Atado a la suerte de Javier Milei. Así avanzará Alfredo Cornejo y su gobierno hasta las elecciones de octubre. Del éxito del libertario tomará todo lo que le sea posible y se beneficiará. Pero no podrá tomar distancia, ni abrigarse en un saco de amianto, para escapar de los sinsabores que probablemente ambos reciban si no se alcanza el éxito esperado y todo se descalabra.
La alianza con el presidente no debe haber sido la alternativa que el gobernador hubiese elegido. Como se sabe, hay coincidencias generales en el rumbo, pero el estilo del presidente, sus modos violentos, más la visión que tiene del Estado y de su rol lo incomodan. Sin embargo, julio, ya se dijo, trajo consigo datos del humor social que terminaron por convencerlo: ir juntos tiene un aval favorable para la mayoría de los mendocinos.
Y si bien los diez años de gestión de Cambia Mendoza pesan, dejan ver el desgaste y la falta de respuestas rápidas y satisfactorias a problemas que el ciclo iniciado en 2015 no ha podido resolver, el camuflaje con Milei oficia como un tapón frente a un entendible correctivo ciudadano que podría experimentarse si se presentara al examen electoral desprovisto, desvestido y sin demasiadas armas para defenderse.
El presidente cuenta con la fuerza suficiente como para permitirse muchos más exabruptos de los que se podrían tolerar en otro contexto. Uno cree que hay momentos, como cuando ese tío en una fiesta abusa del cargoseo a las 4 de la mañana, en que la vorágine debería detenerse y todo regresar a posiciones más comunes y algo normales. Pero el tío persiste en su alocado frenesí. Milei quizá esté viendo algo que el resto no. Un fenómeno extraño que lo invita y lo llama a hablar de su reelección en el 2027 cuando aún no ha atravesado la experiencia de una elección de medio término; cuando otra vez aparecen ruidos molestos en la política cambiaria, nuevas señales de incertidumbre —propias, ciertamente, de los períodos electorales—, al ritmo de una oposición dura que cree ver la oportunidad de jugar las mismas cartas que la dejaron afuera en 2023, sin haber entendido mucho, claramente, de los signos y señales de los nuevos tiempos.
Volviendo a Milei, el tío aquel de las 4 de la mañana, se lanza con su reelección prometiendo reformas estructurales sin tener bajo dominio claro y absoluto el plan antiinflacionario ni el estrangulamiento del dólar, aplicado a costa de la propia economía, el consumo y el ingreso no recuperado de la mayoría de los asalariados. Demasiados frentes abiertos como para hacer alarde de autosuficiencia y victoria. Ante todo eso, ¿hay un disparar hacia adelante esperando que lo que tenga que pasar, pase y pronto? A ese tren se subieron Cornejo, el radicalismo que controla y, por supuesto, el gobierno provincial.
Las señales que marcan el pulso de la economía no permiten asegurar, ni mucho menos garantizar, la aparición de la pista de despegue que se ansía, o en la que están esperanzados quienes apoyan. Sólo unos pocos ven ciertos beneficios que, de igual modo, parece que usufructuan afuera: hay una migración hormiga hacia el exterior de divisas constante. Los viajes de placer y esparcimiento brindan una oportunidad inmejorable —como matar dos pájaros de un tiro— de dejar en el exterior los billetes que no se han gastado.
Milei no ha logrado generar confianza en lo que dice. Esa falta de seguridad, dentro del país, es la misma que se percibe afuera. Por algo la prima de riesgo continúa largamente por encima de los 700 puntos. Es un indicador que explica la ausencia de inversiones que muevan la aguja, marquen una tendencia y permitan creer que, en verdad, el país ha hecho un clic.
Los sectores que verdaderamente cambian la ecuación todavía no repuntan. Uno de ellos es la construcción. Se sabe que, abandonada la inversión pública por decisión presidencial, los indicadores que la alimentan se han ido a pique. La caída se traduce en pérdida de empleo que los privados ni por asomo podrían absorber.
Martín Rapallini, de la UIA, le ha puesto números al declive solo del sector industrial que conduce: se pierden 1500 empleos por mes. Puestos de trabajo de la construcción, de la industria del calzado, del cuero y de la indumentaria. Para el empresario, líder del Grupo Alberdi y dueño de una parte de PSJ: Cobre Mendocino, la caída solo en esos rubros podría estar cerca del 30 %.
Como contrapartida, el crecimiento evidenciado en la minería, el sector automotriz, la venta de motos y la línea blanca —de acuerdo con lo que ha dicho el mismo empresario— no compensa la caída de los otros. Tampoco, o mucho menos, los que vienen en recuperación, como la industria farmacéutica y la de alimentos.
Y la advertencia de Rapallini es lo que pone en aprietos el plan de Milei, su gobierno y sus aliados, como es el caso de Cornejo: el industrial sostiene que no ha sido solo la mayor apertura de importaciones lo que pudo haber provocado la pérdida de empleos, sino —más que nada— la presión impositiva y el “costo argentino”, presente en el ámbito nacional y en todas las provincias.
Mientras Cornejo sabe que correrá con la suerte, buena o mala, del caballo que traslada a Milei, un grupo de gobernadores con los que supo actuar en tándem ha decidido enfrentarlo. Con ese conglomerado de líderes provinciales Cornejo se ha sentido a gusto y, así como decidió jugar la suerte del presidente, en algún momento bien pudo haber fantaseado con la idea que están llevando adelante Ignacio Torres (Chubut), Martín Llaryora (Córdoba), Maxi Pullaro (Santa Fe), Carlos Sadir (Jujuy) y Claudio Vidal (Santa Cruz).
Los cinco han comenzado a plantear una alternativa política e ideológica tanto a Milei como al kirchnerismo o peronismo que todavía se identifica con Cristina Fernández de Kirchner. No parecen estar mal orientados. En el futuro podrían sumárseles los gobernadores de Corrientes, San Luis, San Juan, Río Negro y Neuquén. Y no descartan construir un candidato presidencial para 2027.
Por lo pronto, sellada la alianza y armado el esquema de candidatos, a Cornejo le espera que llegue la elección y, con ella, el análisis del resultado para confirmar si las decisiones fueron buenas o no. Pero, pasado el frenesí de la votación, al gobierno lo esperan asuntos más trascendentes, incluso mucho más que la coyuntura a la que hay que atender ciento por ciento cada día. Aguarda el futuro y la suerte de los próximos —cuanto menos— 30 años de los mendocinos: minería en general; energías limpias; el desarrollo de la Vaca Muerta malargüina; la concreción de la promesa de inversión multimillonaria sobre potasio también en Malargüe; la industria y economía del conocimiento y, claro está, la realización de PSJ en Uspallata. Este último proyecto en plena discusión en audiencia pública, más el Fondo del Resarcimiento de la Promoción Industrial (fondo de Portezuelo del Viento), marcarán, sin dudas, el paso de Cornejo por el gobierno. Tanto por lo bueno como por lo malo. Quién lo duda.
