La efectividad de las encuestas, justo en tiempos en que la mayoría falla encendiendo un sinnúmero de sospechas y dudas sobre ellas; las motivaciones del elector que lo llevan a preferir entre uno y otro candidato en el mismo momento en que ingresa al cuarto oscuro; la grieta y su dimensión real; la necesidad o el deseo a despertar en una campaña electoral, son sólo algunos de los puntos que se abordan en “Apuntes sobre investigación y planificación de campañas electorales”, el libro que acaba de publicar el consultor Elbio Rodríguez y en los que ha intentado, lográndolo hay que decir, volcar y transmitir la información recogida luego de los varios años en los que se ha dedicado a bucear en el humor de los mendocinos y convertir esa información, clave, en un instrumento electoral.

A un par de semanas de unas elecciones clave a nivel nacional, como serán las PASO del 13 de agosto, y de donde posiblemente surja con meridiana claridad el gusto y la dirección que la mayoría de los argentinos prefiere que tome el país para la solución de sus problemas desde diciembre próximo, Rodríguez ha dirigido un rayo de luz a los aspectos desconocidos algunos, subestimados otros, que cuando se los analiza con seriedad muchas veces terminan explicando el porqué de tal o cual decisión electoral que se cree incomprensible.

Elbio Rodríguez.

El elector, devela en las páginas del libro Rodríguez, va respondiendo en gran medida a estímulos y sin expresarlo nunca, da a entender que no siempre una decisión popular sobre una determinada elección es la más correcta. Pero eso no es materia de “Apuntes sobre investigación…”, ni mucho menos del autor, el que se ha empeñado a lo largo del tiempo y en este libro, claramente, en explicar los caminos posibles que un frente, un partido, un candidato tal, pueden o puede tomar para conseguir seducir, exitosamente, a quien necesitan les den o les dé un voto de confianza.

En junio del 2022, cuenta Rodríguez, y luego de ordenar un sondeo en los 8 departamentos más relevantes electoralmente de la provincia, ubicados en el Gran Mendoza, el Este y el Sur, los que juntos reúnen el 79 por ciento del total, consiguió identificar la magnitud de la denominada “grieta” en Mendoza: el 52 por ciento de los mendocinos se identifica por uno u otro gusto político de los dos sectores que han venido polarizando el escenario. En ese 52 por ciento están los electores que adhieren fervientemente a Cambia Mendoza o al kirchnerismo y a la vez rechazan, con el mismo énfasis a su oponente. Pero también descubrió que existe en la provincia, como en todo el país, un porcentaje importante de más del 32 por ciento de ciudadanos muy enojados con la política y los políticos, y un tercer grupo, del 15,6 de electores, que según Rodríguez “mezclan sus actitudes positivas hacia candidatos de los dos grupos políticos”.

Y si hay en este trabajo un punto novedoso para tener en cuenta y trabajar hacia una campaña en busca de votos y de seducción del elector, es el de ese 15, casi 16 por ciento de las opiniones positivas mezcladas que, al fin de cuentas, arriesga el consultor, pueden ser los que terminen definiendo y en todo caso explicando un determinado resultado electoral.

Rodríguez, que ha trabajado tanto para el oficialista Cambia Mendoza como para el kirchnerismo en diferentes oportunidades, habla de “preferencias” cada vez que se le ha pedido alguna interpretación sobre el gusto y la decisión de las personas al momento del emitir el voto. Y en este libro, desde ya, no ha dejado pasar la oportunidad para explayarse en el concepto: desarrolla la teoría que el elector toma al candidato como un elemento más de consumo; lo lleva a comparar con cualquier otro elemento o producto que la persona adquiere para satisfacer una necesidad. Y en el caso particularísimo de una decisión electoral, el autor le ha restado trascendencia al valor íntimo que una persona, en general claro está, puede llegar a darle a su decisión. El voto, afirma Rodríguez, está limitado en su responsabilidad y en todo caso de cometerse un error de ninguna manera llegaría a atormentar al elector. No lo dice aquí este trabajo, pero se entiende que aquí opera una suerte de responsabilidad compartida entre muchos y varios muchos. El voto por un candidato, frente o partido termina siendo un “producto sin costo”, al que se lo desecha o se lo incorpora se explica aquí, sin asumirse riesgos de importancia.

No menos interesante es sumergirse en las motivaciones del voto, siempre tan complejo. Y aquí aparecen en juego las emociones tales como el miedo, el enojo y la esperanza, todos aspectos que una campaña debería despertar en el elector. Pero para aquellos que están definidos e interesados en el proceso electoral, estas emociones no tendrían demasiada importancia. Aunque sí para los llamados independientes, a los que se interesan en el mismo momento del proceso o cuando las campañas comienzan a llamarle la atención.

Aparece, además, una profunda discusión en torno a estas emociones, atadas al deseo y a la necesidad del elector. Y en este mar de caminos o direcciones a tomar, Rodríguez ha incorporado un elemento más que actual y oportuno: el de los supuestos halcones y palomas de Juntos por el Cambio. Aquí explica que los halcones (Bullrich y sus seguidores) parecen apuntarle más a la derrota del rival, encarnado hoy en el kirchnerismo oficialista al que se lo señala como el germen de todos los males que se padecen. El discurso duro parece ir a satisfacer el deseo, más que la necesidad de terminar con el verdadero y real problema del país como, por caso, la inflación. Las supuestas palomas (Rodríguez Larreta y sus seguidores), prefieren y priorizan el problema estructural, más que a quien pareciera ha sido el culpable con las políticas aplicadas. Rodríguez interpreta, en este punto, que el efecto buscado con esta estrategia es la necesidad, más que el deseo.

Y no le escapa a cierto aspecto polémico: cuando incorpora alguna de las ideas de Ernesto Laclau, el mentor del kirchnerismo, cuando logró desarrollar lo que sería la síntesis de las dos estrategias, uniendo en el mensaje o relato, si se permite el término, el deseo con la necesidad: “No es casual –escribe Rodríguez– que autores como Laclau entiendan que ‘definir un contrario a derrotar como responsable de los impedimentos a la realización de las necesidades y deseos’ simplifica la comprensión y valoriza el punto de acceso. ¿Qué influye más?, podría decirse a todo esto entre los votantes que prefieran a Juntos por el Cambio, si derrotar al oficialismo, derrotar la inflación o lograr un discurso de síntesis.

“Las decisiones deben juzgarse por el modo en que se toman y no solo por el resultado que dan. Cuando esto suceda ya será tarde”, empieza y termina diciendo Rodríguez en “Apuntes sobre investigación y planificación de campañas electorales”, primera edición, La Plata, Editorial Servicop.