Javier Milei y Alfredo Cornejo.

Tras el encuentro con Donald Trump, el presidente Javier Milei regresa a la Argentina con varias enseñanzas, certezas, dudas y numerosas tareas por realizar, además de acciones por corregir, siempre pensando en su futuro y en el éxito de su gobierno. Solo para empezar, Milei debe ajustar su estrategia electoral al punto de garantizarse un triunfo el 26 de octubre. Una tarea compleja, debido a los múltiples errores cometidos, algunos inesperados y otros provocados por una tozudez y soberbia que han rozado lo absurdo.

Hay una segunda enseñanza, de menor impacto que el cúmulo de urgencias que debe atender, pero no menos trascendente para la salud democrática y republicana de su administración: asumir que tiene la obligación de rendir cuentas por los canales institucionales y de recibir con amplitud a la prensa general, global y plural, como lo hizo el propio Trump con él, justo antes de servirse el almuerzo para los funcionarios y representantes de ambos gobiernos en la Casa Blanca.

Existe una interpretación común —la más extendida— sobre el encuentro entre Milei y el líder norteamericano: que la ayuda de Estados Unidos está supeditada al triunfo electoral. Sin embargo, no ha quedado del todo claro si Trump se refirió a las elecciones legislativas del 26 o a una eventual derrota del ciclo de Milei en 2027. Otros, hilando más fino, ajustan la advertencia al resultado de octubre específicamente: si el mismo fuera negativo para el oficialismo, y por un margen lo suficientemente amplio como para poner en duda el plan de reformas estructurales, Estados Unidos dejaría de apoyar al país. Tras esos dichos, el mercado reaccionó de inmediato: los bonos y las acciones de empresas argentinas cayeron entre un 7 y un 8 por ciento.

Más allá de esas interpretaciones, parece fuera de discusión que Milei está obligado a reconstruir una red de contención política a su alrededor, en torno a sus políticas, su gobierno y su mensaje, para apuntalar el destino de su gestión y, sobre todo, de la llamada “fase dos”, sustentada en las reformas de fondo que pondrían en marcha los motores de una economía en pausa desde hace más de quince años.

Un dato doméstico refuerza el interés del gobierno de Trump en que a Milei le vaya bien: en el gobierno de Mendoza —y, al parecer, en otras provincias— se espera en los próximos días la visita de representantes de la embajada de Estados Unidos para explicar las razones del apoyo y la decisión de apuntalar los negocios de sus empresas en el país. No está confirmado si la delegación será encabezada por el embajador Peter Lamelas, aunque fue el propio diplomático quien adelantó, una semana atrás, que las empresas estadounidenses se preparan para llegar a la Argentina con inversiones estratégicas. En Mendoza se las espera con propuestas ligadas a las energías limpias y la minería. Se verá. Pero, en todo caso, tanto el gobierno provincial como la delegación norteamericana coincidirían en algo: la necesidad de que la administración nacional logre sustentabilidad política para sostener las reformas.

En Mendoza observan con atención este escenario abierto justo antes de las elecciones, donde la irrupción de Estados Unidos en la escena resulta insoslayable y de enorme peso. Tan gravitante que la primera reacción política opositora en el país, tras los dichos de Trump, vino de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien, desde su lugar de reclusión, llamó a votar en contra del gobierno con un tajante: “Argentinos, ya saben qué hacer”.

A menos de diez días de las elecciones, el oficialismo local confía en un triunfo cómodo apoyado en la polarización. Una vez más, el clima nacional envuelve a Mendoza, según las encuestas y la lectura política del gobierno: el fantasma del kirchnerismo reaviva las chances de Cornejo y Milei, e incluso las del propio peronismo con la candidatura del sanrafaelino Emir Félix. Tanto en Cambia Mendoza como en el peronismo advierten una caída en las expectativas de las terceras fuerzas, como los verdes, o ese grupo variopinto que reúne a ambientalistas y antimineros junto a promotores de la minería surgidos del Valle de Uco; también incluye a la izquierda y a los gansos (ex PD), en alianza con un sector libertario que apoya a Milei pero rechaza su acuerdo provincial.

Por encima de todo, Cornejo hace tiempo espera el fin del proceso electoral para reconfigurar los objetivos de su gobierno, ratificar el rumbo y sumar a la dirección económica el aporte de la minería. Sobre este punto, se da por casi confirmado que, en el marco de la Argentina Mining, la feria minera más importante del país, que se realizará en Mendoza los días 29, 30 y 31 de octubre, Cornejo podría anunciar el **envío a la Legislatura de la Declaración de Impacto Ambiental (DIA)** del proyecto PSJ Cobre Mendocino, el primero en su tipo y el más avanzado del país.

Con la vista puesta en un cambio profundo de la matriz económica provincial, Cornejo también deberá enfocarse en su reposicionamiento político. Y allí aparece un espacio casi natural que lo espera: el ámbito que integran los gobernadores de Provincias Unidas, como Maximiliano Pullaro, Nacho Torres y el coordinador del grupo, el cordobés Juan Schiaretti. Es ese el espacio al que Milei debería recurrir si busca incrementar la sustentabilidad política de su gobierno en la segunda mitad de su mandato. En Mendoza están convencidos de ello: Milei necesita ese respaldo, aunque no hay certezas de que ocurra. Ni por Milei, por su carácter y antecedentes, ni por la volatilidad de todo en un país que, a veces, parece inentendible incluso para los propios.