El contrato de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos con la empresa de seguridad Blackwater que le permitía participar en operativos estadounidenses en Afganistán y Pakistán fue cancelado, pero la historia contiene aún suficiente material explosivo para el gobierno de Barack Obama: durante años, los soldados norteamericanos combatieron en el Hindu Kush el terrorismo con ayuda de un ejército a las sombras.
Según reportes del renombrado periodista de investigación estadounidense Jeremy Scahill, se violaron gran cantidad de reglas, mientras que las huellas eran rápidamente borradas.
La primera alarma fue activada por el diario The New York Times, que en agosto publicó la noticia de que empleados de Blackwater habían equipado por orden de la CIA aeronaves no tripuladas con misiles Hellfire y bombas guiadas por láser.
Según reveló recientemente Scahill al semanario estadounidense The Nation, la controvertida empresa de seguridad de Carolina del Norte participaba desde el 2007 en operaciones de la CIA en Pakistán y Afganistán, pero bajo el nombre de Xe Services.
El ministro del Interior paquistaní, Rehmann Malik, había amenazado con renunciar en el caso de que esto resultara ser verdad. Y es que ello significaría que Estados Unidos tendría una actividad militar a gran escala en el país vecino a Afganistán a través de su ejército en las sombras, lo que oficialmente se niega.
Según Scahill, los mercenarios participaron en Pakistán en operaciones de la CIA contra los talibanes y miembros de la red Al Qaeda.
“Según supe, trabajan allí básicamente como una célula de espionaje, que planea atentados y reúne información”, dijo Scahill a la emisora de radio no comercial Democracy Now, citando a tres informantes de círculos militares estadounidenses y de Blackwater.
En esas acciones conjuntas, la CIA y Blackwater no eran cuidadosos en lo que se refiere a los civiles, explicó el periodista premiado. Un informante le dijo: “Si ahí hay alguien que estamos persiguiendo y otras 34 personas están en el mismo edificio, ese día mueren 35 personas”.
Las revelaciones de Scahill también afectan indirectamente al comandante supremo de las Fuerzas Armadas estadounidenses y premio Nobel de la Paz, el presidente Barack Obama.
Esto es así porque el hombre que hasta el 2008 coordinó la colaboración entre Blackwater, la CIA y el Ejército estadounidense no es otro que el general de Obama en Afganistán, Stanley McChrystal.
Él fue el que dirigió durante cinco años, a partir del 2003, la rama más secreta del Ejército estadounidense: el Joint Special Operations Command, un organismo militar paralelo a los servicios secretos del país.
McChrystal fue condescendiente con el hecho de seguir trabajando con la empresa de seguridad, que por su violenta actuación fue expulsada del país por el Gobierno en Bagdad.
Esta decisión se tomó tras un baño de sangre que protagonizaron empleados de Blackwater en setiembre del 2007 en la capital de Irak, donde mataron a 17 civiles tras un presunto ataque no confirmado contra su convoy.
La tropa de mercenarios también es acusada por medios de prensa críticos estadounidenses de otras cosas: ex miembros de los servicios secretos declararon ante el Comité de Servicio Secreto del Senado que empleados de Blackwater también participaron en interrogatorios en cárceles secretas de la CIA, en los que se aplica tortura.
Los mercenarios también son vinculados con gran cantidad de otros negocios sucios, entre ellos la prostitución infantil, la violación y el comercio de armas en Irak.
La empresa de seguridad, que originalmente fue contratada para proteger a los soldados de Estados Unidos en los conflictos en Irak y en el Hindu Kush, es una de las más grandes del mundo.
Este ejército privado, integrado por 40.000 hombres, dispone de tantos tanques, aviones y municiones que estaría en condiciones de ir sola a una guerra.
El fundador de Blackwater Worldwide y su empresa sucesora Xe Services es el ex soldado de la Marina estadounidense Erik Prince. Heredero de una fortuna, originario de Michigan, Prince saltó al campo de las empresas de seguridad en los años 90, cuando estaban en auge.
Según los medios, en Afganistán trabajan más empleados de empresas de seguridad para Estados Unidos que soldados.
En octubre, la revista estadounidense Vanity Fair escribió que Prince estaba tan involucrado en el trabajo de la CIA que el servicio secreto lo necesitaba para llevar adelante operaciones sensibles.
La cancelación del contrato que autorizaba a Blackwater a participar en los preparativos para operaciones en Pakistán no significa para la firma de seguridad el final de las relaciones con el Ejército de EEUU. Miles de hombres de la tropa de mercenarios siguen protegiendo en el Hindu Kush instalaciones militares estadounidenses y a diplomáticos.
