El anuncio de una inversión de más de 8.000 millones de dólares que llegó desde la cumbre ambiental de Glasgow, Escocia, para construir en la Argentina una planta de producción de hidrógeno verde no sólo sorprendió al mundo de la energía, sino que desde el sector –compuesto por expertos, variados especialistas y algunos empresarios–, se propuso aprovechar el impulso y el optimismo puestos en esa posible operación, para recordar que el país, en materia energética, podría hacer valer su posición de contar con uno de los mayores reservorios de gas del mundo y proveer a las naciones de una parte del mismo porque es y será el gas el combustible que domine la transición hacia el cambio de matriz que operará en unos 50 años, aproximadamente.
Los más críticos y escépticos, entre ellos el ex secretario de Energía Emilio Apud, aventuró que la promesa de inversión, cuyo anuncio compartieron el presidente Alberto Fernández y el ex rugbier Agustín Pichot, por ser el presidente para América latina de la empresa australiana interesada en el negocio, la Fortescue Future Industries (FFI), tiene mucho de color político y electoral y menos de un componente que asegure la inversión. Así y todo, Apud sostuvo que desde hace tiempo Argentina viene produciendo hidrógeno en una etapa experimental. Y los más de 8.000 millones de dólares, en caso de que se pudieran concretar, forman parte de un proyecto a largo plazo que demandaría varios años su realización, con el total del monto comprometido en los anuncios de Escocia.
Como sea, el dato que dejó un programa de inversión extranjera de esa naturaleza en la Argentina, por esa suma de millones de dólares y que nadie rechaza –sino que, por el contrario, se espera que al menos por una vez se haga realidad–, es que puso en debate la política de gestión de recursos energéticos con los que cuenta la Argentina y que se explotan o directamente ni siquiera son aprovechados. Las razones por las que ocurre eso son variadas. Las hay económicas y políticas.
Según Apud –en lo que también coincide con el Instituto Argentino de Energía–, Argentina se encuentra en inmejorables condiciones para darle al mundo el combustible alternativo que será utilizado en la transición hacia las energías limpias y el objetivo de carbono cero: sin emisiones de efecto invernadero. Se trata del gas. En el país se encuentra la segunda reserva más importante del planeta. Apud dijo que esa transición demandará casi 40 años y Argentina tendría que apurarse a venderle gas al mundo, de los combustibles de origen fósil, el menos contaminante y de los más económicos y porque además no tendrá el tiempo suficiente para invertirlo en su territorio. “Si nos vestimos de ambientalistas (ahora, por el hidrógeno), se pierde la oportunidad de abastecer al mundo con el combustible que menos contamina”, reafirmó Apud entrevistado en LVDiez en la mañana del martes.
Sin embargo, recordó el especialista, este año se habrán gastado entre 3 y 4.000 millones de dólares en importaciones de gas porque no hay empresa interesada en extraerlo porque no les da la relación costo-beneficio. Y el año próximo, de acuerdo con sus propias proyecciones, las importaciones de gas ascenderían a unos 8 o 9 mil millones de dólares. “Las compañías producen lo que alcanzan a producir, bajo la promesa de que el Estado les compensará lo que el consumidor no paga”, completó el ex secretario de Energía, lo que explica de alguna manera la reticencia de las empresas.
El panorama se completa con la política de subsidios: en el 2021 habrán sido de 9.000 millones de dólares, mientras que para el 2022 se calcula que podrían trepar a los 15.000 millones de dólares.
Otro punto a discutir y analizar es el grado de compromiso que asume el país en cumbres como la de Escocia, cuando Argentina emite el 0,6 por ciento de anhídrido carbónico que produce todo el mundo, con lo que embarcarse, dicen los expertos, en una política ambiental por moda, por especulación política o por ser políticamente correcto, a la Argentina no le compensaría lo que podría perder por no explotar cuando debiese hacerlo: en medio de la transición, como señala Apud.
Lo que ocurre con el gas también puede trasladarse al poco aprovechamiento de los ríos, tanto los de montaña como los de llanura, de la Argentina. Todos subaprovechados y en su gran mayoría sin regular, ni explotado su potencial hidroeléctrico el que se encuentra en la mitad de todo lo que podrían generar. Y el costo debiese ser otro atractivo, por caso: los datos de Apud dan cuenta de que transformar el gas en energía cuesta 7 veces menos que la energía nuclear y la energía eléctrica proveniente de los ríos, 6 veces menos.
Las inversiones millonarias en dólares y prometidas para el país como la del hidrógeno verde, no ha sido la primera ni tampoco será la última que se realice. El punto es que se terminen concretando y no queden en meros dichos en medio de una campaña electoral.
Por caso, ayer se recordaban los 20.000 millones de dólares de las inversiones de China anunciadas en el primer año de gobierno de Néstor Kirchner y que todavía están en veremos; como la construcción del tren bala o de alta velocidad entre Rosario, Córdoba y Buenos Aires que demandaría unos 4.000 millones de dólares de inversión, o aquel polo audiovisual que se anunció en el 2012 compuesto por una torre de 67 pisos en Puerto Madero valuado en 2.500 millones de dólares.
