La contundente victoria electoral de Evo Morales encamina a Bolivia hacia la construcción de un nuevo Estado, con el reto de la concertación y la incógnita de cómo administrará el reelegido presidente tan importante caudal de apoyo.

Todo el mundo en Bolivia, incluida la oposición, reconoce el apabullante triunfo del “Huracán Morales”, como tituló el lunes a toda página el diario paceño La Prensa, quien, según los sondeos, ha logrado un apoyo superior a 60 por ciento, si bien el propio presidente está convencido de que llegará a 67.

Con semejante mayoría, que supera el inusitado 53,7 por ciento que le colocó en la presidencia en el 2005, Morales y su Movimiento al Socialismo (MAS) controlarán sin problemas las dos cámaras (Diputados y Senadores) de la nueva Asamblea Legislativa Plurinacional.

Morales se ha sacado la “espina” del Senado, donde una mayoritaria oposición bloqueó sistemáticamente sus reformas en su primer mandato. Las encuestas dan al MAS la tan ansiada mayoría cualificada de dos tercios en la Cámara Baja.

Así, Morales lo tiene todo a su favor para aplicar su Constitución “refundacional”, que propone una democracia participativa, además de representativa, y un nuevo Estado plurinacional, autonómico, de inclusión indígena y de economía “estatista” y “redistribuidora”.

Bolivia se dirige hacia otra institucionalidad, donde la Asamblea Plurinacional, que tendrá un cupo fijo de representación indígena, sustituirá al antiguo Congreso y donde el Poder Judicial contará con magistrados del Tribunal Supremo, elegidos por sufragio universal, así como jurisdicciones indígenas, entre otras novedades.

El país más pobre de Sudamérica también camina hacia la descentralización, con un modelo autonómico aceptado ya en todos los departamentos del país, después de que las regiones de La Paz, Oruro, Potosí, Cochabamba y Chuquisaca dieran su “sí” al autogobierno en un referendo paralelo a las elecciones del domingo.

Se trata de muchas “reformas estructurales”, como las define Morales, quien ya ha adelantado que ahora está obligado a acelerarlas ante el amplio resultado obtenido en las urnas.

Medios de comunicación y analistas coinciden en que uno de los grandes retos de la etapa que se abre en Bolivia es la concertación. “Una victoria electoral no equivale a carta blanca para hacer cuanto se quiera desde el despacho presidencial”, destacaron los editoriales de La Prensa y El Deber.

Analistas bolivianos, como Carlos Cordero, piden al Gobierno “tolerancia” y a la oposición “acompañamiento crítico”. Otros, como Carlos Toranzo, creen, sin embargo, que el Ejecutivo será quien defina la ruta porque “el MAS nunca ha pensado en contrapesos”, según recoge el diario La Razón.

En su primer mensaje al país tras las elecciones, Morales animó a sus opositores a sumarse a su proyecto. Y ayer, ante la prensa nacional e internacional, garantizó que su deseo no es imponer políticas y que el poder de las urnas no es para él, sino para el pueblo. También insiste con que seguirá gobernando subordinado a ese pueblo, porque ese sistema “está dando resultados”.

La incógnita que muchos se plantean es cómo administrará Morales su mayoría y si radicalizará o moderará sus posiciones después de que el MAS haya afianzado, dicen algunos expertos, una hegemonía semejante a la que logró a mitad del siglo XX el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) con la Revolución de 1952.

En el día de la “resaca electoral”, Bolivia analiza también qué ha pasado con una oposición que tuvo en jaque a Morales el año pasado y que ha quedado diluida. Casi todas las respuestas concluyen que la división de los rivales del MAS ha contribuido decisivamente a su rotunda victoria.

De todos modos, el ciclo electoral en Bolivia no está cerrado con el 6-D: muchos líderes regionales tienen la vista puesta ya en las elecciones departamentales y municipales de abril del 2010, que pueden ser más disputadas que las generales si la oposición levanta cabeza y las plantea como una revancha contra Morales.