Tras un poco más de veinte años de entrada en vigencia del Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Mendoza, objeto de estudio como el resto de las provincias argentinas, ha logrado mantenerse en la zona promedio del país, al combinar los tres índices clave de este trabajo global: el ingreso per cápita y las mejoras en la prestación de los servicios básicos, como salud y educación. Sin embargo, en el último tiempo es cuando consiguió los mejores resultados al ingresar en un grupo selecto de provincias que lograron alcanzar las mejores ubicaciones en un aspecto central identificado por la misma Naciones Unidas, como el Índice de Desarrollo Humano Ampliado. En esta tabla, el programa ubicó a Mendoza, de acuerdo con las conclusiones alcanzadas hacia fines del año pasado, junto a la CABA, La Pampa y Río Negro.

Que la provincia –sin una macroeconomía que la haya empujado junto a una crisis general nacional que no ha dejado de agravarse desde el 2018 en adelante–haya mejorado en indicadores de alta sensibilidad no es poco. De igual manera, y aprovechando la temporada de elecciones y campañas, la provincia debiese aprovechar el momento para debatir en profundidad contrafuegos que eviten la agudización de esos aspectos en los que peor le ha ido a Argentina y que la pandemia de coronavirus, con la cuarentena interminable agravaron, como la precariedad del empleo, las crisis del ingreso, la inflación, la pobreza y los niveles de indigencia que han crecido a posiciones insostenibles y agobiantes.

Al combinar indicadores como Vida Sana y Saludable (mortalidad, mortalidad infantil y esperanza de vida); Acceso al Conocimiento (calidad educativa y edad promedio de salida del sistema básico de educación) y Vida Decente (desempleo, subocupación e ingreso), según las Naciones Unidas, Mendoza pudo alcanzar la línea de la CABA, La Pampa y Río Negro, adelantándose a las provincias intermedias con las que se suele comparar a Mendoza, entre ellas, Córdoba, Chubut, San Luis, Santa Fe y Tierra del Fuego. Hubo provincias que en este índice ampliado empeoraron su situación. Allí aparece Buenos Aires, Neuquén, Salta, San Juan y Santiago del Estero. Y, sin sorpresas, debajo de todo siguen el Chaco, Formosa, Corrientes, Catamarca y, llamativamente, Tucumán.

En donde a Mendoza no le ha ido tan bien, porque no ha cambiado su posición del promedio histórico, es en el índice de Desarrollo Humano focalizado en educación, salud e ingreso. Mientras el promedio nacional está en 0,847, Mendoza alcanzó 0,848, levemente por arriba. Ha superado a Chaco, Formosa, Neuquén y Santiago del Estero, pero se mantiene por debajo de la CABA, La Pampa, Chubut y Tierra del Fuego.

Tomando sólo el índice Educación, ha igualado las posiciones de la CABA, Tierra del Fuego, Corrientes, San Juan, Buenos Aires y Jujuy y en Salud a la de Neuquén, la CABA, Tierra del Fuego y Río Negro.

Lo interesante de todo es que el monitoreo del PNUD, con el tiempo se amoldó a los objetivos de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas que surgió en el 2015. Desde ese momento hasta ahora, el programa también hace un seguimiento de los denominados Objetivos del Desarrollo Sustentable (ODS), encabezados por el fin de la pobreza, el hambre cero, la salud y el bienestar general, la educación de calidad y la igualdad de género, entre otros tantos. Y las Naciones Unidas han dicho que esa agenda tiene “una fuerte dimensión territorial y local”, con las provincias y los municipios asumidos como centrales.

Según el PNUD: “En Argentina el desarrollo humano se dio en todo el período estudiado de manera desigual” y que luego del 2001 hubo una tendencia a la disminución de la desigualdad, que se observó hasta el 2011. El programa también advierte que la desigualdad tiende a transmitirse de generación en generación y sus efectos pueden comenzar desde el desarrollo temprano en la infancia, lo cual afecta significativamente la salud, la educación y el ingreso a lo largo del ciclo de la vida”. En concreto, los chicos que padecen de mala salud durante su infancia “tienden a ver afectado su desarrollo cognitivo y a obtener logros educativos bajos; a su vez, pobres logros educativos determinan un ingreso bajo y una salud relativamente deficiente en la vida adulta”.

Es también interesante prestarle atención a un aspecto vinculado con la desigualdad tomando el género como punto de partida, en todo el país: la situación de las mujeres es más favorable en salud y educación, incluyendo a todas las provincias, mientras que los varones sacan ventaja en ingreso. Según el PNUD “esto se vincula, en parte, a la persistencia de la división sexual del trabajo. El tiempo dispensado a tareas de cuidado y del hogar de las mujeres continúa siendo marcadamente más elevado que el de los varones, y lo contrario ocurre en el caso del trabajo remunerado. Alcanzar mayor igualdad de género requiere, por lo tanto, una mayor interacción entre las tres dimensiones del desarrollo humano, educación, salud e ingreso”.