Yolanda Díaz Pérez, ministra de Trabajo y Economía Social de España.

Agustina dejó el país para probar suerte en España unos días antes de que la OMS declarara al COVID como pandemia, en marzo del 2020. Confinada en una ciudad del norte español, cerca de Bilbao, en el País Vasco, Agustina debió reformular su plan original y replantearse objetivos que comenzaron a cumplirse y buscarse apenas arrancaron las flexibilizaciones europeas. El trabajo de camarera le llegó tras decenas de CV enviados en todas direcciones y, con eso, los nuevos amigos, la nueva casa, las nuevas costumbres; una reconfiguración general de sus costumbres y posturas frente a los nuevos desafíos que esperaba y para la que se había preparado. Además de trabajar en bares y casas de comidas, también fue repositora de un supermercado y hasta vendedora de una tienda. A los tres años de su estadía en España, a la que llegó con toda la documentación habilitante y derechos por contar con la ciudadanía y pasaporte comunitario, Agustina ha comenzado a planificar una visita a Argentina, a sus afectos de siempre, que tanto extraña. En medio de ese ajetreo, ha recibido la convocatoria a otro empleo con una mejor remuneración. Agradecida, acudió a la entrevista con el convencimiento de que no podrían darle el puesto porque, honesta, les diría que en breve viajaría a Argentina. Pero fue sorprendida en medio de la charla cuando no sólo destacaron en ella la sinceridad, sino que al ofrecerle el trabajo también le propusieron que si estaba conforme y se sentía a gusto al retornar de su país natal su puesto en la tienda la estaría aguardando.

Alfredo ha estado yendo y viniendo de España, Portugal, Italia y Argentina. En los países europeos ha conseguido el trabajo de chofer de camión que aquí no y, por ende, con una remuneración que le ha permitido enviar dinero a sus familiares en Mendoza; plata que quienes están aquí han destinado a pagar deudas y hasta para invertir en algunos proyectos. Hacia fines del año pasado, estando en Mendoza, tuvo que llamar a sus jefes de la compañía en Portugal para decirles que renunciaba porque no iba a poder volver en la fecha prevista. La respuesta que recibió lo sorprendió tanto como aquella propuesta que le hicieron a Agustina: “No te preocupes, tomate el tiempo que necesites, cuando vuelvas el puesto seguirá siendo tuyo”. Alfredo volvió varios meses después y el camión de última generación con el que se ha recorrido media Europa transportando cargas diversas, allí estaba para que lo usara.

Los casos de Agustina y Alfredo se multiplican por cientos entre los migrantes argentinos por toda Europa. Agustina es una chica joven con todo un mundo por delante, como tantas que dejaran estas tierras y Alfredo, un sesentón de laburar de sol a sol y que lo único que persigue es hacer un colchón de euros y retornar a su querida Mendoza para envejecer con parte de su familia, porque la otra mitad, compuesta por un par de hijos, ya reside en Europa desde una buena cantidad de años.

La Eurozona está administrando la crisis que dejó el COVID, la guerra y la inflación con éxito, hay que decir. Para algunos de los países que la componen esa recuperación es más marcada que en otros, pero la Eurozona avanza y sale de la debacle mundial de los últimos tres años. Al fin del primer trimestre del 2023, los españoles están festejando la recuperación del empleo, el que ha llegado a los niveles previos de la otra gran crisis, la provocada por la “burbuja inmobiliaria” del 2007 y 2008. España, hoy, celebra haber superado los 20 millones de ocupados, los 3 millones de jóvenes con empleo, y por primera vez, desde diez años a esta parte, el registro oficial les está indicando tener menos de 3 millones de desocupados o “parados”.

La editorial del diario El País de este miércoles, titulada “Buenos datos de empleo”, da cuenta de lo siguiente: “De confirmarse la tendencia iniciada con los últimos indicadores, todo parece invitar a pensar que el mercado de trabajo va a seguir mostrando cierta robustez durante esta primera mitad del 2023, a pesar de las incertidumbres relacionadas con la guerra, la pérdida de poder adquisitivo, la subida de tipos de interés para contener la inflación y la inestabilidad financiera”.

¿De qué se está hablando en España, en concreto? ¿A qué se le atribuye lo que ya denominan como un reflorecimiento del empleo y de alguna mejora visible y posiblemente sostenible de su economía coincidente con el arranque de la primavera en el hemisferio norte? Se habla en definitiva y se atribuye a razones, acuerdos y medidas que no se han realizado en Argentina por ser rechazadas, básicamente, por un sistema que gira perniciosamente sobre la situación de cada uno de los argentinos, en todo sentido.

Justo a fines del 2022, tres meses atrás, los españoles, independientemente de la ideología, ponderaron, a la luz de los resultados obtenidos, la reforma laboral que habían encarado y que se habían propuesto realizar en el 2021 y que lograron poner en marcha. España es un país agrietado, como lo es Argentina. Pero las fuerzas políticas lograron “sacar al bipartidismo de la política laboral española”.

El desempleo español de 12,5 por ciento todavía está por arriba, demasiado por arriba, del promedio de la Eurozona (6,5%). Pero con los últimos datos han alcanzados los niveles de antes del 2008. La reforma estableció, además, una inversión de 3.500 millones de euros para fomentar el empleo joven hasta el 2027 y el logro quizás más importante fue el acuerdo entre los empresarios y los sindicatos para flexibilizar una serie de medidas que impedían la toma de nuevos empleados.

Las claves del éxito han saltado a la vista tras un año de vigencia de la reforma. Entre las más importantes, surge lo que se denomina el contrato fijo discontinuo, que le permite a un empleado adherirse al desempleo (paro se llama en España) cuando la empresa ya no tiene más trabajo para él en un momento determinado del año. El trabajador desempleado y cobrando el subsidio sigue ligado a la empresa y se le continúa contabilizando la antigüedad. Se ha regulado, además, lo que se denomina contratos por formación, donde un estudiante alterna entre el trabajo y la academia y se reconoce con características especiales la práctica profesional. Ambos tienen remuneraciones y horas de trabajo específicas. Los españoles lograron, además, nuevas pautas para las negociaciones colectivas; establecer sanciones más altas para los fraudes laborales; un mecanismo especial para las empresas en crisis, con una red de flexibilización y estabilización del empleo y una simplificación del trámite de lo que se llama ERTE (Expedientes de Regulación Temporal de Empleo).

Pero la flexibilización laboral, la tan temida reforma que en Argentina se rechaza por décadas, les ha permitido a los españoles modificar los contratos temporales, los que han pasado a ser de 6 meses de duración a un año de tiempo de contrato o hasta la sustitución por otro trabajador. Y lograron aumentar los empleos indefinidos en un 50 por ciento en un año de vigencia de la nueva ley y permitir la contratación de personal por tres meses para “situaciones previstas”, como Navidad, por ejemplo, o por épocas de alta actividad agropecuaria cuando la demanda es mayor.

España, sólo en esto, ofrece a los argentinos un ejemplo más de cómo enfrentar una crisis. Lo hizo a la salida de la dictadura de Franco, a fines de los 70 con el Pacto de la Moncloa y lo vuelve hacer ahora con una reforma simple, de sentido común, pero de altísimo impacto social y económico.