Esta vez la cita volvió al campo, del lugar que nunca debió haber salido, sin interrupciones por más de veinte años. Pero la pandemia ahora, más alguna que otra de las crisis recurrentes, discontinuaron un encuentro que surgió pensado como la previa y presentación de la Fiesta Nacional de la Ganadería de las Zonas Áridas, pero que hoy se ha convertido en un evento con volumen y entidad propia. Tanto es así que cuando a los productores de terneros del secano se les pregunta de qué va esa cosa de la que tanto hablan con entusiasmo inusitado y llamativo largan a bocajarro: “Vení a un día de campo y te vas a dar cuenta”.

La Fiesta Nacional de la Ganadería de Zonas Áridas se realizará entre el 4 y 8 de mayo próximo y el Día de Campo, la antesala, se llevó adelante el sábado, en las tierras de la estancia Ituzaingó, de la familia Sáenz, ubicada en el medio de la nada, en un paraje conocido como Gaspar Campos, a unos 40 kilómetros al norte de Bowen y a casi unos 60 al noreste de la villa cabecera, General Alvear.

Rodeado de un monte autóctono de jarillas, algarrobo, caldén y coirones se levanta una casa y un galpón que son abastecidos con la energía que producen varios paneles solares montados sobre un galpón contiguo al casco de la estancia. A un costado un par de silos y un tanque australiano, más un pequeño corral. La casa, los silos, el tanque y demás conforman el centro neurálgico de un campo de 7 mil hectáreas que alberga a unos 800 animales, entre vacas y terneros. La imagen podría ser la de cualquier campo de los casi 4 mil productores que se ocupan en todo Mendoza de la cría de ganado vacuno, en especial de terneros que se venden en la Pampa Húmeda, en Córdoba y en San Luis. La mitad de ellos se distribuye casi toda en Alvear. El resto está en San Rafael, Malargüe y los departamentos del Este.

Pero los Sáenz, Alberto, el líder del clan, junto a su hijo Matías, han extendido el horizonte de exploración del sector y han convertido una parte del secano alvearense en una extensión de la Pampa Húmeda: una lengua de tierra del campo desmontada, de 200 hectáreas, regada con un par de pivot que distribuyen el agua extraída de pozos que funcionan con motores a gasoil. Allí siembran y cosechan sorgo y maíz que trituran y envasan en silobolsas, y es lo que termina convirtiéndose en el alimento que necesitan los terneros y que les permiten engordarlos hasta unos 220 kilos aproximadamente, un peso ideal que logran alcanzar allá por el mes de noviembre, en contra temporada, y que por eso venden a precios mucho más altos y convenientes que el que consiguen entre mayo y junio, los meses en los que se saca la producción normal y habitual de los terneros del sur mendocino, sin el plus que se consigue en esta estancia de Gaspar Campos.

Este fin de semana, los ganaderos de la específica de la Cámara de Comercio, Agricultura e Industria alvearense, han presentado la tremenda inversión de los Sáenz como una conquista para todo el sector. Y han demostrado que en donde no hay nada de nada, se puede ver otra cosa, con mucha imaginación, inventiva, creatividad y riesgo. Es más, en pocos días el campo dejará de usar el gasoil para los motores porque se encuentran en un proceso de migración hacia la energía solar que iniciaron casi cinco años atrás. Control Point, la firma mendocina de Félix Aldeco, ha hecho el proyecto y está a punto de entregarles el sistema llave en mano. El ahorro en combustible será del 45 a más del 50 por ciento, según ha comentado Alberto Sáenz. Y en los dos pivot, más los paneles que alimentan lo que se consume en el casco de la estancia, la inversión ha superado el medio millón de dólar. De las 200 hectáreas bajo riego con los 2 pivot, se pretende llegar a las 650 en total, casi el 10 por ciento de todo el campo, para lo que se tiene que escalar a 6 pivot, que es lo que se pensó en el proyecto original.

Los Sáenz, Ramiro Labay y Jorge Noguerol, los dos últimos miembros de la cámara, uno titular de la específica de Ganadería y el otro presidente, respectivamente, difunden por separado el mismo discurso cuando se le menciona esa tendencia a la regulación, al control y al celo que suele poner el Estado sobre quienes invierten: “Lo mejor que puede hacer la política, hoy como está, es no hacer nada. Porque generalmente cuando intervienen es para ponerte el pie sobre la cabeza”, coinciden. Las críticas a la macroeconomía, a la presión impositiva, a la inflación y demás yerbas están a la orden del día. Estos empresarios, en verdad, ven a la dirigencia en general no solo confundida, sino literalmente en otra. Evitan caer en el pesimismo, siguen adelante con lo que pueden y saben que hay cuando menos un par de años perdidos por delante, hasta que cambien los aires.

Y fue la presencia política, particularmente, la que brilló por su ausencia en la estancia de Gaspar Campos. Acudió el intendente Walter Marcolini, el senador nacional Alfredo Cornejo, el ministro Mario Isgró, el subsecretario de Agricultura, Sergio Moralejo y un directivo de Cuyo Aval, entidad que hizo mucho para que los Sáenz consiguieran las garantías necesarias para acceder al Fondo para la Transformación y Crecimiento de surgieron parte de los fondos que se han invertido.

Cuando Sáenz hizo público el reconocimiento al Fondo por el financiamiento e invitó a los empresarios, pymes o grandes, a hacerse de esa herramienta “pese al papeleo” que exigen, uno de los empresarios que lo escuchaba, miembro de una cámara mendocina, llegó a deslizar que varias veces la gente del fondo y del resto del gobierno han sido invitados a ver, in situ, lo que se hace con la plata que prestan y que no siempre asisten. Mucho menos para internarse en el medio de la nada, por huellas polvorientas, sin señal de teléfono y lejos de todo.