimo, inexpugnable. Un manual de cómo exprimirle los mejores dividendos a la casta, pegándole a la casta y usufructuando todo de ella.
